El músico en la revolución permanente

Treku, Iñigo y Fermín Muguruza,en una imagen de Kortatu en 1985./ LUSA
Treku, Iñigo y Fermín Muguruza,en una imagen de Kortatu en 1985. / LUSA

Con Iñigo Muguruza desaparece un nombre clave de la música vasca de las últimas décadas |

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Perteneciente a una estirpe de hermanos creadores polifacéticos, inclasificables y permanentemente inquietos en su evolución, Iñigo Muruguza fue quizás el que más a fondo se entregó a todas estas facetas. Quienes le trataron destacan su carácter afable y bromista, con esa alegría natural y sin impostura que ilumina a ciertas personas, y a la vez, su personalidad entusiasta y también discreta. En lo musical, pasó de la aceleración del rock radical vasco a los ritmos latinos y a las composiciones más sutiles e intimistas de los últimos años. El fallecimiento del músico irunés este jueves después de cuatro años de lucha con la esclerosis múltiple que le fue diagnosticada en 2015 provocó múltiples reacciones de condolencia más allá del ámbito artístico y musical, fuera del País Vasco.

Iñigo Muguruza (Irun, 1964) participó en múltiples proyectos musicales desde que con catorce años se incorporara al grupo Desband, que posteriormente pasaría a denominarse Beti Mugan. Sin embargo, su nombre permanecerá vinculado para siempre a Kortatu y Negu Gorriak, las dos bandas que compartió con su hermano Fermín y con las que firmó varios temas inmortales que trascienden las etiquetas, patrimonio ya de al menos un par de generaciones.

Aunque acordeonista de formación, al igual que Fermín y Jabier, Iñigo fue en Kortatu el encargado del bajo y quien conozca la música skatalítica que practicó este grupo se percatará de la importancia de la sección rítmica que, junto con el baterista Treku Armendariz, tuvo en el repertorio de esta formación. Tras el debut del grupo en un disco colectivo junto a Cicatriz, Jotakie y Kontuz-Hi!, Kortatu lanzó en 1985 su disco homónimo, llamado a convertirse en una grabación referencial del rock radical vasco y de la música vasca de aquel tiempo. Temas como 'Jimmy Jazz' -adaptación de sus idolatrados The Clash-, 'Nicaragua sandinista' o, en especial, 'Sarri, Sarri' han pasado ya a formar parte de la memoria colectiva de este país. Lo mismo que 'Mierda de ciudad', originalmente parte del citado álbum colectivo e incorporada a la reedición del disco 'Kortatu' de 1998.

Compartía con su hermano Fermín el carácter entusiasta, además de una misma estética: misma ropa, similares peinados. Esta euforia vital le distinguía de Jabier, de carácter y gustos más sosegados. Con Kortatu, Iñigo grabó otros dos discos de estudio -'El Estado De Las Cosas' (1986) y 'Kolpez Kolpe' (1988)- y un directo de despedida: 'Azken Guda Dantza' (1988). La trayectoria del grupo fue como los propios años ochenta: breve, intensa y acelerada.

Se podría hablar mucho de la importancia que la banda de los hermanos Muguruza y Armendariz tuvo en su momento, pero bastaría con recordar que su enorme influjo se proyecta hasta hoy. El propio Iñigo bromeaba sobre el contratiempo que suponía haber triunfado de forma desmesurada a los veinte años porque, decía, a partir de ahí sólo queda vivir el descenso. Aunque en el caso de la trayectoria de Fermín parece desafiar esa regla no escrita, la de Iñigo la confirmaría.

Aunque no de forma inmediata. Agotado el proyecto musical de Kortatu, Iñigo marcha a Nicaragua, en donde permanece unos meses como brigadista. De vuelta al País Vasco y tras pasar por Delirium Tremens, con quienes grabó, ya como segundo guitarra, 'Hiru Aeroplano' y un par de grabaciones más, Iñigo participa en la creación de un grupo que marcaría toda una época en la música popular vasca: Negu Gorriak.

Con el descubrimiento de la música negra que a finales de la década encarnan los Public Enemy, Iñigo y Fermín se embarcan, junto al guitarrista Kaki Arkarazo, en este nuevo proyecto. Con un repertorio ya íntegramente en euskera y unas letras pegadas a la realidad del sector social que se identifica como izquierda abertzale, este grupo permite a los Muguruza dar rienda suelta a su creatividad musical y explorar nuevos estilos ligados a las músicas urbanas: rap, soul y funk, que se mezclan con el punk, el rock y el hardcore de siempre.

Negu Gorriak marcó una época, no sólo con su música, sino con su forma de hacer las cosas: el grupo fundó el sello discográfico, Esan Ozenki Records, con el que editó sus trabajos primero y los de otras bandas después. Y si en los primeros años de los noventa Negu Gorriak es ya más que un secreto a voces fuera de Euskadi, la publicación en 1993 del doble 'Borreroak Baditu Milaka Aurpegi' le hace acreedor de las más elogiosas críticas en la prensa de fuera e incluso en la escena internacional.

A las tres giras internacionales, le siguió al año siguiente el lanzamiento del disco en directo 'Hipokrisiari Stop! Bilbo 93-X-30', grabado en Bilbao ante 9.000 espectadores. Los tours por Latinoamérica abrieron el repertorio del grupo a nuevos giros de tuerca en el terreno del mestizaje, que se verían plasmados en el disco 'Ideia Zabaldu' (1995), disco de los Negu que prefería Iñigo, y en el que incorporan a sus composiciones ritmos más cálidos y coloridos.

Cambio de época

Para 1996 Fermín empieza a emitir señales que apuntan a su deseo de abrir una nueva etapa en su trayectoria musical. Poco antes de que anuncie la disolución del grupo, Iñigo monta junto a su hermano Jabier y a Sergio Ordóñez un nuevo grupo, Joxe Ripiau, y lo que comenzó como un divertimento inspirado en un viaje a la República Dominicana acabó consolidándose como un proyecto musical que alumbraría cuatro discos entre 1996 y 2000. Entre medio, en 1997 participaría en la grabación del álbum 'Salam, Agur' con el que Negu Gorriak puso fin a su existencia como grupo. Posteriormente, la formación se reuniría en 2001 para ofrecer un par de conciertos en Baiona y Donostia, a modo de celebración colectiva tras resultar absuelto de una querella planteada por el general Enrique Rodríguez Galindo.

Mientras, Iñigo continúa su particular viaje a la semilla. En 2001 pone en marcha el grupo Sagarroi, con el que al año siguiente graba 'Akatsa Sisteman'. En 2005 sus inquietudes creativas se disparan en otra dirección y espoleado por la lectura de 'Me llamo Ezequiel y así será siempre', de Martxel Mariscal, pone en escena el montaje teatral 'Ezequiel'.

En marzo de 2010 Sagarroi da por cerrada su historia y Muguruza se arranca con el grupo acústico Lurra, con el que publica en 2014 'Akatsa sisteman'. A modo de ejemplo de su carácter afable, un veterano crítico musical recordaba ayer la cordialidad con la que Iñigo acogió una crítica no especialmente positiva de la actuación del grupo en Lugaritz e incluso admitía que el grupo no había tenido su mejor noche. Este capítulo musical concluye en 2017 con la puesta en marcha de Hiru Leike, junto a la vocalista Ane Odriozola. Dos años antes, el diagnóstico de esclerosis múltiple había abierto un ciclo vital de altibajos físicos y anímicos, entre tratamientos médicos. Con la desaparición de Iñigo Muguruza, la música vasca despide a uno de sus más insignes intérpretes y a una de las figuras insoslayabres de su historia reciente.