Trepidante montaña 'lusa'

Juan G. Andrés
JUAN G. ANDRÉS

Quizá fue porque hacía una noche de perros, porque a la misma hora tocaban Mujeres, Mucho y varios grupos más -¿en Donostia nunca pasa nada?- o porque Eurovisión es placer culpable para muchos. El caso es que Intxaurrondo no llenó el sábado ni un tercio de su aforo en una velada divertida y trepidante de principio a fin. Y eso incluyó a Baiona, bisoño trío local que abrió la velada con el primer concierto de su prometedora carrera.

Pero el protagonista era el portugués Paulo Furtado, alias The Legendary Tigerman, que actuó con el exuberante cuarteto que hace un año trajo a Andoain. Comenzaron con una tanda de blues-rock salvaje con tintes de pscychobilly dislocado y aires de road-movie de serie B. De riguroso blanco, Furtado empleó dos micros e infinidad de guitarras afinadas por el 'roadie', siempre alerta tras los amplificadores vintage. Deslumbró por su dominio de las seis cuerdas y por su química con una banda en la que destacó el profundo soplo del saxo barítono. Difícil elegir los 'highlights', pero citaremos dos: la acelerada 'Motorcyle Boy' y la sexy 'Holy Muse', en la que brillaron los diálogos saxo-guitarra y el swing de la sección rítmica.

Semejante montaña 'lusa' de subidas y bajadas alcanzó su zénit en la oscura 'Black Hole' y en 'The Saddest Thing To Say', cantada por el vozarrón pregrabado de Lisa Kelula, la 'tigresa' de The BellRays. La traca final fue más garajera con zambombazos como 'Fix Of Rock'n'Roll', la versión del 'These Boots Are Made For Walkin' -con cameo de María de Medeiros en pantalla-, 'Danze Craze' y los rugidos del 'Twenty First Century Rock'n'Roll', bis en el que hubo salto desde lo alto de la batería y se multiplicaron más aún las poses rockeras y el desparrame legendario. Por mucho que Países Bajos triunfara en Tel Aviv, el ganador eurovisivo en la capital guipuzcoana fue Portugal, que se llevó a casa los 'twelve points' de Intxaurrondo.