¿A qué suena Euskadi?

Sala que acoge la exposición sobre de la evolución de la música vasca desde 1968. /Museo Bellas Artes
Sala que acoge la exposición sobre de la evolución de la música vasca desde 1968. / Museo Bellas Artes

El Museo Bellas Artes de Bilbao expone hasta finales de abril 'Música en el País Vasco. 1968-2018'. La muestra recorre la producción y publicaciones de música realizadas por artistas vascos en los últimos 40 años.

Iker Marín
IKER MARÍN

Siempre es un placer visitar Bilbao. Más allá de discusiones infantiles y estériles relacionadas con el deporte rey, la capital vizcaína ofrece desde hace unos pocos años una imagen envidiable. En todos aquellos ámbitos hedonistas que nos imaginemos además. Buenos restaurantes, estupendos bares, renovados mercados, relajantes paseos y hasta verdes parques en los que poder concentrarse en, simplemente, ver pasar la vida. Por no hablar de su inquieta vida cultural que muchas veces queda eclipsada por el museo más visitado de Euskadi. Sí, ese Guggenheim que visitamos con frecuencia y que está repleto de piezas que la mayoría de los comunes ni entendemos ni disfrutamos. Esta es una circunstancia que uno no tiene ni vive cuando sale del magnífico espacio de Frank Gehry y entra en el Museo Bellas Artes. Algo más de 5 minutos caminando separan ambas pinacotecas. Más clásico, las obras del museo inaugurado en 1908 son sencillas de descifrar. Dos de las exposiciones que se pueden visitar a día de hoy así lo confirman. Por una parte 'ABC. El alfabeto del Museo de Bilbao' y por otro, 'Después del 68. Arte y prácticas artísticas en el País Vasco 1968-2018'. Esta muestra cuenta con otra anexa dedicada en exclusiva a la música producida en Euskal Herria durante esos 40 años: 'Musika Euskal Herrian. 1968-2018' que se puede visitar hasta el 28 de abril.

Comisariado por el músico, productor, periodista y artista sonoro Xabier Erkizia, en él se reúnen materiales originales –carátulas de discos, carteles, grabaciones sonoras, etcétera– «que ofrecen una visión histórica de las prácticas musicales y sonoras en el País Vasco durante este tiempo», explican. La exposición está estructurada por décadas y destaca desde la importancia social que tuvo el movimiento Ez Dok Amairu a finales de los años 60 hasta el resurgimiento del vinilo y la consagración del Bilbao BBK Live o el Azkena como festivales de referencia mundial estos últimos años. Protagonizan el resto de las décadas grupos que marcaron tendencia tanto en Euskadi como en el resto del Estado, incluso algunos que tuvieron, y tienen, éxito en multitud de países del mundo. Además se destaca el papel de movimientos como el Rock Radical Vasco, Donosti Sound, Triki-pop, Getxo Sound y Sonido del Bidasoa.

Tradición y vanguardia

'Musika Euskal Herrian. 1968-2018' comienza destacando discos y singles que comprenden los años 1968 y 1977. Lourdes Iriondo, Estitxu, Benito Letxundi, Michel Etxegaray o Pedro Iturralde protagonizan las primeras portadas. Por supuesto tiene cabida el movimiento Ez Dok Amairu, que se convierte en un baluarte indiscutible «en la expresión-voz» del cambio que estaba experimentando la sociedad y la cultura vasca. En esa coyuntura «artistas como Mikel Laboa y Joxan Artze construyeron nuevos lenguajes» que bebían por igual de la tradición y de la vanguardia más radical. Peio ta Pantxoa, Xalbador, Haizea y Urko también tienen cabida en el inicio de la muestra.

Tras el fin de la dictadura pero aún bajo la inestabilidad política, social y económica propia de la Transición, de 1978 a 1987 grandes bandas de rock comenzaron a visitar Euskadi, sobre todo, el Velódromo de Anoeta que se convirtió en parada habitual, junto Madrid y Barcelona, de las giras internacionales más deseadas de la época. A nivel local, Ez Dok Amairu quedó eclipsado por la ola punk que llegó desde Gran Bretaña. Hertzainak, RIP, Eskorbuto y Kortatu, entre otros, iniciaron «un proceso de multiplicación de los estilos, influencias, discursos y deseos musicales» que en muchos cosas perduran todavía hoy en día.

Durante los siguientes 10 años, la muestra deja claro que aires nuevos llegaron a Euskadi. M+ak, Aventuras de Kirlian, Tapia eta Leturia, SA, Su Ta Gar, BAP o Negu Gorriak visten los años comprendidos entre 1988 y 1997, nueve años en los que el vinilo desaparece casi hasta la extinción por la apuesta de la industria por el CD, hecho que se muestra claramente en la exposición.

Los dos últimos apartados, 1998-2007 y 2008-2018, muestran una industria activa, «se baten récords en cantidad de discos publicados», y proliferan los conciertos en toda la geografía vasca. Algunos de ellos multitudinarios como el BBK Live, Azkena o Hartotxu. La tecnología digital se hace presente y las movimientos que protagonizaron las décadas anteriores no tienen cabida. Eso no es obstáculo para que durante estos últimos años, Euskadi haya parido grupos de rock, indie, post-punk o electrónica que han recorrido el mundo con propuestas muy bien valoradas por la crítica especializada.