Rocío ganó con cante grande y bueno

Tras haber recibido el trofeo de la edición XVIII, Rocío Belén Cuesta se arranca por fandangos de Huelva acompañada por Escudero./ LUSA
Tras haber recibido el trofeo de la edición XVIII, Rocío Belén Cuesta se arranca por fandangos de Huelva acompañada por Escudero. / LUSA

Eugenio Tejero se clasificó segundo con su serena toná. Pablo Padilla fue tercero con su canto de Levante. Gregorio Moya, premio Moncho Jiménez

Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

Se escucharon cantes muy grandes en el Principal la tarde noche del sábado, durante la XVIII edición del Concurso de Cante Flamenco Ciudad de San Sebastián. Excepto Rocío Belén Cuesta, ganadora por decisión unánime del jurado, que optó por una seguiriya, los otros participantes buscaron el triunfo proponiendo al tribunal y al público que llenaba el patio de butacas variantes muy interesantes de la soleá, centro neurálgico del cante jondo.

El sevillano Pablo Moreno se decantó por una 'soleá apolá', es decir la que toma el cariz del palo flamenco llamado 'polo', uno de los más arcaicos, emparentado con la caña. La 'apolá' es 'soleá' alargada con hermosas bajadas y subidas. Pablo Padilla, que fue segundo en 2017 y semifinalista en el inconmensurable Cante de las Minas cartagenense, se lanzó por la soleá de Alcalá, mezclada quizás con la de Triana, más corta en sus tercios, ligándolos sin descanso en la respiración. Gregorio Moya, de Argamasilla de Alba en Ciudad Real, recibió el premio que lleva el nombre del inolvidable patriarca gitano de Errenteria Moncho Jiménez de manos de su nieta, Isabel. Goyo se decidió, como Pedro Bautista 'El Titi', por la soleá alfarera, la albaceteña de preciosas melisas.

Sucedió eso en los cantes grandes, imprescindibles para aspirar a los premios. En los pequeños, en los inmensos cantes 'chicos', los concursantes cantaron por bulerías, por tangos extremeños, por tarantos y cantes de Levante. Solo cuando ya había triunfado y le tocó cantar como campeona, Rocío Belén Cuesta, acompañada a la guitarra por el sin par David Escudero, decidió arrancarse por un fandango de su tierra, precisamente uno que reivindicaba el orgullo de ser de Huelva.

Por su parte, Eugenio Tejero, cantaor aragonés que abrió el concurso, se alzó con el segundo premio por el temple mostrado al afrontar la toná, ese palo que se canta sin el acompañamiento de la guitarra y deja al cantaor solo con sus nervios, desnuda la garganta. El peligro suele ser precipitar el cante, acelerarlo. Pero Eugenio supo parar cuando había que parar. Y templar.

Rocío, en palabras del jurado, conquistó el triunfo no por tener mucha voz sino por tenerla bien puesta y con mucho sentimiento. Rocío, que es del Betis y de Padilla, colecciona triunfos, incluido el premio Joven del Concurso Nacional de Cante Jondo Antonio Mairena.

Zapateado y txalaparta

La XVIII edición de este concurso que va ganando renombre por toda la geografía del cante se inició con un magnífico pantallazo, el video producido por Syntorama en el que los gitanos 'aho bizi' y 'belarri prest' de Sonakay entonan por bulería, al ritmo de 33, el 'Loretxo' de Benito Lertxundi, la leyenda de Orio que, precisamente, actúa hoy en el Kursaal con las entradas agotadas.

Mientras el jurado presidido por José Casado Cillero deliberaba, saltaron al escenario las gentes del grupo Berriketan comandados por Askoa Etxebarrieta Lasheras, la flamenca alavesa conocida por 'La Pulga'. Acompañada por dos txalapartaris, un cantaor, un guitarra y un percusionista provocó un terremoto de energía que arrancó con una soberbia rendición del 'Haize hegoa' de Mikel Laboa. Justo la noche en que se cumplían diez años desde que se nos marchó más allá del Antiguo.

Los txalapartaris de Berriketan son Adrian Larrañaga y Mikel Aveirro, de los pocos vascos que saben, también, dar palmas. El del cajón es José Gil. Cantaor, Ángel López de Toro, de Fuenlabrada. A la guitarra, Aitor Escobar.

La noche concluyó con el cante majestuoso, jondo, añejo pero muy bien situado en este siglo XXI de Antonio Reyes Montoya que por tener tiene hasta el galardón del Memorial Camarón de la Isla y el Manolo Caracol, conseguido por soleás y bulerías. Oirle cantar 'Cada vez que cruzo el río y miro los hierros de tu ventana...' acompañado por un excelente cuadro flamenco fue el fin de fiesta que el concurso se merecía.