La plaza de los mil ritmos

Cristina Martinez y Jon Spencer son Boss Hog. / UNANUE
Cristina Martinez y Jon Spencer son Boss Hog. / UNANUE

El rock mastodóntico de The Kill Devil Hills brilló en un Andoaingo Rock Jaialdia ecléctico, femenino y centrado en las emociones fuertes

Juan G. Andrés
JUAN G. ANDRÉS SAN SEBASTIÁN.

Parece que fue ayer cuando empezamos a peregrinar una vez al año a Andoain para inaugurar el verano festivalero. Pero no. Hace ya once ediciones que un sábado de junio, puntualmente y sin excepción, la plaza Nafarroa acoge el Andoaingo Rock Jaialdia, una cita que, además de ser gratuita, está grabada a fuego en la agenda de los gurmés musicales más exigentes.

Anteayer hubo suerte y no cayó ni una sola gota en la plaza de los mil ritmos. Incluso lucía el sol y el termómetro registraba una temperatura agradable cuando Birkit, rockera «vitoriana de Bilbao», apareció sola ante el peligro con su guitarra eléctrica para presentar su debut, 'Emen'. No había aún mucho público pero los presentes supieron apreciar su vena intimista y enérgica con letras sobre las mujeres refugiadas, la violencia de género, textos de Sarri y una versión bilingüe (inglés y euskera) del 'Love Song' de The Cure.

En una de las ediciones más femeninas del festival -¡bien por la organización!-, Tulsa ofreció la propuesta más pop de la tarde. Escoltada por una banda con sonido redondo, la bidasoarra Miren Iza vistió sus canciones con teclados y sintetizadores, lo cual no le impidió alternar momentos bailables con estallidos rockeros en una vertiente más rica y atractiva que el folk de sus inicios.

En formato acústico y armados con banjo, guitarra, mandolina, violín y contrabajo, The Coal Porters aportaron ligereza a un cartel ecléctico pero muy centrado en las emociones fuertes. Los estadounidenses afincados en Londres se repartían los micrófonos para cantar y dar cierta pátina punk campestre a su vigoroso y refrescante bluegrass: no sólo hubo temas originales y alguna 'cover' de The Long Ryders, el grupo que Sid Griffin lideró en los 80, sino también versiones en clave sureña de 'Heroes' (David Bowie), 'Sexuality' (Billy Bragg) o 'You Never Can Tell' (Chuck Berry).

Otra mujer, Cristina Martinez, tomó el escenario al frente de Boss Hog, combo neoyorquino en el que su célebre marido Jon Spencer se limita a cumplir el papel de consorte. Su blues agresivo de ritmos sincopados y reminiscencias funk gustó a buena parte de los espectadores pero hubo quien no conectó con ellos ni cuando se empeñaron en hacer un bis en el que Spencer cambió la guitarra por la batería y Hollis Queens dejó las baquetas para cantar junto a la 'frontwoman'.

Al filo de la medianoche, The Kill Devil Hills dieron la campanada con su rock mastodóntico, intenso y atmosférico a lo Nick Cave; tanto que se merendaron con patatas y filetes de canguro a Boss Hog. Los australianos Brendon Humphries, jefe de garganta espléndida, y Alex Archer, violinista con aspecto de cazador de cocodrilos, brillaron en un conciertazo aderezado con blues pantanoso, folk, post-rock y mil y un matices: incluso en los momentos más crudos de tormenta eléctrica hubo espacio para un coro en falsete, un arañazo en el plato de la batería o cualquier otro detalle. Soberbio.

Tras semejante recital, no parecía fácil poner la guinda al 'festi', y aunque The Legendary Tiger Man no alcanzó la excelencia absoluta, su líder dejó el pabellón bien alto con un festivo show de blues electrificado de varios ingredientes: gimnasia, duelos de guitarra contra saxo barítono, algo de efectismo y actitud a raudales, sobre todo en un pirotécnico final en el que faltó poco para que los portugueses fundieran los fusibles de todo Buruntzaldea.

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