Los músicos jóvenes toman el relevo en la OSE

Laura Balboa, Paloma Torrado, Cástor Narvarte y Tomás Ruti posan en Miramon./MORQUECHO
Laura Balboa, Paloma Torrado, Cástor Narvarte y Tomás Ruti posan en Miramon. / MORQUECHO

La sinfónica vasca vive una tranquila transición: se jubilan algunos de sus clásicos y llegan nuevos talentos | Reunimos a dos músicos recién retirados con dos 'fichajes' de 27 y 28 años | Los cuatro intérpretes repasan sus historias y dialogan sobre el relevo de la Orquesta de Euskadi

Mitxel Ezquiaga
MITXEL EZQUIAGASAN SEBASTIÁN.

Esta joven de 28 años que llega a la cita en camiseta, con un patinete tipo 'sancheski' bajo el brazo, se transformará en solo unas horas, sobre el escenario del Kursaal, en una elegante y enérgica solista de contrabajo. Paloma Torrado es canaria, se formó en Suiza y el año pasado tuvo que competir con más de 150 intérpretes que llegaban de todo el mundo para optar a esta plaza de la Orquesta de Euskadi. Ganó y ahora se confiesa feliz en una sinfónica que vive un relevo discreto y tranquilo. «El nivel artístico es muy bueno y el ambiente es estupendo. No se puede pedir más», explica.

La OSE, creada en 1982, camina hacia su 40 aniversario y empiezan a coincidir las jubilaciones de algunos de sus músicos fundadores. En el último programa de abono, celebrado antes de la Semana Semana, se despidió al violinista Joaquín Melara, que fue homenajeado en el escenario. Solo unas semanas antes había vivido la misma experiencia el viola Cástor Narvarte, y en enero fue el fagot Tomás Ruti quien dijo adiós. De forma paralela van entrando jóvenes intérpretes, y ahora mismo están abiertos varios concursos para la selección de músicos.

Tertulia de intérpretes

Para conversar sobre ese relevo generacional reunimos en la sede de la OSE en Miramon a cuatro artistas: dos 'salientes', Tomás Ruti y Cástor Narvarte, y dos 'entrantes', la canaria Paloma Torrado y la violinista gallega Laura Balboa. Los cuatro coinciden en que la mezcla de veteranía y juventud «es idónea» para una sinfónica como la vasca, y también resaltan, cada uno desde su perspectiva, que el nivel artístico de la OSE, ahora en manos del director titular Robert Treviño, «es dulce». Aunque también reconocen el desgaste que produce una orquesta itinerante como ésta, que recorre miles de kilómetros cada temporada en sus conciertos de abono en las cuatro capitales.

«Yo he sido feliz en la orquesta», proclama Tomás Ruti, fagot retirado el pasado enero a los 65 años. «Hubo momentos malos, como directores que nos hicieron la vida imposible o los conflictos laborales, pero quienes estamos aquí desde el principio hemos tenido la suerte de ver nacer, crecer y asentarse una orquesta». Ruti, madrileño de familia guipuzcoana, recuerda bien el primer día, 5 de abril de 1982, en que echaron a andar con la Sinfónica, primero en el Palacio de Miramar, luego en el teatro Bellas Artes como sede provisional y finalmente ya en Miramon.

Ruti rememora el empuje de Enrique Jordá, el primer director artístico, y de Imanol Olaizola, fallecido el año pasado e impulsor desde el Gobierno Vasco del nacimiento de la OSE, «llamada en un principio Orquesta Sinfónica de Euskal Herria». Tomás Ruti almacena «estupendos recuerdos artísticos», como los conciertos dirigidos por Miguel Ángel Gómez Martínez o Pérez Sierra y la gira por Alemania y Austria en la que ofrecieron 17 conciertos en 22 días.

Elegir el contrabajo

Un año más tarde, en 1983, llegó a la orquesta con su viola Cástor Narvarte, jubilado hace solo unas semanas. Nacido en Chile, pero de familia con orígenes vascos, cumplió un sueño. «Cuando tenía 13 años me preguntaron cuál era mi ideal de futuro y respondí que me veía en una orquesta de cámara en San Sebastián. Al final la realidad fue aún mejor». Narvarte ya trabajaba como músico en su país cuando salió el concurso para entrar en la sinfónica vasca. Se presentó y sacó la plaza.

«Han sido años muy intensos, desde un concierto en el Liceo en los principios, dirigido por Enrique Jordá, hasta nuestras últimas actuaciones en Versalles, deliciosas y emotivas para mí porque era consciente de que me estaba despidiendo», cuenta Narvarte.

Laura Balboa (Violín)

Su historia
«Nací en A Coruña y tengo 27 años. Me formé en Viena y Gran Bretaña y el año pasado obtuve plaza de violín en la OSE».
Impresiones
«Disfrutamos mucho en un ambiente muy cálido».

Paloma Torrado (Contrabajo solista)

Su historia
«Soy canaria, tengo 28 años, estudiaba en Suiza y me presenté a la OSE. Gané la plaza el año pasado».
Impresiones
«Hay una atmósfera de trabajo estupenda, con respeto entre generaciones».

Cástor Narvarte (Viola)

Su historia
«Nací en Chile de familia con raíces vascas y siempre quise trabajar aquí. Saqué plaza en 1983 y me he jubilado en abril».
Recuerdos
«Los últimos conciertos, maravillosos, en Versalles».

Tomás Ruti (Fagot)

Su historia
«Empecé el primer día de la OSE, el 5 de abril de 1982. Me jubilé el pasado enero».
Recuerdos
«Hicimos una gira por Alemania y Austria de 17 conciertos en 22 días. Fue una experiencia maravillosa».

Las dos jóvenes 'nuevas' escuchan atentas el relato de los dos veteranos. Sus historias son más cortas pero no menos intensas. Paloma Torrado, por ejemplo, termina en Donostia un viaje que empezó en Gran Canaria y pasó por Suiza. Tiene 28 años, acaba de cumplir su primer año en la OSE y es contrabajo solista: el instrumento que toca es físicamente mayor que ella. «Cuando tenía 10 años y me llevaron a clases de música el resto de los instrumentos ya estaba cogido. Solo quedaban la tuba y el contrabajo... y elegí el contrabajo. No me arrepiento. Hay que romper el tópico que asocia a la mujer con el violín, el arpa o la flauta».

Ella es solista de los contrabajos de la OSE desde abril del año pasado después de ganar la plaza en dura pugna con 160 intérpretes llegados de todo el mundo. «Hay muchas orquestas pero pocas ofrecen plazas fijas en buenas condiciones y con el nivel de la Sinfónica vasca», dice.

Y lo ratifica la violinista de A Coruña Laura Balboa, de 27 años y parte de la OSE desde principios del año pasado. «Me formé en Galicia, hice un máster en Viena, luego en el Reino Unido y me presenté a la plaza con mucha ilusión por entrar en la orquesta y vivir en San Sebastián, que no está tan lejos de Galicia y recuerda mi tierra por muchas cosas», apunta con una sonrisa.

Un acicate mutuo

Tanto los veteranos como los jóvenes insisten en que el ambiente de trabajo en la Sinfónica es bueno. «Yo pienso que el lenguaje de la música nos une por encima de las diferencias de edad o de las distintas nacionalidades», afirma Laura Balboa. Todos piensan que esa 'tensión' entre nuevos y viejos supone un acicate mutuo. «Las nuevas generaciones llegan con un nivel técnico extraordinario», señala rotundamente Tomás Ruti. «Y nosotras siempre aprendemos de gente que lleváis tantos años en activo», responden Paloma y Laura.

Ruti se ha jubilado de la orquesta pero sigue vinculado a la música. Narvarte bromea: «Recién jubilado, de momento no echo de menos coger la viola». Los dos son hoy abonados a la orquesta y asisten a los conciertos, ahora desde las butacas. «Desde ahí se ve que el nivel es bueno», dice Tomás Ruti. «Sí, aunque yo mantengo mi espíritu crítico y detecto todo», bromea Narvarte.

En los próximos años continuarán las jubilaciones y los fichajes porque a la quinta de musicos que inauguró la OSE le va llegando a la hora de dejarlo. Quizás llegue el día en que no sea tan extraño ver llegar a los músicos en patinete, como hace Paloma Torrado. La música transporta almas pero también viaja sobre ruedas.

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