Manolo García
El músico barcelonés llega mañana a Donostia para presentar su nuevo disco en una gira en solitario previa al reencuentro de El último de la fila
Manolo García (Barcelona, 1955) siempre está creando. En su triple faceta de músico, pintor y escritor, ha desarrollado una filosofía de vida tranquila y calmada, ... busca activamente los momentos de sosiego y sabe que las cosas buenas necesitan bastante tiempo de cocción. En su 'Gira de teatros', llega al Kursaal mañana miércoles para presentar 'Drapaires poligoneros', un disco con 16 nuevas canciones. El año que viene, una gira muy distinta: la esperada reunión de El último de la fila, con su compañero Quimi Portet, que tuvo que trasladarse del estadio de Anoeta al BEC por las obras de ampliación.
– Los 'drapaires' del título de este disco hablan de una figura callejera del pasado.
– Hace cincuenta o sesenta años había personas, en mi barrio por lo menos, en Barcelona, que se paseaban, «¡Drapaire! ¡Drapaire!», era el trapero, iba con un pito y la gente le sacaba cosas, recogían cachivaches. Hoy ya no existe, pero un poco es lo que estamos haciendo todos: fabricar chorradas y recoger chorradas, porquerías. Y el mundo se ha convertido en un gran polígono que no me gusta. Todos vendemos cosas y yo siempre me pregunto: ¿Hacen falta tantas cosas? ¿Hace falta que vendamos tanto, mover tanto dinero?
– La portada también parece un acercamiento a lo físico, a los materiales, al trabajo manual.
– En los siglos en que el ser humano ha hecho esos trabajos –madera, cuero, esparto, materiales que están a nuestro alcance–, ha encontrado sosiego, una forma de caminar por la vida. De caminar hacia la nada a la que vamos todos de una manera razonable, amable y útil hacia los demás. Ahora se nos ha desprovisto de eso, todo lo hacen otros, todo lo hacen las máquinas, la inteligencia artificial. Pero el trabajo manual te calma, cuando pinto siento placidez. A la vida le veo sentido cuando estoy pintando.
– Usted ha sabido llevar una vida en la que tiene mucho tiempo para crear: compone mucho, pinta mucho y ha escrito libros.
– Si siempre estás en la misma línea de trabajo, al final te vas agotando, te vas aburriendo a ti mismo y acabarás aburriendo a los demás.
– ¿Qué diferencias tienen estas disciplinas, cómo elige a qué dedicarse en cada momento?
– Todas tienen un resultado en común: que consigo abstraerme del paso del tiempo. No tengo calendario, me da igual qué día de la semana es... Es una vida de nomadismo mental que elegí. Claro, juego con ventaja porque tengo la espalda cubierta: mi otro oficio me da para comer.
– ¿Le entusiasma que la gira de reunión de El último de la fila vaya a emocionar a miles de personas?
– Hombre, pero no les va a ilusionar por Quimi o por mí. Se van a ilusionar por las canciones. Yo soy el tío Manolo, es como si fuera su primo. Quimi y yo somos... pues unos señores que llevan tiempo con las guitarras en ristre, tocando y haciendo canciones, nada más. Cuando la gente se vea cantando junto a tres mil, ocho mil o veinte mil o los que haya, cuando canten todos juntos, entonces van a pensar que todo tiene sentido.
– Eso debe ser muy impresionante.
– Sí, pero son ellos los protagonistas. Son protagonistas de su nostalgia, de sus recuerdos. Son los auténticos héroes de su película. Eso es lo que a mí me satisface. Lo importante es la obra, no el autor. Por eso en las portadas no pongo mi foto, lo que importa son las canciones.
– Usted es muy celoso de su vida privada, de la que apenas se conoce nada y eso está muy bien. Pero hoy día parece imposible para un joven músico no exponer cada pequeño detalle de su intimidad si quiere triunfar.
– Estar atado a esa esclavitud de los 'likes', que luego te enteras de que además se compran... Esa forma de difundir la música no es disfrutarla, es apedrearla. Los que han inventado toda esta parafernalia de los móviles y las redes han dado en la tecla exacta: el ego humano potenciado. Esto de los 'me gustas' y 'no me gustas'... sinceramente me importa un bledo. Vale, si no le gusta a equis cantidad de personas, si yo hago cosas y no le interesan a nadie, pues me voy a mi casa. Seguiré tocando para mí y para mi vecina, que a ella sí le gusta. Y luego, pues a trabajar en otra cosa. A mí toda esta modalidad nueva no me interesa nada. Ni la fomento, ni la uso, ni la quiero.
– ¿Siempre pensó así o es algo que ha ido aprendiendo?
– Hombre, una cierta popularidad la necesitas para tirar adelante una carrera musical, claro. Pero, a partir de ahí, tampoco tienes que subirte a la parra. Yo quiero llevar una vida en la que pueda caminar por la calle. Soy hijo de un barrio, nací en un barrio y no voy por encima de los demás en una nave espacial. Siempre digo que como todos: caspa, caries, halitosis, alopecia... Todos así. Cuando era jovencito amábamos las revistas de rock. Y recuerdo leer que el cantante de los Scorpions, o algún otro así, había hecho un nuevo disco porque quería comprarse otra mansión. Hostia, qué triste, ¿no? Yo hago un disco por una cuestión anímica. Necesito hacer canciones porque así mi vida recobra un sentido.
– Estamos haciendo esta entrevista en una librería. ¿Se siente cómodo aquí?
– Ha sido idea del equipo, yo no he intervenido, pero han acertado, porque soy asiduo visitante de librerías, soy un lector compulsivo, siempre estoy leyendo.
– ¿Qué está leyendo ahora?
– Pues estoy releyendo el ladrillo de Bolaño, '2666', que me impactó la primera vez que lo leí. Es literatura moderna, que no hay tanta que te impacte así. También estoy volviendo a leer lo que he leído en mi juventud y me gustaba muchísimo. Baroja, por ejemplo, un escritor que siempre me ha encantado.
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