«En el mundo clásico muchos me odian. Me han llamado peligroso»
El músico presenta mañana en el Kursaal su último trabajo, 'Manía', un repaso a su vida a través de piezas de compositores universales
Pianista, escritor, con un programa de entrevistas en la radio, activista en la defensa de los derechos de la infancia –de pequeño sufrió abusos sexuales ... por parte de un profesor– y firme partidario de visualizar la enfermedad mental, James Rhodes, nacionalizado español hace cinco años, presenta mañana en el Kursaal 'Manía', su último disco, con obras de compositores clásico.
– Defina 'Manía'.
– El mundo de la música clásica es bastante conservador. Si lo comparamos con la comida es como si un concierto tradicional tuviera entrante, plato principal y postre. Tres piezas de veinte minutos cada una y 'chispum'. Yo prefiero hacer pintxos: siete o ocho piezas un poco más cortas, cada una con su propio contexto. Antes de cada una, explico al público ese contexto. Es una mezcla de narración, historia y música.
– ¿Qué es lo que cuenta?
– Es un recorrido desde mi infierno en Inglaterra hacia la esperanza y el paraíso que encontré en España, con una banda sonora más clásica imposible. Desde Brahms a Rachmaninov, Chopin… piezas inmortales. En los conciertos de esta gira nunca cambio la música, pero sí la presentación. Creo que consigo una experiencia muy transversal, íntima y muy distinta de la típica de la música clásica.
– ¿Definir a España como un paraíso no es algo muy osado?
– Hay que ponerse en mi situación. Hay que imaginarse una vida en Londres, con el clima, con la 'comida' –ponlo entre comillas porque eso no es comida–, una ciudad muy cara y hostil… Llego aquí y por primera vez en mi vida puedo vivir en lugar de existir. ¿Hay problemas? Sí. Me he involucrado con los políticos para intentar conseguir una Ley de Protección Infantil, algo más humano imposible. La respuesta me pasó una factura brutal. La cantidad de gente que me ha dicho «vete a tu puto país» o «perro de Sánchez». Y eso que era para ayudar a los niños. Hay una pieza que voy a tocar de Rachmanninov que va a representar a esa España profunda, con muchas notas y ruido que son la rabia y la desesperación. Aún así, España ha supuesto un antes y un después en mi vida, al nivel de cuando nació mi hija y de cuando conocí a mi mujer actual. Me siento muy afortunado.
Un español 'guiri' preocupado por el panorama político
James Rhodes llegó a España en 2017 con dos maletas y dos palabras de castellano. Tres años después recibió la nacionalidad española en diciembre de 2020. Todavía conserva algunos modos de 'guiri, pero se siente muy español y ve con preocupación el panorama político que califica de tristísimo. «Da igual del partido que estemos hablando. Veo cómo se comportan en el Congreso… Gritando, burlándose, hablando por hablar… parece más un patio que un parlamento. Pero no pasa solo en España, es un fenómeno mundial. La situación es complicada y me vergüenza ajena. Puede parecer ingenuo, pero pienso que la música puede ayudar… El problema es que no les interesa nada la educación musical».
– ¿Por eso comienza 'Manía' con la 'Suite española' de Albéniz?
– Tal cual. Soy español, soy bético, vivo en Madrid… Cómo no iba a grabar una composición española.
– Interpreta a Brahms para hablar de su «infierno en Inglaterra». ¡Pobre Brahms!
– Sí, pobre, pero porque fue muy desgraciado. Estuvo enamorado toda su vida de la mujer de Schumann. De eso también hablo en el concierto. Los compositores clásicos tenían unas manías brutales… No tiraban televisores por la ventana de los hoteles, sino que eran ellos los que saltaban.
Me fui de Londres, una ciudad cara y hostil, y aquí por primera vez en mi vida puedo vivir en lugar de existir»
– ¿Por eso el título?
– Quién no tiene sus manías. Vivimos en un mundo tan complicado, con tanto ruido… que pasa factura, bien sea un nivel ligero de ansiedad o algo más grave. Para mí, lo importante es dar un poco de luz a esos problemas y normalizarlos. Cuando Iniesta habló de su depresión en una entrevista, en cuarenta minutos hizo más que veinte años de políticas de la sanidad pública. Todos tenemos que hablar un poco más del tema. Si tenemos la suerte de tener un instrumento como el piano, con un repertorio como Chopin o Brahms como banda sonora de la vida, mejor que mejor. Cuando yo estoy en el escenario, hablo de esas cosas y luego se apagan las luces y toco una piezas, se convierte en una experiencia maravillosa. Aparece esa palabra fantástica, que no existe en inglés, que es 'el duende'. No quiero sonar como 'perroflauta', pero es muy bonito. Todos necesitamos un espacio en el que durante 70 o 80 minutos podamos desconectar por completo. En mis conciertos no hace falta saber de música clásica y puedes aplaudir cuando quieras.
– ¿Es muy importante para usted esa relación directa con el público? ¿No le quita concentración a la hora de interpretar?
– Es más difícil, pero para mí es esencial. Desde mi infancia estoy yendo a conciertos clásicos y siempre he sentido que faltaba algo. Ojalá Sokolov o a Alicia de Larrocha se hubieran tomado unos segundos para hablarnos de por qué han elegido una pieza determinada y lo que significaba para ellos, hubiera estado tan agradecido. Si no, el pianista llega al escenario, lanza una mirada un poco chunga al público, toca y se va… Yo, para eso, prefiero quedarme en casa y escuchar Spotify.
– Parece más un músico de rock, pop o cualquier otro estilo que un intérprete de música clásica. ¿Le han criticado?
– Sí, muchos me odian. Dentro del mundo de la música clásica me han llamado peligroso. ¿Yo, peligroso? ¿Qué piensan, que soy una especie de droga?. Todo esos que hablan de que quieren abrir las puertas a todo el público es una mentira. Quieren perpetuar a los pijos con un montón de dinero… y luego se quejan porque no venden entradas. Menos mal que lo que nunca cambia es la música. Por ejemplo, una pieza que voy a tocar es la 'Polonesa-Fantasía' de Chopin, que para mí es su autobiografía y junto a su 'Balada n.º 4' son sus mejores obras maestras. Todo el mundo tendría que tener oportunidad de escucharla en directo.
«El Kursaal y el Victoria Eugenia son magníficos. La acústica cambia. Para mí es un poco más limpia en el Kursaal»
– En el programa se echa de menos a Mozart y Beethoven.
– ¡Hay tantas elecciones! Podría vivir veinte vidas, tocando doce horas al días y solo interpretaría el 3% del repertorio de piano. Siempre voy a tocar a Mozart y Beethoven, pero también al resto. Es como si solo escuchara a Sabina y Serrat. ¿Qué pasa con el resto?
– El concierto de mañana es en el Kursaal, donde ya ha actuado antes. También lo ha hecho en el Victoria Eugenia. ¿Qué diferencias hay?
–- Son muy distintos y son magníficos y tocaría en los dos todas las semanas. La acústica cambia. Para mí es un poco más limpia en el Kursaal.
– ¿Qué le diría al público que todavía está dubitativo y no se decide a comprar una entrada para su concierto?
– Que vivimos en un mundo con tanto ruido, con tantas cosas que nos roban la atención, y que pasar setenta minutos sin pantallas, sin políticos, sin redes sociales, sin realities, escuchando música compuesta hace dos siglos y que sigue viva en nuestra almas es una experiencia muy bonita.
– ¿No se anima a tocar cosas compuestas por usted?
– Noooo. No tengo los huevos suficientes. En el futuro puede ser, pero por ahora no. Si pensara que en algún momento pudiera llegar a los pies de Chopin, sin duda lo haría. Intentarlo me parecería de un nivel de arrogancia… Soy más feliz tocando.
«La vida de un concertista de piano centrado solo en su música me parece un poco triste»
– Ha escrito sus vivencias sobre los abusos sexuales que sufrió de niño y sus problemas de salud mental, y ha desplegado un gran activismo en visualizarlos. ¿Ese perfil tan público le ha traído problemas?
– La vida de un concertista de piano centrado solo en la música, me parece un poco triste. He tenido la suerte de escribir, sacar fotos, tener el programa de radio, pero sobre todo hacer lo que más me apasiona, tocar el piano. Cuando llegué hace ocho años veía cada semana noticias sobre los abusos sexuales y me pareció que estaba como normalizado. Pronto tuve un pequeño altavoz para pedir cambios y sentía la necesidad de utilizarlo, si no hubiera sido un monstruo. La factura que me ha pasado es que casi me ha matado Afortunadamente cambiamos la ley y ahora puedo dedicarme a las cosas que me dan chispa.
¿Tienes una suscripción? Inicia sesión