Fito pisa cumbre en el Royal Albert Hall

Fito pisa cumbre en el Royal Albert Hall

Un concierto para fans llegados de mil lugares cierra la gira de cumpleaños del músico vasco

ÍÑIGO GURRUCHAGACORRESPONSAL. LONDRES

Los cinco mil asientos del Royal Albert Hall no estaban ocupados al completo, pero había una buena entrada, la gente había llegado de mil lugares y había paseado por los pasillos con moqueta y había admirado los tubos del gran órgano que es el telón de fondo del escenario.

Pero se dejó de bromas y curiosidades y se puso en pie cuando Fito Cabrales salió solo con su guitarra y comenzó a tocar 'Siempre estoy soñando'. El recorrido de Fito llegaba a un destino quizás ni siquiera soñado, el lugar en el que han tocado los más grandes de la música y que se convirtió anoche en la estación terminal de la gira 'Veinte años, veinte ciudades', que ha conmemorado dos décadas de Fito y los Fitipaldis.

Casi dos horas después, el público gritaba «Fitoooo, Fitoooo...» y se había regodeado tarareando y bailando su larga lista de grandes éxitos.

«¡Que dice que es de Segovia! ¡Aquí está toda España… hasta uno de Bilbao!», dijo al poco de comenzar, entre canción y canción, y era verdad. Había muchos residentes españoles en Londres y quienes habían viajado desde la Península, o desde Latinoamérica, para sumarse al fin de fiesta de una banda de buenos músicos y un líder lírico.

Con puntualidad inglesa, el telonero Muchachito había soltado antes un «good evening» digno de máster, y tocó y cantó 'Será mejor'. Y ya luego, entre rockabilly y Manolo el del Bombo, se explayó ante la audiencia sentada en butacas rojas. «My English is very bad», confesó en un pasaje. Resumió su gozo porque le dejaran montar tal ruido en aquel sitio con un «thank you, family».

Fue un domingo cálido y soleado y gente de todas las edades, con frecuencia vistiendo camisetas negras, o del Athletic, se iba acercando al Royal Albert Hall mientras la caída del sol proyectaba aún más brillo en la estatua dorada del príncipe Alberto, marido de la reina Victoria, que está en el borde de Hyde Park, frente a la puerta de la célebre sala de conciertos.

Nostalgia y alegría

El presentador de televisión Iñaki López fue uno de los primeros en llegar a las puertas del elegante edificio en estilo italianizante, rojo y crema, que está en obras. También tres amigas cincuentonas de Oñate, que no pudieron comprar una buena entrada para el concierto en el BEC y, gracias a esa frustración, las compraron para verlo en Londres y pasar unos días de turismo.

Más extraordinaria era la historia de Miguel García, un colombiano de 25 años, estudiante de diseño industrial, que decía que no acudió a los conciertos de Fito en Latinoamérica por «maricadas» y que había pagado 350 euros por un visado, un billete de ida y vuelta y una estancia de una semana en Londres y en París; y la entrada, que era lo principal, por calderilla.

Era un crío de diez años, viviendo en Quito con sus padres, cuando escuchó por primera vez a Fito tocar 'Por la boca vive el pez' en un programa de vídeos musicales. Cuando regresó a Bogotá, escuchó a más grupos españoles, como Rulo, vio más vídeos y Fito y los Fitipaldis son sus preferidos. «Sus letras me dan inspiración y fuerza, poder personal. Esos juegos de palabras son increíbles».

Tania Fonseca, de 36 años, de Pamplona, operaria en una fábrica, se asombraba del trayecto de su nuevo amigo. Lo suyo era más sencillo. Creció acudiendo a conciertos y, aunque no vio nunca a 'Platero y tú', era una de sus bandas preferidas. El afecto se traspasó a Fito y los Fitipaldis, que le inspiran a veces nostalgia, otras alegría y felicidad. «Una gran noche para nosotros», resumió Fito.

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