«Los artistas extranjeros creen que sus ciudades deberían aprender de Hondarribia»

Cerca de 100.000 personas han disfrutado del Hondarribia Blues Festival, que ha vuelto a superar las expectativas de la organización

Funeral al estilo de Nueva Orleans celebrado en Hondarribia./Fernando de la Hera
Funeral al estilo de Nueva Orleans celebrado en Hondarribia. / Fernando de la Hera
JUAN G.ANDRÉSHondarribia

Aún faltaban por celebrarse el 'funeral' al estilo de Nueva Orleans, los conciertos de Ragtime Rumours y Raimundo Amador, y la jam session de clausura, pero Carlos Malles atendió a este periódico a primera hora de la tarde de ayer para hacer un balance preliminar. El director del Hondarribia BluesFestival reconoce que «suena a tópico» pero la decimotercera edición ha superado «las propias expectativas» de la organización.

«Estaba la incógnita de las tormentas del viernes, llovió mucho pero no tuvimos que suspender ningún concierto», se congratula. Si le pidieran destacar algo de este año, Malles se quedaría con «la increíble manera en la que la ciudad se vuelca con el festival»: desde el público, tremendamente participativo, hasta los escaparates del municipio, engalanados para la ocasión. Por supuesto, es algo que sucede desde hace años, pero ahora, más que nunca, «Hondarribia se siente orgullosa» de un festival sin el que ya no podría entenderse el municipio.

Casi todos los artistas extranjeros han mostrado en público y en privado su agradecimiento a un festival único por la calidad de su organización, por su integración en el municipio y por su público. «Más de uno nos ha dicho que ya podían sus ciudades aprender y tomar ejemplo de Hondarribia a la hora de montar un festival», apunta Malles parafraseando a los italianos Bayou Moonshiners y al noruego JT Lauritsen.

Los músicos españoles también han terminado encantados, tal y como se desprende de los comentarios publicados en sus perfiles de Facebook. «Dicen que aquí es donde mejor se les trata porque hay otros festivales que incurren en agravios comparativos con respecto a los artistas internacionales pero en Hondarribia se sienten cuidados con la misma dignidad que un intérprete de Chicago», ejemplifica.

«Es increíble cómo se vuelca Hondarribia con un festival del que la ciudad se siente orgullosa»

La cercanía es otro de los puntos fuertes de una cita en la que apenas existen barreras, ni entre el público y los artistas, ni entre los propios músicos. Y basten dos ejemplos: el viernes por la noche, la cantante donostiarra Noa Voll Damn intercambiaba impresiones y discos con su colega estadounidense Tia Carroll mientras Balta Bordoy, de Palma de Mallorca, y Mike Keller, de Austin (Texas), charlaban sobre guitarras. Asimismo, un espectador se topó en la calle con Ray Gelato después de su concierto y le pidió un autógrafo y un selfi, a lo que éste accedió gustoso y sin perder la sonrisa.

La txapela de Canned Heat

En lo que respecta al batería Fito de la Parra y al bajista Larry Taylor, miembros históricos de Canned Heat, Malles no oculta que el primer contacto fue «un poco agrio» y que hubo «cierta tensión» en la prueba de sonido. Habían llegado cansados de California porque, como ya advirtió De la Parra en la entrevista con este periódico, odian viajar y, especialmente, «los pinches aviones». Ello, sumado tal vez al retraso en el inicio del concierto, provocó que la entrega del premio fuera un tanto atropellada.Así lo admite el director del festival, que también cree que la ceremonia debería haberse hecho con más calma y tendría que haber incluido unas palabras por parte de los galardonados. El problema, dice, es que «unos artistas se dejan y otros no».

El batería, que parecía reacio a calarse la txapela porque le resultaba «demasiado grande», se fue relajando a medida que avanzaba el concierto y la Benta se animaba cada vez más. No faltaron 'On The Road Again', 'Going Up The Country' ni 'Let's Work Together', y hacia el final Fito se puso la txapela mientras aporreaba los tambores y el público enloquecía con un «conciertazo» que disipó cualquier duda relativa al estado de forma de Canned Heat: «Con las actuaciones de estas bandas de 'dinosaurios' corres el peligro de que puedan tener un día flojito o no estén a la altura, pero fue completamente al revés».

«Los músicos españoles se sienten cuidados con la misma dignidad que un intérprete de Chicago»

Tanto es así que al volver al camerino Fito y sus compañeros estaban «de subidón», felices por un premio que supone un reconocimiento que dicen no haber tenido nunca pero, sobre todo, henchidos de emoción por el calor que recibieron del multitudinario público.

Unas 100.000 personas

Sólo lamenta que el aguacero del viernes disuadiera a más gente de acercarse a la Benta pero, por lo demás, los miembros de la organización están «muy contentos» de cómo ha salido todo. Su satisfacción tiene que ver con «haber mantenido o incluso elevado el nivel» en una edición calificada de «transición» en la que la empresa de Malles, Blue Vision, ha sustituido al Ayuntamiento de Hondarribia en la organización del evento. Aunque aún es pronto para cifras definitivas, todo apunta a que el número de asistentes rondará las 100.000 personas habituales.

«El primer contacto con Canned Heat fue un poco agrio pero tras el concierto, terminaron de subidón»

Ahora es tiempo de preparar la decimocuarta edición, que incluirá alguna modificación a nivel organizativo, así como novedades que permitan ver «que el festival va evolucionando». También trabajarán para recuperar la ayuda de la Diputación, que este año no ha podido realizarse por un defecto de forma, y para atraer de nuevo el apoyo del Gobierno Vasco, que no ha consignado ninguna ayuda para el festival de este año. «A ver si en unos días nos reunimos y podemos darle la vuelta a esto», concluye con la mira puesta en lograr un mayor apoyo institucional y un patrocinador privado fuerte.