Emociones a flor de piel en casa de Butterfly

Los entresijos del ensayo general de la ópera de Puccini que se representa esta tarde y el jueves en el Kursaal

La soprano Ainhoa Arteta, caracterizada como Cio-Cio San, se retoca el maquillaje en los camerinos. / Fotos: Sara Santos
Patricia Rodríguez
PATRICIA RODRÍGUEZ

En los pasillos que conducen a los camerinos del Auditorio Kursaal volverán hoy las prisas y los nervios, regresarán las órdenes enviadas desde un micrófono, el trasiego de gente de un lado para otro y los ejercicios de vocalización antes de que comience el espectáculo. El ensayo general de la ópera 'Madame Butterfly' (el domingo) fue el preámbulo de su estreno, esta tarde a las 19.00 horas. La prueba de fuego que le sirvió a Emilio López, su director de escena, para ultimar los retoques de esta producción en San Sebastián, tras su reciente paso por el Teatro San Lorenzo de El Escorial de Madrid.

Enfundadas en sus kimonos, Eider y Nahia se esmeran en alcanzar la perfección en cada movimiento de brocha. Ellas son parte del Coro Mixto Easo, que interpreta a las amigas de Cio-Cio San, personaje principal que encarna la soprano Ainhoa Arteta. Caracterizadas con pelucas negras y la cara blanca recién pintada, caminan ahora pasillo arriba pasillo abajo, acomodándose al calzado tradicional de las geishas que les obliga a andar dando pequeños pasos y que producen un particular sonido al pisar el suelo. «Los trajes dan bastante calor pero al menos son bonitos», bromea una de ellas. Otra compañera, Maider, lleva cinco años en el coro y nunca había cantado en una ópera, por lo que se siente muy contenta a la vez que algo nerviosa. «La música es preciosa, aunque hay momentos de dificultad, como cuando suena el coro a boca cerrada, porque tienes que proyectar más la voz para que se oiga más».

Parte de las jóvenes del Coro Mixto Easo esperan a salir a escena. Marcelo Puente, en maquillaje antes de convertirse en Pinkerton. Fernando Latorre en el personaje de Bonzo.

Voces blancas

Ella y sus compañeros llevan desde mayo ensayando la obra, casi a diario, tras un casting que les eligió entre las mejores voces. Estas jóvenes, que compartirán escenario con otros nueve compañeros tenores, explican que «hace una semana empezamos a ensayar con los solistas y ha ido genial». «Están encantados», añade Gorka Miranda, director del coro, antes de juntarse con sus alumnos para calentar las voces. «El casting es muy joven, de 16 a 30 años aproximadamente. Piensa que la protagonista es una chica de 15 años. La música está muy pensada para timbres de voces blancas y no tanto de voz de ópera por lo que esta selección de voces le va muy bien», explica Miranda, que califica la escenografía de «exquisita y muy delicada».

Aún queda tiempo para salir a escena, pero detrás del telón todo funciona como un reloj. De eso se encarga una de las regidoras, Uxue Montero, que comprueba que todo esté en el lugar correcto. «Yo me sitúo en uno de los hombros comprobando las entradas y salidas de cada personaje. Para eso antes hay que aprenderse toda la ópera para saber exactamente cuándo salen y entran. El minutaje es muy importante, va todo milimetrado», comenta Montero, que lleva cinco años como regidora de ópera.

«El bombardeo es el hilo conductor del proceso de autodestrucción de Cio-Cio San»

«Arteta ha estado súper abierta a las indicaciones y eso hace crecer el espectáculo»

Los preparativos para el montaje de 'Madame Butterfy' comenzaron semanas antes de su estreno. «Aquí ensayamos todos, tanto el equipo técnico como los artistas», explica el jefe de producción de la Quincena Musical, José Ignacio Abanda, a un grupo de asistentes antes de la función. «Primero se monta la cámara negra -que permite esconder todo aquello que el espectador no debe ver-, los motores para colgar los diferentes elementos, las calles de luz y el suelo, compuesto 158 tarimas colocadas en diferentes niveles. Entre el primer y el segundo acto hay mucho cambio de escenario, en el que intervienen 14 técnicos», detalla. Vestidos de negro y sin despegarse del auricular, se encargan de la parte técnica del espectáculo y de que cada elemento se mueva como el director artístico había imaginado. La actual puesta en escena de 'Madame Butterfly' requiere de un intenso trabajo colectivo detrás para conseguir un espectáculo de alta calidad artística y excelente composición visual.

Su director de escena, Emilio López, tiene sobre todo presente la «gran teatralidad» del texto dramático de la obra, por lo que cada escena se ha diseñado para potenciar el drama personal de Butterfly y plasmar la «destrucción interior» del personaje, trasladando la historia al ambiente bélico de la Segunda Guerra Mundial. «Puccini hizo con su música un retrato minucioso de todos los personajes de la ópera, dotándolos de una intensidad dramática y de una verdad en el más amplio de los sentidos. Él deja abierta esta ópera para que siempre le encontremos algo nuevo y son pocas las óperas que te permiten eso. Además, al ser una música tan cinematográfica busco que los gestos sean muy verdaderos. 'Madame Butterfly', junto con 'La Bohème' me toca la fibra porque Puccini es muy teatral y al final, si te metes en la historia, te acaba tocando», señala el director valenciano, que trae a la memoria una anécdota el día del estreno en Madrid. «Yo estaba sentado atrás y cuando llegó el final me giré a mirar los perfiles de la gente, porque meto un contraluz brutal y la mitad de la platea estaba secándose las lágrimas. Esta historia conmueve y emociona mucho».

«Autodestrucción»

Por algo está considerada como uno de los grandes dramas de Puccini. «Butterfly pasa por una evolución y un proceso de autodestrucción. Lo que yo pensé fue: cómo puedo ponerlo en la escenografía y que el público vea cómo su relación tóxica con Pinkerton la está destruyendo. Todos lo ven menos ella, que es la única que mantiene la esperanza, tras haber renegado de su religión y su familia. Evidentemente me vinieron a la mente los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki y utilicé la bomba de hilo conductor», explica López, a la vez que añade haber sido «bastante respetuoso» con el libreto. «No he cambiado absolutamente nada. He querido hilar bastante fino y el proceso de creación fue largo, tardé como un año en crear toda la dramaturgia. Cuando acabas el montaje te entran todas las inseguridades del mundo, pero estoy orgulloso de ver que el público se mete dentro de la historia».

Entre las escenas típicas japonesas hay momentos que recrean la devastación de la guerra, pero «como algo anecdótico». «Soy muy 'light' con lo que hicieron los americanos

Hubo miles de violaciones de soldados americanos, además un 25% de ellos tenían enfermedades de transmisión sexual. Se montaron un burdel autónomo para contentar a las tropas. Hay cosas muy 'heavys'», comenta. La producción incluye también la famosa 'Danza serpentina' de Loie Fuller, acompañada del coro a bocca chiussa (boca cerrada). «Es una de las partes de las que más orgulloso estoy», confiesa el director de escena.

La producción se estrenó en Valencia, en el Palau de las Arts en octubre de 2017, y cuando López recibió la llamada para reponerla en Madrid este año comenzó a «retocar cosas, de vídeo, iluminación...» hasta que el espectáculo ha quedado «mucho más redondo que cuando lo estrené», opina satisfecho. «Además Ainhoa ha estado súper abierta a mis indicaciones, también Marcelo (Pinkerton) -es su representación número diez en este rol- y eso hace crecer el espectáculo. Ojalá hubiera más ópera en San Sebastián». El elenco se completa con las voces de los barítonos Gabriel Bermúdez (Sharpless) e Isaac Galán (Príncipe Yamadori), el tenor Francisco Vas (Goro) y la mezzosoprano Cristina Faus (Suzuki).

«Pensé que el coro se había tragado un altavoz»

Esta producción del Palau de las Artes de Valencia contará con el Coro Mixto Easo y la Orquesta Sinfónica de Euskadi, bajo la batuta del director musical, el italiano Giuseppe Finzi, especialista en la dirección de óperas italianas del siglo XIX. Todos destacan el «buen ambiente» que se ha generado.

Los integrantes del Coro Easo son viejos conocidos de Emilio López. «Hace años vine a San Sebastián a hacer 'La Bohème', y la mayoría de los niños del coro infantil son ahora los jóvenes que van a participar en Butterfly. De repente he visto a esos 'niños' que me sacan una cabeza y media», bromea. «Estuvimos ensayando varios días con ellos y suenan genial, las voces van muy bien. Aparte que el primer día de ensayo pensé que se habían tragado unos altavoces, fue brutal, todo el mundo grabándoles con los móviles».

El director valenciano está «encantado» con ellos porque «no es como un coro de ópera que tienen mucho más trabajo. Estos jóvenes han estado pendientes de la obra todo el rato, repitiendo y repitiendo con la misma sonrisa sin estar esperando a que llegue la hora para marcharse». Por su parte, Finzi también halagó el trabajo de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, que desde el foso, hará resonar una partitura llena de hallazgos tímbricos, con los colores del impresionismo francés y las rígidas armonías del wagnerismo germánico.