Sin las «distancias» de los grandes festivales

Una imagen del concierto que el trío Lukiek ofreció el pasado año en Beratu Jaialdia de Oñati. / ILUNPETAN ARGAZKI TALDEA
Una imagen del concierto que el trío Lukiek ofreció el pasado año en Beratu Jaialdia de Oñati. / ILUNPETAN ARGAZKI TALDEA

Comienza Beratu Jaialdia de Oñati, cita musical impulsada por entusiastas voluntarios

Juan G. Andrés
JUAN G. ANDRÉS SAN SEBASTIÁN

Oñati afronta desde hoy y hasta el domingo la segunda edición de Beratu Jaialdia, una de esas citas musicales cocinadas con cariño y grandes dosis de entusiasmo. Hay varias en el entorno cercano, como el Gararock de Mendaro (próximo 21 de septiembre), el Ezdokfest de Eibar o el Fenomena de Hondarribia (12 de octubre). Todos estos proyectos tienen en común el amor por la música de sus promotores y la ausencia de ánimo de lucro, pero también les une el exquisito gusto a la hora de diseñar sus alineaciones artísticas y la necesidad de hacer malabarismos para encontrar financiación y sobrevivir al desgaste que supone montar un evento así en el tiempo libre. Hace unas semanas, Jazpana Fest anunciaba que este año no celebrará su decimoprimera edición mientras que Usopop se tomará un descanso tras la décima entrega que llenará Sara de música el 25 y 26 de mayo.

En este segundo año «de transición», Beratu se ha constituido en asociación cultural y ha programado conciertos de artistas como Elena Setién, Atom Rhumba, Vulk o Ainara LeGardon. «Tenemos menos presupuesto que el año pasado, pero hemos conseguido organizar una edición muy interesante», opinan, «muy contentos», los organizadores, un colectivo de ocho personas que durante el festival crece y recibe ayuda de otros voluntarios.

«Todo el trabajo es voluntario -la programación, la producción, la comunicación- y las decisiones se toman entre todos. Ello hace que algunas cosas, como la comunicación, vayan más despacio, pero nos gusta tener ese espíritu underground», dicen los impulsores de una propuesta con un objetivo claro: «Acercar la música a la gente y crear un espacio de debate y reflexión». Así, además de los conciertos, se incluyen debates y talleres participativos. «La idea es organizar algo cercano, sin las distancias que muchas veces marcan los grandes festivales», insisten.

De momento, la cita se lleva a cabo gracias a una ayuda del Ayuntamiento de Oñati. No sólo no reciben aportaciones privadas sino que, además, no contemplan pedir apoyo a marcas ni empresas. Y ello pese a los tiempos difíciles que viven este tipo de festivales. «Jazpana y Usopop, que han sido y son nuestra principal inspiración, no seguirán. Hemos tenido la suerte de colaborar con ellos y todavía hoy nos siguen ayudando. Sinceramente, creemos que debería de haber más apoyo para crear una red firme de festivales pequeños», asegura la organización de Beratu, que estos días contará con la colaboración de Lekuek, de Gernika, y Amua, de Hondarribia: «Esperemos que en un futuro podamos hacer cosas juntos».

Jazpana y Usopop

El pasado 1 de marzo Jazpana comunicaba que este año no habrá festival. La organización aducía razones como el cansancio o la falta de relevo, así como los «miles de dificultades» que entraña organizar un evento que ha sido inspiración para algunos de los mencionados pero que tenía una mayor dimensión. «Pero, sobre todo, lo que nos ahoga es la parte económica», alertaban antes de reconocer que cada vez les resultaba más difícil no perder dinero.

Jazpana, que no se disolverá como asociación y no descarta retomar el festival en el futuro, hablaba también de «desilusión» y «desengaño», y pese a saberse una cita querida, lamentaba no haber logrado «llegar a mucha otra gente», incluidas «algunas entidades» que tienen el festival en una «baja consideración» y no sólo no han aportado ayudas, sino que han puesto «trabas».

Desde Usopop, celebrado en el alto de Lizarrieta de Sara, hacen un balance «inmejorable» de una década en la que han conseguido formar «una bonita tribu». La apuesta -«reunir a tanta gente en un lugar perdido y proponer un programa sin cabeza de cartel»- no era fácil, pero han logrado consolidarla. La organización sigue trabajando «a gusto» y el público «no se ha cansado de la fórmula», por lo que «lo lógico sería seguir adelante». Sin embargo, tienen «miedo» a caer en la rutina y desde el principio pensaron que, en caso de dejarlo, lo mejor sería hacerlo «en una situación positiva» y «no forzados por motivos económicos o ajenos» a la organización.

Así, la edición de mayo cerrará un «ciclo» tras el que abrirán un periodo de «reflexión y descanso». «Es verdad que este tipo de festivales tienen su base en un grupo de amigos apasionados y eso les da independencia y personalidad fuerte, pero al mismo tiempo consume muchas energías», admiten los responsables de Usopop, que también mantendrán la asociación y seguirán organizando actividades: «Ya veremos qué ocurre con el festival, no es un adiós definitivo».

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