«El director debe ser un comunicador de alto nivel para convencer a la orquesta»

«El director debe ser un comunicador de alto nivel para convencer a la orquesta»

El maestro húngaro y el músico donostiarra dialogan sobre la dirección de orquesta | El titular de la Budapest Festival Orchestra se despide hoy del Kursaal. Mendoza dirigió a la orquesta de Gregory Porter en el Jazzaldia

MARÍA JOSÉ CANOSAN SEBASTIÁN.

Ivan Fischer es uno de los pocos directores que ha desarrollado prácticamente su carrera con una sola orquesta. Su compromiso con la Budapest Festival Orchestra es tan grande que el maestro húngaro (Budapest, 1951) basa la calidad de la interpretación en el conocimiento de los miembros de la orquesta y la confianza mutua. El perfil de Arkaitz Mendoza (Donostia, 1983) es bien diferente. Pianista, organista, crítico de música y director, va asumiendo poco a poco compromisos más exigentes, entre los que destaca el concierto con Gregory Porter en el último Jazzaldia. Sin embargo, los dos coinciden en algunos aspectos de la dirección.

- Dirigir una orquesta, ¿es como tener todos los instrumentos en las manos?

- Ivan Fischer. Yo diría que sí. Si la orquesta está concentrada y su sonido bien focalizado, puedo sentir todos los instrumentos en la punta de mis dedos. Dirigir es un contacto físico con la música.

- Arkaitz Mendoza. Quizá mejor no, porque el resultado sería bastante desastroso (risas), pero sí es verdad que cuando diriges, procuras que cada instrumento brille de la mejor forma posible en manos de cada músico a favor del ansiado único sonido orquestal.

- ¿Qué siente cuando se pone frente a una orquesta?

- I.F. Lo que es importante es lo que no siento. Por ejemplo, si tenía un fuerte dolor de cabeza, en el momento en el que estoy dirigiendo se me olvida, debido a la concentración que me exige la música. Cuando uno está dirigiendo una orquesta se olvida completamente de todas las sensaciones propias.

- A.M. Yo siento un gran deseo y una gran responsabilidad de hacer música juntos, con la inevitable adrenalina de intentar lograr que todos vayamos por el mismo camino.

- Un director de orquesta, ¿es un líder o un compañero? ¿Cómo se compagina el hecho de hacer valer su criterio con un ambiente cordial?

- I.F. La música solo funciona con un 100% de confianza. Si los músicos de la orquesta sospechan que el director está en contra suya, o viceversa, esta confianza no funciona. Y para confiar, necesitas un ambiente amigable.

- A.M. El director es ambas cosas; es un compañero, porque desde la cercanía y confianza con el músico se obtienen mejores resultados y es también un líder, porque debe aunar en una sola dirección lo que piensa y siente cada músico de la orquesta. Hacer valer tu criterio en una atmósfera amigable se consigue con algo que no te enseñan en la carrera y es la psicología del director de orquesta, esa mano izquierda que te permite saber cuándo apretar y cuándo aflojar durante el ensayo, esa intuición de captar la energía de la orquesta en cada instante.

«Cuando dirijo me olvido de todo porque la música me exige una concentración máxima» Ivan Fischer, Director de orquesta

«El objetivo es la expresión. Y el tempo, el ritmo o las notas están al servicio de esta» Ivan Fischer

- ¿Es más sencillo dirigir a una orquesta de la que se es titular? ¿Qué alicientes y dificultades tiene esta labor comparada con la que se realiza como invitado?

- I.F. A mí no me gusta dirigir como maestro invitado, porque necesito tiempo para estar familiarizado con los músicos. Puedo trabajar mejor si conozco a todos por completo y soy consciente de sus posibilidades o de su estado de ánimo en un momento concreto. Así puedo tener la información de si hay algún músico que en un momento dado tiene miedo, por ejemplo, debido a un pasaje musical difícil.

- A.M. Yo no soy director titular de ninguna orquesta, pero entiendo que desde la titularidad uno va imprimiendo una evolución en el sonido de la orquesta y pretende dejar su huella. Como director invitado, el deseo de dejar tu sello es el mismo, pero en un breve plazo de tiempo, teniendo que ser más directo en tu mensaje musical.

- ¿Qué es más importante en un director, la mano derecha (tempo, ritmo, pulso...) o la mano izquierda (psicología, expresión musical...)?

- I.F. El objetivo, lo más importante, es la expresión. El tempo, el ritmo o las notas mismas son elementos de nuestro lenguaje musical y están al servicio de la maravillosa posibilidad de la expresión musical.

- A.M. Se necesitan ambas manos e incluso añadiría que la mirada y en definitiva, el cuerpo entero, aunque es verdad que hoy en día se tiende a la perfección técnica de la mano derecha y nos olvidamos de la emoción y pasión de la mano izquierda, que es con la que se diferencian los directores entre sí.

- ¿Recuerda algún momento en el que se haya sentido especialmente feliz en el podio?

- I.F. Yo he tenido muchos momentos de felicidad total. Los mejores son aquellos en los que la acústica es hermosa y los músicos tienen una unidad completa en la orquesta. En esos momentos siento que estoy en contacto con toda la orquesta.

- A.M. Pues precisamente uno de los momentos más felices que he vivido se dio en mis inicios, cuando convencí a un coro de adultos de que podían cantar el 'Gloria' de Vivaldi en apenas dos meses y nadie -ni ellos ni el entorno- daba un duro por ello. La felicidad está muy ligada a la obtención de un importante logro tras un duro esfuerzo.

- ¿Y algún mal momento?

- I.F. Los peores momentos se dan cuando hay una falta de concentración y siento que hay una barrera entre yo y los músicos.

- A.M. Una vez tuve un descuadre de un par de compases entre el cantante y la orquesta en la ópera 'Marina' en el Kursaal. Fue un auténtico '¡tierra trágame!' pero afortunadamente nos 'encontramos' a los pocos segundos.

- ¿Cómo consigue traducir sus pensamientos y sentimientos sobre una obra musical a sus manos para que los músicos de una orquesta los entiendan?

- I.F. Yo lo hago en los ensayos. Comunico mis intenciones musicales con gestos, miradas y comentarios ocasionales.

- A.M. Es imprescindible tener una técnica adecuada; cuanto menos hable un director, mejor. Es en las manos donde se tiene que 'ver' la música, intentar reflejar lo que la partitura le sugiere a través del gesto. Si paras un ensayo para dar una indicación que podías haber hecho con las manos, estás perdiendo el tiempo y malgastando la energía de la orquesta.

«Cuando estoy frente a una orquesta siento deseo y responsabilidad por hacer música juntos» Arkaitz Mendoza, Director de orquesta

«Hoy en día se tiende a la perfección técnica de la mano derecha y nos olvidamos de la emoción» Arkaitz Mendoza

- ¿Un director de orquesta es entonces un comunicador?

- I.F. ¡Absolutamente! Sin comunicación de alto nivel, un director no puede convencer a una orquesta.

- A.M. Por supuesto. Continuamente estás comunicando el mensaje de la música. Hay directores que en directo quizá no tengan un 'feeling' visual con el público, pero escuchando sus orquestas intuyes que son unos grandes maestros del ensayo y hay otros que son un auténtico show sobre el podio, pero esos gestos no se traducen en el resultado sonoro de la orquesta.

- ¿Esa comunicación es más importante con los músicos o con el público?

- I.F. El director debe comunicarse solo con los músicos y son éstos quienes deben comunicarse con el público.

- A.M. Sin la comunicación con los músicos no habría conexión con el público. La comunicación más cercana con el oyente debe de nacer desde los atriles, para que lo que el músico cuenta llegue de la forma más directa posible al gran público.

- ¿Hay algún director que le haya marcado?

- I.F. Hay muchos directores que me gustan. De hecho, encuentro cosas buenas en todos e intento aprender de ellos.

- A.M. Daniel Harding dirigió a la Mahler Chamber Orchestra en el Kursaal en 2010 y es cuando me dije: 'es el camino a seguir, eso es música en un podio'. Salí del auditorio callado, reflexivo, embrujado... y posteriormente tuve la oportunidad de admirar en vivo la exquisitez y pasión en las manos de Claudio Abbado en su último concierto con la Filarmónica de Berlín.

- En su opinión, ¿qué cualidades debe tener un director de orquesta?

- I.F. Las más importantes son las cualidades musicales, para comprender la composición que vas a interpretar. Tienes que escuchar la música en tu cabeza. Después debes transmitir esta imagen interna a la orquesta y para este segundo proceso necesitas psicología, comprensión de los músicos, liderazgo y habilidades de comunicación.

- A.M. Estoy de acuerdo, porque lo primero que se necesita es conocer de forma global el hecho musical. Luego llega la experiencia, ser un buen planificador, transmitir mucha musicalidad y una dosis de liderazgo.

- Entonces, ¿un director de orquesta, de alguna manera, educa?

- I.F. Sí, pero no de la manera en la que se imparte una conferencia. Educamos en el sentido de que compartimos los valores que nos gustan.

- A.M. Educar es mucho decir; un director intenta transmitir su parecer de lo que esa partitura le dice a él y si a través de ese punto de vista aporta una pizca de conocimiento a algún músico pues... ¡bienvenido sea!

- ¿Qué cualidades valora en una orquesta?

- I.F. El espíritu de equipo, la devoción completa, la amistad sin rivalidad y el idealismo.

- A.M. La flexibilidad y la mente abierta, a modo de esponja. Valoro la orquesta que es capaz de absorber nuevas ideas y no se encasilla con la tradición y el sonido particular y personal proveniente precisamente de esa tradición, algo que es único a cada orquesta del mundo.

- ¿Le importa lo que el público o los medios de comunicación digan de usted?

- I.F. La verdad es que nunca he pensado sobre esto.

- A.M. Voy a echar piedras sobre mi tejado, ya que soy crítico musical en un periódico, pero a los críticos musicales no hay que hacernos tanto caso, porque lo que emiten son opiniones subjetivas. Si les hiciera demasiado caso, el músico estaría cada día preguntándose si lo que ofrece es digno, fiel, correcto... y entraría en un continuo bucle de inseguridad. El público es soberano e incluso siento que deberían ser más directos en su parecer. Creo que, sin faltar al respeto, deberían pronunciarse más abiertamente sobre lo que les han ofrecido. La crítica, bien positiva o negativa, siempre se debe de analizar desde el prisma constructivo.

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