Comunicación pura

MARÍA JOSÉ CANO

La emoción es, quizá, el sentimiento más buscado por cualquier artista. Para que se dé es necesario que surja primero una adecuada comunicación y eso es algo que domina The Brahms Project, que inició anteayer los Jueves de Música en San Telmo. Esa comunicación, más que evidente entre los miembros del cuarteto, a quien se unió para la famosa 'Trucha' de Schubert la contrabajista Uxía Martínez, se creó también entre ellos y el público, que como era de esperar, se dejó emocionar por unas obras bellísimas servidas con efusión.

Estas fueron las constantes de un recital para el que se agotaron las entradas y en el que primó la música, gracias a la fluidez, comprensión y expresividad que regalaron unos intérpretes siempre cómplices. El entorno, no demasiado cómodo pero mágico, ayudó también a que todos los asistentes se dejaran contagiar del carácter del conjunto.

La 'Muerte de Orfeo' de la ópera 'Orfeo y Euridice' de Gluck para violín y piano e incluida, sin duda, en el programa para justificar el leitmotiv del ciclo y de varios encuentros de la Quincena, 'Mito y Tradición', fue un hermoso aperitivo para introducir a Brahms. Josep Colomé no comenzó con una afinación segura, pero su conexión con el magnífico pianista Enrique Bagaría y el discurso mostrado por ambos pudo con cualquier titubeo técnico y le restó importancia.

El viola Joaquín Riquelme y el violoncellista Carlos Apellániz se unieron a ellos para el 'Cuarteto para piano y cuerdas nº 1 en sol menor, op. 25' de Brahms. Su versión dio muchas pistas de por qué el grupo ha adoptado el nombre de este creador. El absoluto entendimiento del universo del compositor, de su discurso, su estructura o su sonoridad fueron tan evidentes como su capacidad de conmover. Fue música de cámara en estado puro y por ello, no nos importó, una vez más, constatar algunos pequeños fallos técnicos.

El concierto se completó con un Schubert en el que llamó la atención el dibujo de los planos sonoros, especialmente en el 'Allegro vivace' inicial. The Brahms Project, a quien se unió la contrabajista Uxía Martínez, optó por un sonido más compacto que de líneas marcadas, dando así un toque personal a la conocida obra. Su pasión, conexión y su capacidad de emocionar volvieron a ser una constante que cautivó a todos.

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