El alma de San Vicente cumple 150 años

El órgano Cavaille-Coll construido en 1868 mantiene su sonido original gracias a la restauración a la que fue sometido hace 20 años

Koro Sáenz, organista titular de la iglesia de San Vicente. /M. Rivero
Koro Sáenz, organista titular de la iglesia de San Vicente. / M. Rivero
Itziar Altuna
ITZIAR ALTUNA

El órgano romántico que preside la iglesia de San Vicente de la Parte Vieja donostiarra cumple 150 años y continúa sonando con las características con las que dotaba a estos instrumentos el genial constructor francés Arístides Cavaille-Coll. Así lo asegura su organista titular, Koro Sáenz, una de las personas que mejor conoce todos los secretos que se esconden tras esta magnífica joya. Hace 20 años se sometió a una completa restauración y a día de hoy el órgano goza de una «estupenda salud», asegura.

Junto al órgano de Santa María, -construido cinco años antes, en 1863, también por la misma casa-, el de San Vicente está considerado uno de los tesoros del patrimonio organístico guipuzcoano. Consta de 1.912 tubos, 35 juegos, tres teclados y el pedal. «Es algo más pequeño que el de Santa María, tiene dos registros menos, pero en cambio Cavaille Coll añadió a éste dos notas más tanto en el teclado como en el pedal, por lo que hay piezas que no se pueden tocar en Santa María y aquí sí», explica Koro Sáenz. Define como «muy dulces» los sonidos que emite, nada que ver con los órganos construidos en los últimos años, eléctricos y que suenan «más metálicos». «Este es mecánico y todo hay que hacerlo de forma manual».

Además

Reconocidos organistas de todo el mundo han venido a San Sebastián para tocarlo y «todos quedan encantados, porque no hay tantos Cavaille-Coll de este tamaño». Sin embargo, advierte de lo «delicados» que son estos instrumentos y de la necesidad de cuidarlos. «Sufren mucho tanto con el frío como con el calor y en esta iglesia hay mucha humedad, ya que está muy cerca del mar». Dos veces al año el mismo organero de la casa Renaud-Meronet de Nantes, la empresa encargada de la última restauración, acude a San Vicente a afinar el órgano.

El órgano de San Vicente y Koro Sáenz, organista titular. / Mónica Rivero

La relación de esta donostiarra con el órgano de San Vicente comenzó cuando ella apenas tenía siete años y aprendía solfeo con Luis Urteaga, entonces organista de la iglesia. «Me gustaba mucho ir a ver cómo tocaba». A los 16 años terminó sus estudios de piano, y a los 21, los de órgano. «Comencé a ayudar en los conciertos y al final me quedé aquí. Llevo 45 años tocando este órgano». Lejos de San Sebastián, Koro Sáenz ha ofrecido conciertos en distintas localidades europeas en una época en la que todavía no era nada habitual ver a una mujer interpretando estos instrumentos.

Desde el año 2000 es la organista titular de la iglesia, la encargada de hacerlo sonar en las celebraciones que tienen lugar en el templo. «Suelo tocar como acompañamiento en los funerales y todos los domingos en la misa de las 12.30 horas. Además, después de la ceremonia interpreto una pieza de concierto, y los asistentes lo agradecen, incluso a veces aplauden». Habla con orgullo sobre esta joya, a la que cuida y mima «como si de una persona se tratara». Por eso insiste en la conveniencia de que no lo toquen muchas manos. «Es como los coches, si pasa por muchas manos al final el instrumento sufre». Lo califica como un órgano «de concierto» y no de estudio. «Hay que venir con las piezas preparadas», señala, «y con los zapatos adecuados, para que el pedal no se dañe».

Rehabilitación completa

El Cavaille-Coll de San Vicente suena hoy día en todo su esplendor, gracias a la rehabilitación a la que fue sometido hace veinte años. El órgano estaba muy afectado por la polilla, los muelles no ofrecían todo el aire que el instrumento necesitaba y cabía el riesgo de que pudiera quedar bloqueada una nota en pleno concierto. Todas estas anomalías impulsaron a su rehabilitación, coincidiendo con la recuperación de distintos elementos de la iglesia que venían realizándose. Para ello sería necesario desmontar todo el órgano y hacer una rehabilitación total.

Tal y como explicaba el entonces párroco del templo koxkero Félix Garitano, se pusieron en contacto con el Ministerio francés de Asuntos Culturales para que les orientara sobre a quién recurrir, y al final acudieron a la casa Renaud-Menoret de Nantes. En 1997 el órgano se desmontó y se llevó allí, donde permaneció durante casi dos años, más tiempo de lo previsto, ya que la empresa encargada de rehabilitarlo se encontró con más dificultades de las previstas. Una vez reparadas todas las piezas, volvió a San Sebastián, donde se procedió a su montaje, afinación y armonización. El 28 de septiembre de 2000 se reinauguró el órgano restaurado. «Va a servir para otros cien años más», aseguró el párroco de San Vicente.

Su reparación completa costó casi 300.000 euros, que fueron aportados por los feligreses de la parroquia, recuerda Koro Sáenz. «Ahora se mantiene muy bien, porque el encargado de afinarlo es un discípulo de Renaud, que a la vez fue discípulo del propio Cavaille-Coll. Él ya nos dice que el órgano está bien, aunque su corazón está viejo, por lo que hay que tratarlo bien».

Un camino similar emprenderá en breve su 'hermano' de la Basílica de Santa María, que dejará de sonar a finales de este año para su restauración. Un silencio que se estima se prolongará durante dos años. Sin embargo, el sonido del Cavaille-Coll no desaparecerá de la Parte Vieja durante este periodo porque el órgano de San Vicente seguirá mostrando sus bellas sonoridades.

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