El museo de las mil imágenes

El mundo de la fotografía reconoce la trayectoria del Photomuseum en su 26 aniversario

Ramón Serras, que fundó el museo junto a Leopoldo Zugaza, posa en la entrada del Photomusem de Zarautz. /Iñigo Arizmendi
Ramón Serras, que fundó el museo junto a Leopoldo Zugaza, posa en la entrada del Photomusem de Zarautz. / Iñigo Arizmendi
Borja Olaizola
BORJA OLAIZOLA

Podría ser el museo de las mil palabras por aquello de que una imagen vale más que mil palabras, pero también el de las mil sorpresas o de los mil recuerdos. No es difícil que el material que exhibe el Photomuseum de Zarautz, el único museo de España dedicado a la imagen fotográfica, remueva la memoria de sus visitantes. «El mundo de la fotografía ha vivido una revolución tan vertiginosa que muchos de los que vienen se llevan una sorpresa al reencontrarse con las máquinas de fotos Kodak o Werlisa que les regalaron de niños en un cumpleaños o en la Primera Comunión», explica Marcelino Altuna, director del Photomuseum.

Si el carrete, el revelado, los negativo, las copias de contacto o las ampliaciones son conceptos que remiten a un pasado que ya se antoja lejano por efecto de la revolución digital, qué decir de los procesos que marcaron los primeros pasos de la fotografía. El daguerrotipo, el calotipo o la fotografía estenopeica trasladan al espectador a épocas remotas a pesar de que son invenciones que no han cumplido aún los dos siglos de vida. «En la fotografía todo ha ido siempre muy deprisa aunque en los últimos años los avances técnicos se han acelerado todavía más y apenas hay tiempo para asimilarlos», sonríe el responsable del museo.

«Hubiese sido más fácil montarlo en Bilbao o San Sebastián, pero preferimos hacerlo en Zarautz»

El Photomuseum de Zarautz sigue siendo un gran desconocido para muchos guipuzcoanos a pesar de que este verano va a cumplir ya 26 años. «Basta que lo tengas al lado de casa para que vayas aplazando la visita con la excusa de que ya vendré otro día», concede Altuna. El museo nació como consecuencia del entusiasmo de dos grandes aficionados a la fotografía: Leopoldo Zugaza y Ramón Serras. El primero, un durangués que veranea desde hace décadas en Zarautz, fue un precusor a la hora de reivindicar el valor artístico de la fotografía. «En los setenta la fotografía se consideraba poco menos que un arte menor, una cosa mecánica en la que no se valoraban los criterios artísticos», cuenta. Zugaza luchó contra viento y marea para cambiar ese concepto: «Entonces trabajaba para la Caja de Ahorros de Vizcaya y conseguí vencer las muchas resistencias que había para organizar las primeras exposiciones de fotógrafos. Recuerdo que la primera fue de Pedro Zarrabeitia, luego vinieron las de fotógrafos ya consagrados que habían trabajado para Magnum».

Escuela de fotografía

El trabajo de Zugaza no sólo abrió las puertas de las salas de exposiciones vascas a los fotógrafos. También activó un movimiento de fondo que revitalizó la fotografía en Euskadi con el patrocinio de concursos, la edición de catálogos o la creación de nuevos premios. «Es la época en la que las sociedades fotográficas locales cogen fuerza y la fotografía vive su mayor esplendor», recuerda este activista cultural. «Incluso estuvimos a punto de poner en marcha una escuela de fotografía vasca con el respaldo de profesores de la Escuela Nacional de Fotografía de Francia de Arles, pero la iniciativa no llegó a cuajar».

Zugaza conoció por aquella época a Ramón Serras, un pastelero de Zarautz apasionado de la fotografía que acostumbraba a viajar por Europa para conocer museos relacionados con su afición o adquirir viejas máquinas y otros enseres fotográficos. «Ramón había fundado la Sociedad Fotográfica de Zarautz y había reunido una colección de aparatos notable en sus viajes, así que le propuse que con los cuatro cacharros que tenía él y los otros cuatro que había reunido yo montásemos un museo».

«Tuvimos que vencer resistencias porque la fotografía se consideraba un arte menor»

La idea era revolucionaria no solo porque en toda España no había un solo museo dedicado al mundo de la fotografía -el Photomuseum sigue siendo el único del país- , sino porque se empeñaron en levantarlo en Zarautz en vez de hacerlo en Bilbao o San Sebastián, donde probablemente hubiesen tenido más facilidades. «Soy un firme defensor de que las infraestructuras culturales deben estar descentralizadas para que todo el mundo pueda disfrutarlas y nos limitamos a poner en práctica esa idea».

El proyecto empezó a tomar cuerpo en 1992 con una exposición en la que se mostraba un esbozo del museo. Se titulaba 'Photomuseum. Esquema de un museo fotográfico' y tuvo una acogida tan favorable que tanto el Ayuntamiento de Zarautz como la Kutxa se mostraron dispuestos a apoyar la empresa. La cesión un año después de una parte de Villa Manuela, un edificio de propiedad municipal, para la instalación del Photomuseum marcó el inicio de una andadura que dura ya 26 años y que ha contribuido a revitalizar la vida cultural de Zarautz. Porque el Photomuseum no solo es un lugar que permite hacer un recorrido singular por la historia de la fotografía a través de su exposición permanente. También actúa como agente cultural de primer orden organizando exposiciones temporales, conferencias y otras muchas actividades.

Dinamismo

Las más de 300 exposiciones temporales que ha acogido desde su puesta en marcha hablan del dinamismo de los promotores del Photomuseum. También de su buen ojo a la hora de programarlas: el museo zarautztarra, por ejemplo, ha sido el único de Gipuzkoa que se ha hecho eco este año del 50 aniversario de Mayo del 68 con una estupenda muestra de carteles que se puede ver en su planta baja hasta fines de mes. Es una evidencia más de ese buen hacer que ha sido refrendado de forma explícita esta semana con la concesión a Lepoldo Zugaza del Premio Bartolomé Ros que otorga PhotoEspaña. El galardón a Zugaza constituye un reconocimiento explícito del mundo de la fotografía a una de sus empresas más ambiciosas: un museo surgido al calor de la iniciativa privada que proporciona a la oferta cultural de Gipuzkoa una singularidad y una riqueza inéditas.

Exposiciones 333

Actividad. Es el número de exposiciones temporales que ha promovido el Photomuseum de Zarautz desde que abrió sus puertas en 1993 en Villa Manuela. También editó revistas como 'Archivos de la Fotografía' y 'Photoberriak' aunque ya no lo hace por falta de fondos.

Visitas escolares y presencia de extranjeros

No es el Photomuseum una instalación acostumbrada a las multitudes. La disposición de la exposición permanente invita a una visita sosegada en un recinto en el que cada detalle está cuidado al máximo. El museo está repartido en cuatro plantas. En la de arriba se pueden ver algunos de los ingenios que anticiparon la imagen fotográfica. Se trata de máquinas que jugaban con la luz para crear sombras o figuras en movimiento: cajas ópticas, megaletoscopios, mutoscopios, linterna mágica... En la misma planta está la biblioteca del Photomuseum, la única del país dedicada por completo a la fotografía, con más de 6.000 libros. La tercera planta explora la técnica de la fotografía desde sus inicios. El daguerrotipo, el calotipo y la placa de cristal serán los antecedentes de la película que patentó George Eastman, el fundador de Kodak, que abrió las puertas a la popularización de la fotografía. En la segunda planta se hace un repaso de los géneros fotográficos mientras que en la primera se habla de los usos y también de los primeros pasos del cinematógrafo en convivencia con un espacio para las exposiciones temporales. Desde el Photomuseum prefieren no facilitar cifras de visitantes aunque sí señalan que el grueso de su público lo forman las visitas de escolares y también las de extranjeros que están de paso por Zarautz. «También tenemos bastantes visitantes que vienen expresamente a conocer el museo porque no hay otro así», indican.