El mundo del cómic se detiene y rinde armas al maestro Carlos Ezquerra

El mundo del cómic se detiene y rinde armas al maestro Carlos Ezquerra

La muerte del artista aragonés, creador entre otros personajes del Juez Dredd, obliga a recordar su legado

ÓSCAR GOÑI

Ocurría el pasado lunes, pocos días después de que el maestro anunciara que, tras una nueva intervención quirúrgica, aparentemente finalizada con éxito, proseguía su pelea contra el cáncer. Se mostraba optimista, y casi seguro de poder asistir a la 'Héroes Comic Con' de Madrid, donde recibiría, una vez más, el cariño de sus legiones de seguidores.

No pudo ser. Un enemigo más salvaje y cruel que cualquiera de los que deambulaban por sus viñetas, el de casi siempre, añadía otra muesca a la culata de su arma.

Ocurría el pasado lunes: Carlos Ezquerra, fallecía, setenta años después de que, aquel doce de noviembre, naciera en una localidad llamada Ibdes, provincia de Zaragoza, de apenas cuatrocientos habitantes. Tras una infancia como la de cualquiera de la época, durante su servicio militar conoce a un dibujante que le anima a adentrarse en el mundo del cómic, visto su talento para el dibujo. Una vez licenciado, se traslada a Barcelona donde se inicia en una escuela tan difícil como desagradecida, firmando historias del oeste para publicaciones de bolsillo. Sin embargo, su trabajo no pasa desapercibido y, al poco, es contratado por la casa británica Bardon Press, salto que resultará decisivo en su vida. Allí se enmarca en el ámbito romántico, hasta que llega su oportunidad en forma de guion de aventuras que, en otra nueva pirueta, le conducirá hasta la editorial escocesa D. C. Thomson, especializada en tal género. De allí a la casa Fleetway media año y medio, momento en que se inicia en comics de la II Guerra Mundial con sus personajes Rat Pack y Major Easy. Gracias a ellos, Ezquerra ya puede considerarse un artista muy popular de los años setenta. A finales de los mismos, en 1977, ocurre algo: El editor Pat Mills desea introducir un nuevo personaje que debutará en el número dos de la revista '2000 AD'. Se tratará de un juez y al tiempo policía que imparte la Ley en un mundo futuro donde la violencia se ha apoderado del mismo. El guionista elegido será el norteamericano nacionalizado británico John Wagner. El juez Dredd irá vestido de negro, pero cuando tal idea llaga a quien la ha de dibujar, la cosa cambia. Carlos Ezquerra contempla, si la ciudad que va a patrullar Dredd, Megacity 1, es tan peligrosa, que deberá blindarlo como ocurre con todas las fuerzas especiales de hoy. Hombreras, y no discretas, precisamente. Rodilleras, armamento pesado y un casco a modo de capucha de verdugo. De hecho, un casco que jamás se quitará y que añadirá al personaje una dimensión extraordinariamente novedosa (y que Sylvester Stallone destroza en su versión cinematográfica). Aunque Wagner detesta los cambios de Ezquerra, a Mills le entusiasman. El resto, es historia.

Éxito mundial

Dredd no es otro personaje más; es una de esas excepciones que entran en el selecto club de los inmortales, algo tan difícil como utilizar un dibujo excepcional para llevar a la realidad un universo único que seduzca al lector. Pero no satisfechos con esto, Wagner y Ezquerra vuelven a unir sus talentos para, un año más tarde, crear para la revista 'Starlord' a un cazarrecompensas mutante del futuro, letal más allá de cualquier comparación, llamado Johnny Alpha, que vivirá sus andanzas en la serie 'Perro de Estroncio'. La publicación se cancelará en 1979, pero '2000 AD' absorberá rápidamente sus mejores títulos, entre ellos el de la pareja creativa, ya integrada por dos íntimos amigos. Llegarán con el paso del tiempo nuevos títulos, y Ezquerra verá que su periplo pasajero por las islas británicas se convierte en diez años. Nunca abandonará el lápiz, salvo cuando la enfermedad comienza a adueñarse de sus pulmones, y aún así soporta contra ella, en pie, más de un asalto.

El pasado lunes, día uno de octubre, cuando la noticia comienza a devorar internet, resulta que Carlos Ezquerra no es otro más. Se recuerda a Dredd, cierto, pero sobre todo a su creador. Aquellos que le conocieron le tildan de gigante y, ante todo, de buena persona. Al fin, por encima de una obra colosal, probablemente sea tal recuerdo el mejor que se pueda dejar.

 

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