«En todo momento velamos por la seguridad en el concierto de Vetusta Morla en Bilbao»

«En todo momento velamos por la seguridad en el concierto de Vetusta Morla en Bilbao»

Last Tour, la promotora responsable de la organización del evento, remarca que no se sobrepasó el aforo permitido

ISABEL URRUTIA CABRERA BILBAO

No remite la resaca de la actuación de Vetusta Morla que se ofreció el pasado sábado en la explanada del Guggenheim. La indignación bulle en las redes sociales y la organización del espectáculo sale al paso para dar su versión de los hechos. «Ante las críticas a la operativa del concierto, queremos aclarar que no se sobrepasó el aforo y en todo momento se veló por la seguridad del público», recalca la empresa Last Tour, responsable de la gestión del espectáculo, que también aprovecha la ocasión para ofrecer los datos oficiales de asistencia.

La Policía Municipal verificó el número de asistentes autorizados, que era de 9.960, «y al recinto accedieron un total de 8.263 personas, es decir, una cifra por debajo de la capacidad del espacio». En cuanto a las incomodidades que sufrieron los seguidores de Vetusta Morla –con colas que llegaban hasta Alameda de Mazarredo–, los promotores recuerdan que, a pesar de tenerlo todo supuestamente bajo control, los saltos de Red Bull en el Puente de La Salve no facilitaron la organización del concierto.

«El sábado coincidieron dos eventos de afluencia masiva en espacios colindantes, lo que generó algunos retrasos y aglomeraciones propios de este tipo de situaciones. Nosotros tratamos de solucionarlos de la manera más rápida posible y garantizando siempre la seguridad de la gente». Los impulsores del concierto del sexteto madrileño admiten, sin embargo, que «la llegada del público no fue escalonada y se formó un embotellamiento entre el acceso y la zona más cercana al escenario que impedía llegar a las zonas libres del recinto».

Se intentó descongestionar el área –mediante mensajes de megafonía y del equipo de seguridad– pero las molestias persistieron y no faltaron deserciones entre los fans de Vetusta Morla. «¡Claro que hubo gente que se marchó! No fue mi caso, pero tengo la sensación de haber tirado los 30 euros de la entrada a la basura... Es una pena. Se formó un tapón a la entrada y eso lo fastidió todo. Había gente sentada en las escaleras que no podía ver nada, ¿te lo puedes creer? En cambio, los que estaban en la terracita de la cafetería de la explanada, que no habían pagado por ver al grupo, disfrutaban de una panorámica estupenda. Un sinsentido. Yo pedí la hoja de reclamaciones para dejar constancia de mi protesta y no había ninguna. ¡Qué impotencia!», se queja Edurne, una de las afectadas por las incomodidades del concierto del sábado.

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