Miurada sofocante

Octavio Chacón, durante la faena de ayer en Sevilla. /EFE
Octavio Chacón, durante la faena de ayer en Sevilla. / EFE
BARQUERITO

Se jugaron siete toros y no seis de Miura. El último de la feria, único colorado de un envío con mayoría de negros entrepelados, arrastró cuartos traseros de salida. No era el calambre propio del resabio de chiqueros, sino una invalidez patente. A eso se le llama entre profesionales «no poder con el rabo». Se encrespó mucha gente pidiendo la devolución, palmas de tango, Pepe Moral hizo lo que pudo por echarlo al suelo, la presidencia aguantó hasta después del segundo puyazo, le hicieron señas a Pepe para que lo moviera y, cuando la cosa devino en motín, asomó el pañuelo verde.

La parada de bueyes no acertó a envolver al toro, que había dejado de caerse y de emplearse. Decidió el corralero no arrear a los mansos, solo les hacía señas conminatorias y la escena resultó tan agotadora como casi la corrida entera. Pese a no estar en turno de lidia, Octavio Chacón tuvo la feliz idea de correrlo desde el callejón y provocar la carrera del toro rumbo a toriles. Aupado sobre el portón de salida y desde el callejón, Pascual Mellinas consiguió al segundo intento y a punta de capote convencer al toro. En ese instante respiró la mayoría.

Al romperse filas rompió una discreta ovación reclamando la salida al tercio de Castella, que mataba por primera vez una de Miura en Sevilla. Se tenía por una gesta. No hubo opción de culminar el propósito. El primero de la tarde, tardo y frenado, la cara arriba, no se empleó salvo en dos arreones, como suelen los toros tardos. Suficiente y terco el trajín del torero de Béziers, que agarró media estocada cuando el toro empezaba a defenderse. El cuarto, cinqueño, muy ofensivo, 670 kilos en báscula, fue el de más peso de la feria y de una corrida que, sin demasiadas carnes, dio 630 de promedio. No peleó en el caballo, pero a su alzada monumental y a su tranco agónico se acopló con riesgo y sabiduría de torero bueno José Chacón. Dos pares de banderillas extraordinarios. Castella abriópor arriba asido a la barrera y remató la tanda de cinco con un hermoso natural. En rayas no quiso el toro, justo de fuerzas, incapaz de embestir dos veces seguidas, y Castella, tan firme como si la apuesta no contara, cortó a tiempo. La estocada, caída, fue con vómito.

Lo mejor de la tarde corrió a cargo de Octavio Chacón. Su maestría de lidiador en los dos toros de lote no perdonó un solo quite ni una sola réplica y a la verónica supo templarse poderoso. Las medias de remate, muy brillantes, se jalearon. Lances que el torero de Prado del Rey ha hecho personales, de firma propia.

Se aplomó el segundo de corrida, muy sangrado en tres varas. Chacón toreó en un solo terreno, señal siempre de buen gobierno. El toro pegó cabezazos, pero Octavio se empeñó. Mirón fue toro muy remolón. Un pase de las flores de recurso, un desplante frontal y genuflexo, y una tanda última e inesperada de naturales fueron los mejores detalles de una faena laboriosa.