Miguel Zugaza: «Sin paternalismos: el museo debe procurar que la visita no sea un mero entretenimiento»

Miguel Zugaza, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao./FERNANDO GÓMEZ
Miguel Zugaza, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. / FERNANDO GÓMEZ

El responsable del centro bilbaíno participará en el programa Canal Europa y ofrece hoy una charla en el KM sobre los retos de estas instituciones

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

De vuelta a la dirección del Bellas Artes de Bilbao desde marzo del pasado año tras quince años al frente del Prado madrileño, Miguel Zugaza (Durango, 1964) es una de las autoridades en la materia con una de las miradas mejor formadas sobre el panorama museístico del país. Partidario a ultranza de adaptarse a los nuevos tiempos y defensor a ultranza de la labor de divulgación que realizan estas instituciones, Zugaza ofrecerá hoy, dentro del programa Canal Europa, una conferencia en el Koldo Mitxelena (19.30, entrada libre) sobre el presente y el futuro de los museos.

- Y bien: ¿cuál es el futuro de los museos?

- Para no equivocarnos, debemos de recuperar el espíritu revolucionario de principios de la Edad Contemporánea y pensar en el espíritu ilustrado que animó el nacimiento de los museos como instituciones públicas dirigidas a democratizar el arte. Hay que seguir pensando que estas instituciones se crearon con una misión educativa. No somos centros de entretenimiento.

- A veces da la sensación de que las actividades paralelas de los museos devoran a las propias exposiciones...

- Sí, se equivocan los museos que toman sus decisiones para contentar a la audiencia o para obtener un rédito en número de visitas. No creo en el éxito de los museos medido en términos cuantitativos. Es curioso lo que ha pasado con la sociedad en este sentido porque nos ve como instituciones diferentes de una universidad, de un colegio o incluso de un hospital, cuando somos instituciones públicas que cumplimos una misión pública. Me gusta mucho la defensa casi romántica que hacen los museos británicos de esa misión pública, en la que se defiende la visita gratuita a la exposición permanente.

- ¿Está desprestigiado, por pasivo, el acto de simplemente mirar?

- Yo creo que no. Creo que los ciudadanos miran con interés el mundo y, por lo tanto, miran con interés el arte. De hecho, nunca hubo tanta gente como ahora visitando los museos, no sólo los pequeños, sino también los grandes, como el Prado, que recibían a mucha menos gente hace unos años. Yo creo que sí hay ansiedad social hacia la mirada y hacia el encuentro con el arte. Lo que los museos debemos saber es dirigir bien esa tendencia y facilitar que el encuentro entre la obra de arte y el ciudadano sea memorable, apasionante y riguroso. No debemos caer en una rebaja de nuestras exigencias a la hora de cumplir con nuestro compromiso. Me parece muy importante defender eso y hacerlo además en cada visita. Muchas veces cuando hablamos de museos, hablamos de públicos, pero no existen públicos, sino individuos muy diferentes, de distintas procedencias y que buscan tener una experiencia con el arte. Y el museo debe saber, sin paternalismos, cultivar el amor por el arte; un amor no correspondido, pero que obedece a la atracción que ejercen todas las formas de belleza por nosotros. Y al mismo tiempo, está nuestro interés por el conocimiento del mundo y creo que tanto la belleza como la sabiduría que encierra el arte nos tientan.

- No sé si es el objetivo o debería serlo, pero ¿cree que los visitantes de una exposición salen transformados?

- Ése es el objetivo. Una institución dedicada al arte tiene que creer en él como factor de transformación de la sociedad y debe ponerse al servicio de esa idea, sea un museo de arqueología o estrictamente contemporáneo. En una sociedad como la actual, en la que hay tal saturación de consumo de imágenes, es increíble que la gente albergue tal apetencia por encontrar imágenes, a veces en dos dimensiones y alejadas de nuestro tiempo, en busca de nuevas formas de belleza y la sabiduría que encierra.

- Quizás se deba al prestigio social que aún proporciona visitar determinadas exposiciones...

- Bueno, sí y no está mal que podamos comentar nuestras visitas a exposiciones o nuestras lecturas de libros. Pero sobre todo, más que el prestigio personal, hay quien tiene el hábito de relacionarse con el arte. Hace ya muchos años había quien criticaba el coleccionismo privado frente al coleccionismo público, pero yo siempre lo he defendido porque lo que se va generando alrededor de un museo enriquece en sí mismo y promete que esa colección privada pueda llegar al museo. Puede incluso incentivar un carácter elitista en sentido positivo, ya que el encuentro con el arte encierra un privilegio que podemos alcanzar todos porque los museos se han abierto al público y eso es una gran revolución. Antes, sólo el rey y una clase social tenían acceso a esas obras.

-¿Amenazan a los museos las nuevas tecnologías que permiten contemplar desde casa y en detalle las obras de arte?

- Al contrario. Es una revolución como la que supuso Gutenberg para la difusión del pensamiento. Internet ha sido absolutamente beneficioso para los museos porque permite llegar a audiencias que nunca van a poder viajar al lugar en el que se encuentran esas obras de arte. Ahora pueden tener acceso a ellas a través de imágenes de altísima resolución. Es una conquista extraordinaria que nos obliga a cambiar nuestro comportamiento. Tenemos que cuidar la visita presencial, que era nuestra obsesión hasta hace unos años, y al mismo tiempo generar esa experiencia virtual de conocimiento de nuestras colecciones.

- Y esa espiral por incrementar cada año el número de exposiciones, la cifra de visitantes, las consultas 'on line', ¿qué le parece?

- Yo llevo años diciendo que no hay que medir el éxito de un museo por su número de visitantes. Sí es necesario que un museo tenga éxito, pero hay que encontrar otros indicadores. Conozco museos con millones de visitantes que ofrecen una programación de muy bajo nivel.

- Eso dice muy poco en favor de ese público...

- Bueno... El público confía en la autoridad del museo y eso es lo tenemos que cuidar mucho. La sociedad viene a vernos porque somos instituciones con la autoridad de decir que lo que presentamos es el arte, objetos singulares con un valor singular, y no podemos delegar en esta cuestión. Los museos hacemos esa criba de excelencia entre todo lo que el hombre produce y quien no lleva a cabo bien esa labor cae en el desprestigio y en el descrédito. Además, al lado de la función cultural está la labor de centros de investigación y de conservación de patrimonio.

«Se equivocan los museos que toman sus decisiones para contentar al público»

«La visita virtual a través de internet obliga a cambiar nuestro comportamiento»

«Hay que exigirle un poco al espectador porque la relación con el arte no es fácil»

- ¿Dónde se la juega un museo? ¿En su colección permanente, en su programación, en sus relaciones con otros centros?

- Yo creo que es la colección y a partir de ahí, una serie de actividades le dan otra dimensión a la función de conservación del museo. Al final, creo que todo en su conjunto debe pivotar en torno a la colección.

- ¿Valoramos más los museos de fuera que los propios?

- Forma parte de los hábitos de nuestros ritos como turistas. Y digo turistas tratando de prestigiar el término porque antes sólo se lo permitían los aristócratas del norte de Europa, que iban a Italia a hacer lo que ahora podemos hacer todos a un precio más económico. Sí es verdad que damos por conocidos los museos locales y eso entraña un reto mayor. Esto lo he notado mucho en el Bellas Artes de Bilbao: el público espera más las novedades que su propia identidad, que es su colección. Por eso, esto estamos intentando revisar la colección de otra manera para volver a generar un interés entre los ciudadanos más próximos. Ése es un reto.

- Sí, porque tendemos a dar por conocido el museo tras haberlo visitado un par de veces.

- Si no vuelves al museo es porque tampoco te interesa mucho el arte.

- ¿Es importante que un museo tenga una identidad que haga coherente su programación o no tiene por qué?

- Las exposiciones tienen que responder a los intereses de investigación del museo y de puesta en valor del arte de cara a la sociedad. A veces, nos ayudan a mostrar aquello que no tenemos, pero que es complementario a lo que conservamos y, a la vez, tenemos que poner en valor delante de la sociedad aquellos avances en el mundo del arte. Sí tiene que haber una cierta coherencia en ese sentido, en que son ramas de ese árbol que es la colección.

«Tenemos la responsabilidad de excitar el sentido crítico de nuestros visitantes»

«Los museos hacemos la criba de decir qué es arte, y el que falla cae en el descrédito y el desprestigio»

- ¿Hasta qué punto es importante que el visitante tenga un cierto conocimiento previo de lo que va a ver cuando entra en una exposición?

- Sí, es muy importante que el visitante tenga una cierta capacidad de orientación dentro de un museo. Que deje espacio para la sorpresa, pero que también prepare de alguna manera el encuentro con determinadas épocas de un artista para que la experiencia sea lo más memorable posible. Hay que exigirle un poco al espectador porque la relación con el arte no es fácil: no es llegar al museo, entrar y empezar a disfrutar. Requiere un cierto esfuerzo de estudio y de conocimiento, además de cuestionarte las cosas delante de las obras de arte, sorprenderte, no sólo de la capacidad de ilusionismo, sino para interrogarte sobre ti y sobre tu mundo a través de lo que estás viendo. Tenemos la responsabilidad de excitar el sentido crítico de nuestros visitantes.

- ¿Y la están cumpliendo?

- Lo intentamos. Algunos con más medios y más confianza que otros. El museo no tiene que tener una posición paternalista con el público, tiene que quedarse a un lado, pero sí debe procurar que la visita no sea una operación de mero entretenimiento, sino que exige el cuestionamiento de lo que estás viendo. Cuando inicias la visita a un museo inicias un viaje del que no te puedes apear, tienes que llegar hasta el final.

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