Michel Gaztambide: «Nadie conoce a los guionistas y eso nos permite ir por la vida viendo cosas»

El guionista Michel Gaztambide, esta semana en el patio de Tabakalera, a su salida de la Escuela de Cine./USOZ
El guionista Michel Gaztambide, esta semana en el patio de Tabakalera, a su salida de la Escuela de Cine. / USOZ

Con 'Petra' en cartelera y la serie 'Gigantes' en la plataforma Movistar, el guionista tutorizará el trabajo de varios alumnos de Creación de la Escuela de Cine Elías Querejeta

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Convertido en uno de los guionistas más prestigiosos del cine español gracias a libretos de películas como 'Vacas', 'La vida mancha', 'La caja 507' o 'No habrá paz para los malvados', Michel Gaztambide (Vaucluse, 1959) está de actualidad por doble motivo: el estreno de 'Petra', de Jaime Rosales, y la primera temporada de la serie 'Gigantes', disponible en Movistar. Además, esta semana se estrenó como tutor de la Escuela de Cine Elías Querejeta de Tabakalera, a cuyos alumnos de Creación orientará en la realización de sus proyectos.

- ¿Qué va a enseñar a los alumnos?

- Bueno, yo no voy a dar clases, sino que tal y como lo ha planteado la Escuela, seré uno de los tutores, es decir, acompañaré el viaje de algunos proyectos desde su fase inicial hasta que está muy desarrollado. Tendré dos o tres alumnos, porque no repartiremos a los quince alumnos de Creación.

«Hay que deshabituar al alumno del lenguaje teatral de las series de televisión generalistas»

- ¿Qué significa 'acompañar'?

- Significa tener momentos de trabajo intenso y presencial con los creadores, y otros momentos vía 'on line'. Empezamos por tratar de aclarar las claves profundas de las historia, que no siempre lo están, y a partir de ahí hacemos el diseño del proceso. Y en el caso de los que tengan un proyecto de guion de largometraje, intentaremos que para septiembre del próximo año esté terminado.

- Es una labor más práctica que la que desarrolla en Larrotxene, en donde enseña a construir un guion.

- Sí, en Larrotxene trabajamos en tres semanas el formato del corto. Es más intensivo y más de formación. En la Escuela Elías Querejeta es un trabajo mucho más específico de seguimiento de un proyecto.

- ¿Cuáles son los principales déficits de los guiones de los creadores noveles?

- Es verdad que hay muchos cineastas que siempre van a tener una relación distante con el guion. Siempre. Es verdad entre el grueso de los cineastas noveles que el guionista es el gran desconocido o el gran obviado. Se piensa que el hecho de que yo cuente una cosa y que sea mía sustituye todas las capacidades de originalidad. Y cuando descubren el trabajo del guionista flipan porque ven que el guion va a ser un sustento esencial del proceso de desarrollo creativo de un cineasta. En ese sentido, los noveles desconocen bastante el trabajo del guion. Mucho vienen de universidades y de centros de formación, y así como son más sencillas las enseñanzas de la puesta en escena, la planificación o el lenguaje cinematográfico, la del guion es más complicada.

- ¿Qué no se puede enseñar sobre la escritura de guiones?

- Hay muchas cosas que no se pueden enseñar. Hay una cuestión que tiene que ver con el talento innato para contar historias y eso, o se tiene o no se tiene. Se pueden enseñar algunos atajos, pero para escribir guiones debes tener ese humilde don de ponerte a la altura del espectador y transmitirle de la manera más inteligente y hábil posible una historia. Talento que, por otra parte, también debe tener el director, que luego lo debe transmitir por medio de las imágenes. Y lo más difícil de transmitir es la intuición de saber dónde hay una historia: dónde hay una que puede ser cine, dónde hay otra que puede ser un poema... Yo no sé si eso lo tuve de forma innata o la adquirí con la experiencia porque tú enseñas algunas cosas pero hay una parte que sólo te la da el propio oficio. Se pueden enseñar bastantes cosas, en concreto, la particularidad del lenguaje, que es diferente al literario en sus diferentes facetas.

«Los productores están deseando encasillarnos y se ponen nerviosos si cambiamos de registro»

- ¿Priman los cineastas en la actualidad las imágenes sobre el guion? Incluso se utiliza el término 'teatral' de forma despectiva en el ámbito cinematográfico...

- Me suelo encontrar con que los cineastas nuevos lo cuentan todo en los cortometrajes a través del diálogo y eso es anticinematográfico. Cuentan las acciones a través de lo que se dice y el cine no es eso, sino imágenes. De hecho, una de las cosas que más les desconcierta tanto a ellos como a la gente que viene de la literatura y se pone a escribir guiones es que tienen que construir imágenes y que el diálogo será algo que acompañe. En ese sentido, el teatro es una gran amenaza para el cine. Es verdad que las películas siempre han bebido del teatro, pero no es su modelo. El cine es más deudor de la fotografía o el cómic que del teatro. En los últimos años, la televisión generalista nos ha acostumbrado a ver historias que se cuentan a través de las palabras: «Mañana irá Juanito a no sé dónde y no te olvides de que está enamorado de María». Eso me lo tienes que contar con imágenes. Hay que deshabituar al alumno del lenguaje teatral de las series de las cadenas generalistas. Finalmente, en el guion es esencial la elipsis y en el teatro no existe, excepto entre acto y acto. Eso es genuino del cine y muchas veces se olvida. Hacen secuencias que van desde que entran en el bar y no se acaban hasta que salen. «Compañero, tienes que hacer como Chéjov, que escribía el relato y luego arrancaba la primera y la última página».

- Entonces, ¿por qué incluso dentro de la industria no se le da al guionista la importancia que merece?

- El guionista tiene la importancia que tiene. Mucha para los directores que nos utilizan. Y nos lo reconocen. En cuanto al público, tampoco un montador o un director de fotografía son reconocidos.

- Ya, pero el guion es la base de la película.

- Lo es en un momento dado. Luego falta todo el rodaje y todo el montaje y la última versión del guion es la última del montaje. El guion nunca se contempla ya como un organismo cerrado, sino que es el mejor recorrido posible para que hagas la mejor película posible, pero eso pasa por un rodaje y un montaje. Enrique (Urbizu) siempre lo dice y yo estoy de acuerdo con él: «La autoría es la puesta en escena». Cómo organizas todos esos elementos. Los guionistas somos protagonistas de una fase muy importante, pero luego desaparecemos. Igual es discutible esto que voy a decir: «Nosotros escribimos la película que quiere hacer el director». Jean-Claude Carrière, al que intenté juntar en una mesa redonda en Bilbao con Guillermo Arriaga, piensa que el guionista es un escritor al servicio de una historia, mientras que Arriaga defiende que el guionista es el autor de la película. Yo estoy más próximo a Carrière.

- Hay directores que quizás han malogrado buenas historias por no haber recurrido a un guionista...

- Sí, puede ser. Creo que es una equivocación. Cuando empecé a hacer películas en 1989, lo más habitual era que se prescindiera del guionista y que no existiera casi el oficio. Poco a poco, algunos directores -como Urbizu- han marcado una línea trabajando siempre con guionistas y dándole una importancia determinante a ese trabajo. Todavía hay directores que piensan que no necesitan a nadie -y me parece bien-, pero la mayoría ya no se plantean hacer una película sin guionista. Es uno más de los técnicos y uno de los principales, claro.

- Otros han hecho el trayecto inverso: empezaron de guionistas y se pasaron a la dirección.

- Sí, incluso en aquella época a la que me refería se entendía que un guionista escribía porque luego quería dirigir. De hecho, te lo preguntaban. Yo siempre decía que no. «¡Qué raro!», me decían. Ahora ya no lo es, hay mucha gente que sólo quiere escribir.

- ¿En qué cambia su labor cuando debe trabajar dentro de un equipo de guionistas?

- Sólo he trabajado una vez con un equipo de guionistas...

- Bueno, lo ha hecho ahora en 'Petra', de Jaime Rosales...

- No, trabajamos de una forma muy singular y nunca nos reunimos los tres que firmamos el guion. Jaime era el guionista central y repartía la pelota de vez en cuando. Te mandaba a ti la versión 4 y a Clara (Roquet), la versión 5. Nunca trabajamos juntos.

- ¿Y en 'Gigantes'?

- Ahí yo trabajaba con Miguel Barros, que vive en Galicia. Nos conectábamos por Skype. Yo empecé a trabajar a partir de los cuatro guiones que había escrito Barros.

- ¿Se acomodó bien?

- Bueno, era bastante complicado ver cómo nos íbamos a entender dos guionistas acostumbrados a trabajar de forma bastante autónoma, pero lo hemos hecho muy bien. En cualquier caso, al guionista que trabaja con distintos directores se le supone la capacidad de trabajar con otros. En mi caso, Medem, Urbizu, Rosales...

- Porque además, las historias de Urbizu no tienen nada que ver con las de Rosales. Ni tampoco la forma de narrar...

- No, no. A mí me parece un privilegio y creo que debe formar parte de las capacidades de un guionista. Desconcierta mucho a los productores, que siempre están deseando encasillarnos: «Tú eres un guionista de tiros». Se ponen nerviosos cuando cambias de registro y haces 'Petra'. Pues bueno, eso es lo guay de mi curro y a mí eso me reconforta.

- Desde fuera, nos imaginamos que un guionista como usted se nutre de la vida y que conoce el mundo del 'lumpen'. ¿Funcionan así las cosas?

- El periódico es un alimento de primer orden. Soy un hombre de periódico, pero la vida es el territorio de inspiración. Lo que compartes con los demás, lo que ves... Por eso es tan interesante que no nos conozca mucha gente y por eso no me gusta dar entrevistas. En el momento en el que te identifica, la gente se comporta de otra manera. Les pasa también a los directores. A los guionistas no nos conoce nadie y eso está bien: nos paseamos por la vida viendo cosas que luego aplicas a las historias que te encargan.

- En este sentido, el oído es muy importante.

- Mucho: el oído y los ojos. Y la vida es lo que compartimos con los espectadores, por lo tanto, lo que nosotros capturamos ahí es muy probable que la gente también la haya visto y lo pueda decodificar. También nos nutrimos del propio cine, de la literatura... Son muchos los lugares de los que viene la inspiración. A mí me contaban muchas historias -no cuentos- de pequeño y, claro, te conviertes en un apasionado de que te cuenten y de contar.