Martxel Mariskal: «Vivimos cada vez más aprisionados tras el divertimento y la risa tonta»

El escritor hondarribiarra Martxel Mariskal recita un texto durante un concierto de Lisabö./J.G.A.
El escritor hondarribiarra Martxel Mariskal recita un texto durante un concierto de Lisabö. / J.G.A.

El escritor de Hondarribia, autor de las letras de Lisabö, habla de su manera de trabajar, del dolor físico y de la sociedad actual

Juan G. Andrés
JUAN G. ANDRÉS

Martxel Mariskal Balerdi (Hondarribia, 1964) ha firmado letras para bandas como Beti Mugan, Dut o JP Lohian, pero su nombre se asocia principalmente a las canciones de Lisabö. El escritor y profesor guipuzcoano, miembro de pleno derecho del combo rockero irundarra, ha colaborado con ellos desde 'Egun bat nonahi' (2002), su segundo trabajo, hasta el último, 'Eta edertasunaren lorratzetan biluztu ginen' (2018), que hoy presentarán en Intxaurrondo junto a Mursego (22.00 horas) con las entradas agotadas.

- ¿En qué se basó para escribir las letras de este disco?

- Con Lisabö he funcionado siempre igual. Hago una primera escucha plácida y a muy poco volumen. Entonces empieza el viaje interno y la sucesión de sensaciones e imágenes que duran semanas o meses. Suele ser un proceso tan liberador y agotador, pero en esa travesía introspectiva uno topa con su realidad vital y observa lo que le rodea.

- El fuerte contraste de sus letras brinda imágenes a veces abstractas y abiertas a la interpretación...

- Es tarea de cada cual sumergirse en esas imágenes. Más allá de lo específico de cada metáfora o de cada imagen hay un tono general, un nervio y un ambiente, así como cierto grado de provocación e incluso de invitación. Mi escritura tiene mucho de instintiva pero también es reflexiva; sin huir de lo narrativo, lanza píldoras visuales y lingüísticas que pueden llevar espíritu e imaginación, también análisis, más allá de lo que logra el lenguaje común e insomne que masticamos a diario y casi con desdén.

- El concepto de belleza preside el título de un disco que, sin embargo, está repleto de imágenes truculentas y dolorosas, como ese los «psicópatas del hábito cortando hígados en ciudades perdidas» de 'Nomaden zirkulu tematia'...

- Primero habría que decir que la belleza es un concepto que depende de cada individuo y su percepción. No excavamos en el dolor y la enfermedad en busca de belleza, pero no observar los aspectos más oscuros e ingratos de la existencia sería rehuir de algo inherente a la vida. Hay mucha verdad y belleza en aquello que tendemos a arrinconar. Quizá, el primer paso para descubrir la belleza que va más allá de la superficie y adquiere significado profundo sería no vendarse los ojos, algo en lo que hoy en día somos muy diestros. No reivindicamos lo oscuro ni lo desagradable, pero menos aún el mirar hacia otro lado. Hay que aprender a aceptar la experiencia vital en su totalidad y como creadores debemos ir más allá de lo obvio y lo convencional. Las vivencias no gratas constituyen una fuente de energía y un código renovador en cuanto a la experiencia de lo bello.

La cita

Cartel
Delorean.
Lugar
Centro cultural Intxaurrondo.
Día
Mañana.
Hora
22.00.
Precio
18/15 euros

- También dice que hoy «la poesía es más necesaria que nunca para poder sobrellevar el día a día».

- La poesía y el arte en general resultan más necesarios en este mundo de prisiones aparentemente divertidas porque tras el divertimento y la risa tonta, vivimos cada vez más aprisionados y atrofiados. Y hablo de poesía no como género literario, sino como actitud vital, porque lo prosaico nos está destrozando como humanos. La actitud poética y artística debe servirnos para liberarnos como individuos y como sociedad pero, sobre todo, para alzarnos frente a todos los velos y caretas de ese circo de bufones en miniatura que acapara el poder.

- La poesía es habitual disfrutarla en la intimidad, con cierto recogimiento, pero lo de Lisabö es más bien un grito desgarrador, no exento de violencia, y sus conciertos, una catarsis colectiva...

- Ese recogimiento resulta esencial. Por desgracia, la época actual va en la dirección opuesta a ese ejercicio de aislamiento... Y me refiero a la soledad buscada, por supuesto, no a la impuesta como castigo... Cada vez cuesta más ser y estar fuera del entretenimiento continuo, y esa carencia conlleva un gran riesgo. Escribir en la intimidad para después explotar en comunidad con Lisabö, no parece una mala combinación, ¿verdad? Y sí, sus conciertos son una experiencia catártica totalmente recomendable y necesaria. Tampoco es una vivencia fácil: o te empotran contra la pared o te llevan a tu yo solitario y grupal más íntimo.

«Los conciertos de Lisabö no son fáciles: te empotran contra la pared o te llevan a tu yo más íntimo»

«La poesía y el arte resultan más necesarios en este mundo de prisiones aparentemente divertidas»

- Usted sufre de hiperestesia, un mal neurológico que exagera los estímulos hasta hacerlos dolorosamente insoportables. ¿Cómo se encuentra ahora?

- Te agradezco la pregunta porque sé que es sincera y hoy en día la empatía no abunda. Vivo medicado desde hace años, tomo principalmente analgésicos, pero últimamente los he reducido gracias al trabajo del neurocirujano López de Munain. Con todo, mi calidad de vida no se la desearía a nadie: vivir con dolor es una condición muy exigente. Suerte que siempre he estado muy bien rodeado: familia, amigos, Lisabö... Lo peor es no poder darme a los demás como quisiera ni realizar las actividades que uno desea... Vivo muy aislado de los estímulos que nos rodean y mi tarea es gestionar la poca energía con la que cuento, algo que puede sonar paradójico al hablar de Lisabö.

- ¿Ha influido el dolor en que su escritura sea más oscura?

- El dolor marca mi pauta diaria, pero no por ello tengo una mirada más oscura. No formar parte de esa gran atrofia en la que estamos instalados no significa que me haya convertido en alguien sombrío. Creo tener una libertad interna y una autoconsciencia de la que carece mucha gente 'sana'. No puedo reírme en voz alta, pero mantengo el espíritu infantil y travieso en el que tanto creo. Sé divertirme con esencias muy sencillas. La enfermedad y el dolor pueden traer aprendizajes positivos: la contemplación, liberarse de los deseos más o menos impuestos y de las obsesiones, tener más paciencia, huir del tremendismo pueril y del drama idiota tan común en el individuo de hoy... En cierto sentido, me siento afortunado.

- Publicó la novela 'Me llamo Ezequiel y así será siempre' (2002) y el poemario 'Azken zakatzak' (2017). ¿Algún trabajo en cartera?

- En mi mente siempre hay deseo de plasmar lo que veo, siento o me inquieta, pero mi cuerpo, por desgracia, no puede seguir el ritmo de mi mente. Resulta frustrante pero seguro que algún día daré forma a escritos que quedaron en el cajón.