«Una maloka nos enseña a proteger nuestra cultura y la Amazonia»
El colombiano, perteneciente a la etnia uitoto, ha construido una chabola espiritual para una exposición en el Museo San Telmo
El Museo San Telmo alberga la exposición 'Amazonias. El futuro ancestral', una producción del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona. En ella se encuentra lo ... que a simple vista parece una humilde choza, pero va mucho más allá. Se trata de una maloka levantada por el colombiano Emilio Fiagama, malokero de la etnia uitoto al que con respeto llaman 'mayor'. Las malokas son casas comunales de la Amazonia en las que los miembros de la comunidad comparten estrategias, mitos y tradiciones. Este espacio simboliza la importancia del consenso en la toma de decisiones y refleja la conexión de la comunidad con la naturaleza y su rica herencia cultural.
– ¿Qué es para usted una maloka?
– Una maloka, ante todo, es una casa que representa el mundo. Dentro de ese mundo está la parte de la cosmogonía, cómo vivimos en el mundo, cómo lo vemos, cómo lo manejamos y cómo lo sentimos. Está conformada por diferentes recursos de la naturaleza, de la biodiversidad, están los animales y las plantas, el aire y el agua, y en el centro de todo eso está el ser humano. En la maloka se establece una relación muy íntima entre el creador, el hombre y la naturaleza. A través de la palabra, de la coca, el tabaco y la yuca dulce se enseñan unos comportamientos a toda la comunidad para que la Amazonia siga como un espacio sostenible y no se deteriore. Las malokas nos dan el conocimiento necesario para seguir fortaleciendo nuestras costumbres, nuestra tradiciones y enseñanzas referentes a las medicinas, a las narraciones, a los cantos, a los ritos, al trabajo, a la artesanía, a la gastronomía y a cuidar la Amazonia, que es lo que más nos preocupa para poder vivir en sana convivencia. Aprovechamos todos los recursos, pero también se trata de una relación recíproca, de dar y recibir, un círculo, porque aportamos.
– ¿Puede poner un ejemplo de cómo es ese círculo?
– Si tumbamos una mata o un árbol, los reemplazamos. Crecerán de forma lenta, pero habrá otra generación. También funcionan así los cultivos que hacemos en el bosque. No hay monocultivo. Es un cultivo integral, donde hay de todo. No solo hay plátanos, hay yuca, patatas, tomates, frijoles... Es necesario para que exista la armonía. La maloka representa la familia. Dentro de un bosque hay muchas comunidades, muchas familias, muchos pueblos... y cada uno cumple su rol. Lo principal es enseñar a las futuras generaciones que no haya discordia, violencia, deforestación, robos... Así es como vive la naturaleza, de forma tranquila, sin odiar.
– ¿También es símbolo de comunidad y unión?
– Es cierto. Todo el mundo aporta o enseña algo. Es el símbolo de una sociedad sin egoísmo. También de conocimiento, no tanto por el proceso de construir sino por la forma en la que se desarrolla en ella la comunidad.
– ¿Las nuevas generaciones están abiertas a recibir ese conocimiento?
– Cada vez somos más materialistas. Por eso es tan importante esta exposición. Hay que visibilizar la maloka por lo que significa. Hay que cuidarla. La Amazonia no es del que vive allá, es de todo el mundo. De ahí brota mucha vida y es necesario conservarla. Una maloka puede parecer algo muy indígena, pero es un concepto global . En la maloca no se discrimina a nadie. El sentido de la pócima mambe (el polvo que se obtiene de tostar, moler y cernir las hojas de coca amazónica) no es consumirla sin más, es un medio para entender, respetar y vivir la naturaleza.
– Usted tiene una plantación de coca en Colombia. ¿Están recibiendo muchas presiones exteriores para que desaparezca este cultivo, que es su medio de vida y también una forma de vida?
– En cierta manera sí por el concepto que se tiene de la coca. En el caso colombiano, bajo el lema de 'Mata que mata', quieren ir erradicando estas plantaciones. Para nosotros tiene otro sentido, es vida. Nosotros hemos luchado contra el Estado, lo hemos demandado y hemos ganado. Hoy en día la planta de coca es de uso lícito, personal y se debe respetar. El mundo debe entender que hay diferencias con la cocaína, que es la perjudicial porque tiene muchos productos químicos como permanganato, ácido sulfúrico, sodio, potasio... Eso es lo que hace daño. Nosotros solo tostamos, maceramos y molemos la planta que tiene muchas propiedades. Por ejemplo, para los adultos es buenísima para la osteoporosis, problemas musculares, gastritis... Aporta las calorías que el cuerpo humano necesita e incluso puede sustituir a la leche. Como toda medicina hay que usarla de forma racional, no se puede tocar demasiado.
– Volviendo a la maloka que ha levantado en el Museo San Telmo, usted ha comentado que ha hecho «un templo dentro de otro templo».
– La idea de un templo dentro de otro templo me vino cuando me comentaron que este edificio había sido un antiguo convento de los dominicos. Antes de empezar a colocar las hojas de la palma hicimos una sanación. La iglesia también es una maloka, porque es cuestión de Dios, nosotros lo llamamos Moo Buinama. Es el mismo padre en diferentes idiomas. En el fondo todo se complementa. Son dos culturas que no chocan por el concepto es el mismo.
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