Magüi Mira: «Sólo dirijo las obras que me remueven, las que necesito contar»
Este sábado se representa en el teatro Victoria Eugenia la primera versión escénica sobre la novela de Blasco Ibáñez 'La barraca'
La actriz valenciana, cada vez más centrada en la dirección, lleva a escena este sábado, a las siete y media de la tarde en el ... Victoria Eugenia, su visión de la novela trágica de Blasco Ibáñez. Adaptada por Marta Torres, está interpretada por Daniel Albadalejo, Antonio Hortelano, Patricia Ross, Jorge Mayor, Antonio Sansano, Claudia Taboada, Elena Alférez y Jaime Riba.
– Al hablar de esta obra se refiere a la eterna lucha entre la razón y la violencia. ¿Es una batalla perdida?
– Es una batalla que se dará siempre. Nunca va a acabar. Precisamente en esa dialéctica está el progreso: en avanzar y seguir cuestionándonos. La imaginación es el motor de ese progreso. Si somos capaces de imaginar es porque vamos ganando terreno a nuestros impulsos más primarios. Esa lucha nunca se gana del todo, porque forma parte del viaje humano. Blasco Ibáñez publicó 'La barraca' en 1898 y ya entonces mostraba cómo los conflictos se resolvían matando. Hoy seguimos igual.
– ¿Les pidió algo especial a los actores para enfrentarse a este montaje?
– Les propuse traer la obra al presente. Quise hablar de la relación del ser humano con la tierra. Todos los seres vivos necesitamos pisar una tierra que sintamos como nuestra. Sin esa conexión, sin raíces, es muy difícil construir una identidad. Eso es lo que ocurre con los desplazados de hoy: son arrancados de su tierra y pierden su sentido de pertenencia.
– La novela de Blasco Ibáñez es naturalista. ¿El montaje teatral también lo es?
– En absoluto. Blasco Ibáñez formaba parte del realismo narrativo de su tiempo, pero yo he desnudado la narración, la he dejado en los huesos, en su esencia, y la he traído a hoy. Me interesa la verosimilitud, no la literalidad. En el escenario busco crear belleza y poética escénica a partir de la verdad.
– ¿Qué papel da a la cultura frente al odio y la violencia?
– La cultura es inherente al ser humano. Es lo que nos diferencia de otras especies, lo que nos permite imaginar y avanzar. Es transformación. Hemos evolucionado mucho en algunos ámbitos —la cocina, por ejemplo—, pero en otros seguimos estancados, como en la forma de relacionarnos o en el sexo. La cultura tiene que ver con la comunicación, con alejar la violencia y dar paso al conocimiento. Es el espacio donde podemos avanzar como sociedad. En el teatro busco que la verdad de la vida y la del escenario se parezcan. La verdad es la que sucede en la calle, la verosimilitud es lo que tenemos que hacer en el escenario.
– ¿Qué es la verdad?
– Ya digo que la verdad de la vida y la del teatro es bueno que se parezcan encima del escenario. La verdad de la vida sucede, no tenemos que hacer nada, es automática y reaccionamos como podemos. Ya tenemos los filtros que nos da el progreso para no matarnos . Y lo que ocurre en el escenario es arte. Ahí puedo decidir cómo reacciona un determinado personaje a un determinado suceso que ocurre en el escenario.
«Me interesa la verosimilitud. En el escenario busco crear belleza y poética escénica a través de la verdad»
– De la novela a la dramaturgia de Marta Torres y luego llega usted, ¿y...?
–La propuesta de este montaje es de Marta, que ha hecho una dramatización excelente. Pero yo no trabajo con los autores cuando ensayo. No entran en la sala de ensayos. Yo estudio y profundizo e intento entender la ética que ellos me entregan en su texto. Luego voy con mi trabajo, ayudada por un equipo sin el que no podría hacer nada. Por ejemplo, el vestuario prácticamente no existe porque, como me dijo uno de los actores: «Lo que veo es que aquí salimos todos del mismo cubo de basura». Van vestidos de gente que huye por las carreteras con sus bártulos. Gente que se visten con cosas que encuentran en casas que son ruinas, que ya no existen, y sacan la ropa debajo de los escombros. Te puedo estar hablando de Ucrania, de Gaza, de todo lo que quieras.
– Últimamente dirige mucho, hace poco vimos aquí 'Malditos tacones', pero su último trabajo como actriz fue hace dos años con Molly Blomm.
– Así es. Dirigir es para mí contar una historia como yo la veo, como la conecto con la vida. Eso sería la parte ética, a lo que se suma potenciar la belleza desde la forma. Ahora tengo tres producciones girando por España: 'La barraca', 'Música', de Marguerite Duras y 'Malditos tacones'. Sólo dirijo lo que me remueve, lo que me crea una necesidad de contarlo.
– 81 años y sigue a pie de escenario.
– Hacerse vieja es muy difícil. En mi vida pensé que iba a pisar los ochenta trabajando. Mi mente se cree que tiene cincuenta años. Luego tengo que esforzarme para que mi cuerpo también se crea que tiene esa edad.
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