El maestro de la tribu

El despacho de su casa de Brihuega, rebosante de papel./archivo personal manu leguineche
El despacho de su casa de Brihuega, rebosante de papel. / archivo personal manu leguineche

Los periodistas vascos homenajean cada año a Manu Leguineche, cuyo archivo personal se ha cedido al de Euskadi. «Todavía tiene mucho que enseñarnos»

TERESA ABAJO

Cuando llegaba a un país por primera vez Manu Leguineche «hablaba con el taxista, luego con el peluquero y después iba a la salida de las iglesias de la religión que fuera», cuenta Pedro Aguilar, colega y uno de sus mejores amigos. Información local en cualquier lugar del mundo, lejos de casa. Ese «periodismo de zapatos que hoy se va diluyendo» es muy necesario y por eso el recuerdo de Leguineche, fallecido en 2014, sigue convocando en Bilbao a profesionales y estudiantes. «El jefe de la tribu todavía tiene mucho que enseñarnos».

Por tercer año consecutivo, el Colegio y la Asociación Vasca de Periodistas han organizado una mesa redonda en su memoria, que ahora está más presente que nunca en la ciudad. Sus hermanos, Rosa y Benigno, han depositado en el Archivo Histórico de Euskadi sus fondos, que están siendo digitalizados y catalogados. Más de 3.000 fotografías -«él decía que era mal fotógrafo y es mentira»- y miles de documentos en todo tipo de formatos, empezando por sus notas, componen una crónica personal de la segunda mitad del siglo XX y de una manera de vivir y entender el oficio.

Aguilar, profesor de Comunicación en la Universidad de Alcalá de Henares, se encargó junto a Raúl Conde de recoger su archivo en su casa de Brihuega (Guadalajara). La pusieron «patas arriba» durante un verano, mirando «uno por uno» todos sus papeles. Buscaban «algo más» de lo que ya conocían de él y encontraron «un tesoro». Entre sus miles de crónicas guardó una cantidad insospechada de recuerdos: «cuadernos de viaje, manuscritos de sus libros, los primeros artículos que publicó con 16 o 17 años en revistas de la parroquia y del colegio, decenas de credenciales, poemas....». También fotos «con Dalí, el Sha y otras personalidades a las que entrevistó» y libros dedicados, como una primera edición del 'Viaje a la Alcarria' de Cela.

El corresponsal de DV en Oriente Medio, Mikel Ayestaran, premio Manu Leguineche en 2017, no le conoció personalmente, pero creció con sus crónicas y maduró su vocación con 'El camino más corto', la «biblia» de los reporteros de largo recorrido. «Era un tipo de acción, en una página y en un párrafo de Manu pasaban muchísimas cosas», destacó en su intervención a través de skype. «Se me ponen los pelos de punta al recordar su biblioteca, que debería ser patrimonio del gremio». De cada viaje volvía cargado de libros porque la información no brotaba a golpe de clic. «El Google de Manu eran 600 carpetas y archivadores», añadió Aguilar, que ensalzó su infinita capacidad de asombro. «Tenía un oído puesto en la guerra de Afganistán y otro en el pueblo de al lado». En 1992, cuando vivía en Torija, un pueblo de la Alcarria, se proyectó allí una macrocárcel y él lideró las movilizaciones de protesta, en las que involucró incluso a Camilo José Cela. La prisión acabó en Soto del Real. «Dile a Manu que nos deje en paz», claudicó el ministro al informar a Pilar Cernuda.