«Hay que plantearse la ampliación del Guggenheim»

Juan Ignacio Vidarte lleva en el Guggenheim desde que surgió la posibilidad de construirlo en 1991./BORJA AGUDO
Juan Ignacio Vidarte lleva en el Guggenheim desde que surgió la posibilidad de construirlo en 1991. / BORJA AGUDO

Vidarte celebra que el 20 aniversario se haya cerrado con 1,32 millones de visitantes, pero advierte del peligro de masificación de las salas

IÑAKI ESTEBAN

El Guggenheim ha coronado su veinte aniversario con un récord histórico de 1,32 millones de visitantes. Convertido en una atracción cultural y turística mundial, el museo ha cumplido los objetivos que justificaron su nacimiento, la regeneración urbanística y la mejora económica de Bilbao. A tenor de las cifras y de la experiencia de cualquiera que se pase por sus salas, el icónico edificio de Frank O. Gehry tiene dificultades, sobre todo en fechas y periodos señalados, para acoger a los asistentes y proporcionarles una experiencia de calidad.

A su director general, Juan Ignacio Vidarte, le preocupa esta circunstancia y explica que la ampliación del museo está encima de la mesa, en Urdaibai o en otro sitio. Añade que también ha llegado la hora de retomar las compras de obra de arte para la colección. Ambas iniciativas se paralizaron por la crisis. Con la recuperación en marcha, y dados los rendimientos de las inversiones museísticas en Bilbao, considera que es tiempo de volver a pensar en ellas.

- Un balance de 1,32 millones de visitantes para una ciudad de menos de 400.000 habitantes, no para Nueva York o París, es proporcionalmente muy llamativo.

- Sí, es llamativo, más todavía en una institución de pago dedicada al arte contemporáneo. Sabemos que lo que hacemos no es siempre fácil para todo el mundo, y aun así tener una media de un millón de visitantes en una ciudad como Bilbao sorprende aquí y fuera de aquí.

- Las previsiones antes de que inaugurase el museo, según el informe que ustedes manejaban, estaban entre los 250.000 y los 400.000.

- He recuperado ese informe para leerlo por el 20 aniversario. Es del año 91 y a muchos les pareció muy optimista. Es una lectura interesante. Más allá de las cifras, se mencionan unos conceptos y unos objetivos que se han cumplido, superados en su dimensión. Se decía que el museo iba a ser de transformación, de proyección de la ciudad en el mundo, de activación cultural, de generación de actividad económica, de motor de transformación urbanística en la zona... Es eso lo que hemos visto en los últimos veinte años. Tendemos a celebrar el inicio, la fundación del proyecto. Pero si el museo ha funcionado es porque ni las instituciones ni la sociedad civil, las empresas y la asociación de amigos han dejado de confiar en él. Eso lo valoro muchísimo.

- De las 970.00 entradas gratuitas que envió la Diputación a casa de los vizcaínos se han utilizado 114.000. ¿Cuál es su balance de la iniciativa?

- Es una cifra elevada teniendo en cuenta de que sólo se han podido canjear durante un mes. Gracias a esta iniciativa, la asistencia de los vascos al museo se ha doblado del 10-11% que suele ser habitual al 20%. Es decir, de 1,32 millones, 260.000, lo cual para la población que tenemos es un porcentaje muy alto. Ha sido útil para que se acercaran al museo todos los vizcaínos que, por razones como la distancia o el precio, no habían podido hacerlo, aunque yo creo que esas barreras son salvables si estás interesado. El carnet de amigo del museo para una familia con hijos menores de 18 años cuesta 70 euros al año, deducibles en la declaración de la renta.

- Hubo 200.000 personas, casi el doble, para ver el espectáculo 'Reflections' en el exterior del museo. ¿Cómo lo interpreta?

- Fue un acontecimiento muy especial, que ocurre en un momento muy concreto, lo que hace que ese interés se concentre. Era una ocasión de ver el museo como nunca se había podido ver. Aparte, claro, están las propias características del espectáculo, capaz de llegar a un público muy amplio.

- ¿No ve al museo congestionado con 1,32 millones de visitantes al año?

- Sin duda. Hemos tenido que cerrar varias veces las puertas del museo porque no cabían más personas y quizá deberíamos haber cerrado antes porque lo que nosotros ofrecemos es una experiencia artística que difícilmente se puede dar en una sala repleta. No lo haces para evitar la frustración de los que han venido a ver el museo, muchos de ellos de fuera. Pero te queda la duda de si has hecho lo correcto.

- En el plan estratégico del museo hasta 2020 se recoge la ampliación del museo. ¿Hay alguna novedad a este respecto?

- Es un plan que tiene ya casi diez años. La ampliación sigue encima de la mesa. Es una necesidad, no sólo por el número de visitantes sino también por cómo se han desarrollado las prácticas artísticas desde hace 26 años. Para las últimas corrientes, no estamos bien preparados. En ciertos casos hemos resuelto el problema cambiando el uso de alguna sala, por ejemplo para dar cabida a la programación de vídeo. Pero no es suficiente.

- Por eso pensaron en el proyecto de Urdaibai.

- Primero piensas en hacer la ampliación en el entorno del museo, en Abandoibarra, pero es obvio que resulta imposible. Si hace más de dos décadas este espacio de la ciudad no era exactamente el más deseado, por el mismo éxito del museo y porque los planes del Ayuntamiento para la zona ha salido bien, ya no se puede construir más. Por eso surgió el concepto de ampliación discontinua y más en concreto en Urdaibai.

- ¿Cree que aún tiene vigencia?

- Se hizo una reflexión interesante sobre el discurso que debía estructurar la actuación, la experiencia del arte y su relación con la naturaleza, que complementaba la de Bilbao, de carácter urbano. Aquello se paralizó en parte por una situación objetiva que fue la crisis. No debería tomarse Urdaibai como una foto fija. Ha llegado otra vez la hora de darle una vuelta a la ampliación con aquella o con otra solución.

El efecto de los premios MTV

- La gala en Bilbao de los MTV European Awards se gestó en el BIME aunque es lógico pensar que la presencia del museo también influyó. El diputado general, Unai Rementeria, ha dicho que el Guggenheim «lo envolverá todo». ¿Sabe a qué se refiere?

- Bilbao es inseparable del Guggenheim. Son dos caras de la misma moneda. Cuando la ciudad se postula como candidata a acoger este tipo de eventos es lógico que se apoye en la imagen del museo como un elemento destacable de una ciudad contemporánea y que presta una atención muy especial a la cultura. Lógicamente, si Bilbao no se hubiera posicionado ya en el mundo de la música a través de iniciativas como el BIME o el Bilbao BBK Live, probablemente esto ni se hubiera producido. ¿Cómo se va a concretar el apoyo del Guggenhein? Pues sinceramente no lo sé, aunque estamos dispuestos a echar una mano en todo lo que haga falta.

- La gala llegará a una audiencia de unos 500 millones de espectadores. ¿Servirá también para promocionar aún más el museo?

- Es una oportunidad extraordinaria para que Bilbao se conozca más en el mundo y de la que sin duda también se va a beneficiar el Guggenheim. Todos ganamos.

- Respecto a las exposiciones, en 2018 vendrá una del Guggenheim de Nueva York, la dedicada al arte chino contemporáneo. Hace años que no llegaba una muestra temporal de la matriz neoyorquina.

- Este año tenemos con ellos tres proyectos con diferente grado de colaboración. La que mencionas trata del arte chino a partir de 1989, de los sucesos de la plaza de Tiananmen. Ahora está en Nueva York, viene luego a Bilbao y acaba su recorrido en San Francisco. Es un proyecto entre los tres museos. Luego está la de la colección Tannhauser, que es la pactada por convenio cada dos años. Y luego hay una tercera muestra, en principio sólo para Bilbao pero en la que están trabajando los equipos curatoriales de las dos ciudades, aquí en concreto Manuel Cirauqui, con obras de las dos colecciones. Se titula 'Architecture Effects' y pretende reflejar la relación entre arte y arquitectura a partir de 1997, año de la inauguración de este museo, que supone un hito en la arquitectura, también en cuanto al diseño con el programa informático Catia, que se utiliza para la ingeniería informática. Tratará de las redes sociales, la inteligencia artificial, la realidad aumentada...

- ¿No es esta una forma nueva de trabajar con Nueva York?

- No sé si esto se ha visualizado o no en los últimos años, pero desde luego es el camino. Es un proyecto dirigido desde Bilbao en el que contamos con fondos de las otras colecciones Guggenheim, cosa que también ocurre con 'El arte y el espacio', que está ahora en cartel.

Después de la crisis

- El consejero de Cultura decía en una entrevista en este periódico que este año habrá dinero para comprar obras de arte. ¿Se lo ha comunicado?

- Para nosotros es una cuestión muy importante. Llevamos cinco años sin aportaciones para adquirir obras para la colección. Entendimos que con la crisis se suspendiera el programa porque había otras prioridades, y porque el dinero para el funcionamiento normal del museo sí era intocable ya que si no podíamos entrar en una espiral descendente de asistentes, recursos propios, etc. Pero el crecimiento de la colección es también una manera de mejorar y de asegurarse un mejor futuro. En el acuerdo de diciembre de 2014 entre las instituciones vascas y el Guggenheim se expresaba la voluntad de volver a retomar las compras. Todavía eso no se ha materializado. En el plan hasta 2020 también aparece ese compromiso de inversión hasta llegar en ese año a los niveles anteriores a la crisis, es decir, en torno a seis millones de euros al año. No hay que nosotros sepamos consignaciones presupuestarias de las instituciones en 2018 para este fin. Pero insisto en que es algo fundamental.

- La ciudad está viviendo un gran momento creativo con iniciativas como Bilbao Arte y otras más particulares en entornos como el de Bilbao La Vieja. ¿Tienen alguna estrategia para acercarse a ellas?

- Hay una parte muy visible en el cambio de la ciudad, el aspecto urbanístico, y hay otra menos visible pero enormemente satisfactoria e interesante, el aumento de la comunidad artística y creativa. Yo creo que en eso el museo habrá jugado un papel, y tengo claro que hay que reforzarlo. TPero soy consciente que ahora mismo no tenemos una estrategia clara sa este respecto, y que hay que plantearla más pronto que tarde.

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