Veinte mil leguas de viajes femeninos

Dos años y medio en moto. Arquitecta y motorista, sufrió varios accidentes cuando daba la vuelta al mundo (56.000 kilómetros) a lomos de su BMW entre 1982 y 1984./
Dos años y medio en moto. Arquitecta y motorista, sufrió varios accidentes cuando daba la vuelta al mundo (56.000 kilómetros) a lomos de su BMW entre 1982 y 1984.

El libro 'Intrépidas' ofrece 25 relatos de valientes exploradoras que revelan que la aventura también es cosa de mujeres

IRATXE LÓPEZSAN SEBASTIÁN.

El mundo es amplio y, aunque a veces parezca que solo ha sido surcado por hombres, son muchas las mujeres que a lo largo de la Historia se han lanzado a conocerlo. Tildadas de locas a veces, ignoradas en ocasiones, esas aventureras desoyeron los consejos de quienes pretendían infundir cautela en sus conciencias. Escucharon el aliento de un interior que gritaba ¡hazlo! y partieron por tierra, mar y aire, subidas a bicicletas, coches, barcos, naves espaciales o a sus propias botas para romper límites territoriales y mentales en pos de una misma meta: decidir su destino.

La editorial Pastel de Luna acaba de publicar el libro 'Intrépidas' con el afán de presentar a veinticinco de estas exploradoras. Escrito por Cristina Pujol con ilustraciones de Rena Ortega, comienza en la Hispania del siglo IV con el periplo de Egeria, autora de uno de los primeros diarios de viajes, escrito mientras recorría en burro lugares de los que había leído en la Biblia. No fue la única empeñada en sumar kilómetros a sus sueños.

Elspeth Beard (1959-) No sin mi moto

El rugido de la BMW se convirtió en fiel compañero para esta inglesa durante su vuelta al mundo en moto. Un desengaño amoroso la hizo ponerse el casco. Buscó patrocinio en la revista 'Bike', pero la contestación fue tajante: «En un principio iba a responderte mi colega Brecon, pero no ha podido porque sigue con la boca abierta y su lengua bloquea las teclas de la máquina de escribir. (...) En cuanto a mí, me encantaría patrocinar tu viaje, pero creo que sería tirar el dinero a la basura y que vas a ser una vergüenza para Londres».

Nadie apostaba por ella; ni su familia. A pesar de todo, partió en 1982 con solo 22 años. Antes de irse había desmontado y vuelto a ensamblar pieza a pieza el vehículo para dominarlo. Superó averías, accidentes, la hepatitis y la disentería. Se salvó por poco de varias agresiones sexuales. Dos años y medio tardó en completar el reto. Además de lograrlo, volvió a encontrar el amor en Nepal.

Lynne Cox (1957-) Voluntad hecha brazada

El 7 de agosto de 1987 se puso su traje de baño para sumergirse en las gélidas aguas de Alaska. Quería completar a nado el recorrido entre las dos islas Diómedes, en el estrecho de Bering. Una estadounidense, la otra rusa. La idea había surgido doce años antes, en plena Guerra Fría. Acababa de cruzar el estrecho de Cook, en Nueva Zelanda, rodeada por decenas de delfines. Y pensó que el deporte podría unir lo que la política separaba.

Nadando en aguas a solo tres grados, tardó dos horas y seis minutos en cubrir los 3,6 kilómetros. Cuatro meses después, Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan firmaban un acuerdo para desmantelar misiles nucleares. El presidente ruso dijo durante su discurso: «El verano pasado una valiente americana llamada Lynne Cox mostró con su coraje lo cerca que viven nuestros pueblos».

Yunko Tabei (1939-2016) Diosa en la cumbre

Medía 147 centímetros y pesaba 49 kilos. Nadie era capaz de sospechar la tenacidad que escondía. La primera mujer en coronar el Everest salió ilesa de una avalancha. Le costaba respirar y no podía levantarse, pero coronó la cima a 8.848 metros. Era 16 de mayo de 1975. Sabía que la fuerza de voluntad mueve montañas... y humanos que las retan.

La gesta pulverizó estereotipos en su Japón natal y en el mundo entero. Había fundado un club femenino de montañeras en 1969 y ascendido con sus compañeras al Anapurna III un año después. Quince se apuntaron a la expedición al techo del mundo. Debieron coser los sacos que utilizarían y reforzar sus guantes con lonas de coche, pues apenas encontraron patrocinadores, ya que la mayoría juzgaba que su lugar estaba en casa. Ni la nieve ni las rocas acabaron con ella; lo hizo un cáncer al que se enfrentó con calma y su eterna sonrisa.

Amelia Earhart (1897-1937) La dama del cielo

Cuando aterrizó en Irlanda, un pastor se acercó para preguntar si venía de lejos. «Desde América», respondió satisfecha. Acababa de convertirse en la primera aviadora que cruzaba el Atlántico. Era el 20 de mayo de 1932 y tardó catorce horas en conseguirlo. Como no tomaba café ni té, consiguió mantenerse despierta oliendo sales.

Su esposo, publicista, la convirtió en una estrella mediática. Earhart había fundado el Club de las 99 junto con otras 98 pilotos para luchar a favor de la igualdad en la aviación. El 1 de junio de 1937 despegó para convertirse en la primera aviadora en dar la vuelta al mundo. Su pista se perdió el 2 de julio cerca de la isla Howland, en el Pacífico, pero su nombre quedó inscrito para siempre en la Historia.

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