Trágico día de huelga en Vitoria

Trágico día de huelga en Vitoria
ILUSTRACIÓN IVÁN MATA

Aquel 3 de marzo de 1976, a través del pensar, del transitar, del vivir de diez personajes, envueltos y amasados en páginas de la historia |

Santiago Aizarna
SANTIAGO AIZARNA

Hay novelas para las que su principal apoyo argumental reside en hechos históricos. Y que, hasta tienen la suerte de ser los más vendidos en esa pugna que siempre se establece en las librerías y sus escaparates ante la salida de un nuevo libro. Que esa ayuda a la imaginación y a la inspiración se vea luego refrendada por una fiel narración de lo ocurrido, sería cosa de estudio o debate. Pero hay, también, otro factor muy a tener en cuenta: la narración escueta de lo que ha ocurrido solamente tiene una facies, una sola cara, mientras que ese mismo hecho, visto, recogido y, sobre todo narrado por varios testigos tiene tantas versiones como personas se nos hayan puesto a contarnos. Quizás, es por ese detalle de la fidelidad debida al escenario y al desarrollo y a las aventuras en ese tiempo ahí ocurridas es por lo que algunos prefieren leer las historias escritas por autores que investigan seriamente lo ocurrido, pero lo que sucede es que toda historia tiene, según como se cuente, su mejor o peor sabor que depende del poderío, gracia, amenidad, etcétera, del narrador, que está claro que la 'Guerra y Paz' contada por Tolstoi no es la misma que la que pudieran contar, una por una, sus personajes, extraídos de las variadas familias y lugares que, como un croupier narrativo tan hábil reparte juego, introduciéndose en mentes, deseos, proyectos, etc, de sus personajes, que es ésta, una manera, la mejor quizás, para ir completando la historia.

Es éste, precisamente, el método elegido por Juan Ibarrondo, para darnos conocimiento de lo ocurrido en aquel día, 3 de marzo, en Vitoria, como lo explica en el epílogo de este libro, en donde se pregunta, recordando «las palabras de un gran periodista» (atribuido a Robert Fisk) que escribió su crónica de un hecho de sangre, en Ayacucho (Perú), que «Cuando uno llega a una aldea donde los cadáveres se amontonan tras el paso del ejército, debe dejar de lado la equidistancia periodística y llorar con los supervivientes». «Ya llegará el tiempo de la razón, de la valoración de los datos, de la comparación de versiones. Ahora es el momento de compartir, de ayudar a reconstruir los lazos invisibles y a veces frágiles que unen a las personas, en comunidad, en la lucha común contra la injusticia», se dice, mientras contempla los «ataúdes -pequeños y rústicos- a hombros de hombres y mujeres, pequeños y orgullosos que atraviesan el pasto con pasos seguros, al ritmo de la quena, la chirimía y el tambor», que vayamos ahora al escenario de la historia más o menos real o novelada que se nos cuenta y que, sucinta en la contraportada, nos dice: «Vitoria, invierno de 1976. Pese a que el dictador Francisco Franco ha muerto, el anhelado cambio político no llega y el Régimen continúa gobernando con mano de hierro. En Vitoria, los trabajadores llevan meses reivindicando mejoras laborales y han convocado huelga general para el 3 de marzo. En este contexto, mientras líderes obreros como Javier o el Rubio difieren en cuanto hasta dónde llegar en la lucha, Begoña y Mikel, jóvenes y enamorados, reparten pasquines y trabajadoras como Blanca o Loli incorporan nuevas reivindicaciones, como el derecho a los anticonceptivos o las guarderías. Enfrente, el Régimen se divide entre quienes abogan por ceder algo para que todo continúe igual y los partidarios de dar un escarmiento. El resultado de todo ello ya es historia: cinco obreros serán asesinados por la Policía. Treinta años después, en la Vitoria-Gasteiz de 2006, los protagonistas de esta novela rememoran las luchas de aquellos meses dramáticos, pero también ilusionantes. Se cuentan así dos historias paralelas en tono de thriller político: las huelgas de 1976 y el devenir vital de algunos de sus protagonistas, con la historia reciente de Euskal Herria como telón de fondo».

Diez personas ( Begoña, Ana, Mikel, José Luis, Aitor, Loli, Eduardo, Javier, Blanca, El Rubio), algunos o todos reales o imaginarios son los que batallan en sus recuerdos de aquellos tiempos hábilmente citados a ocupar su puesto de protagonistas por Juan Ibarrondo, «nacido en Vitoria-Gasteiz, en 1962, que es autor de las novelas 'Metamorfosis', 'Las ruinas de la Catedral Nueva', o 'Retazos de la Red' y el ensayo 'Convertir el tiempo en oro'. Como guionista, ha participado en la película 'Vitoria 3 de Marzo' y como asesor de guión en el documental 'Mariposas en El Hierro', entre otros. Asimismo, es columnista y colaborador en distintos medios de comunicación. Activista en distintos movimientos sociales y en defensa de los Derechos Humanos, ha realizado trabajos sobre memoria histórica, derechos sociales o conflictos internacionales».

Además de lo antes ya citado de lo que su prólogo ofrece, pudiera añadirse una referencia a la cárcel de 'Madrid, Carabanchel 1976-2006', donde «el ambiente es trepidante y Javier y Rufino llevan dos meses allí, desde que fueron detenidos en Vitoria»; y, en otro texto, cómo en los pasillos del hospital, mientras dos auxiliares limpian sus habitaciones, Begoña lee una noticia a Wilson, otro de un Concierto y de cómo El Rubio abandona el Buesa Arena confundido entre el gentío; otro sobre la estancia de Mikel en la cárcel; también sobre una noticia sobre incidentes ocurridos en Perú y algunos informes más de lo que ocurrió «tantos años después» del día 3 de marzo de 1976.

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