«El acoso escolar ha mutado en las redes sociales para sobrevivir»

El escritor Toni Hill./
El escritor Toni Hill.

El escritor catalán recrea la vida de los pueblos del cinturón rojo de Barcelona en la novela negra 'Tigres de cristal'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Los barrios de algunas ciudades catalanas en los años 60 y 70 parecían pueblos andaluces o extremeños que hubieran sido transplantados del sur al norte de la península: familiares cercanos y lejanos, amigos y conocidos, emigraban en busca de una oportunidad mejor. El escritor Toni Hill (Barcelona, 1966) recrea esta atmósfera e introduce una trama de novela negra en su nueva obra, 'Tigres de papel' (Grijalbo).

Víctor, Juanpe, Ismael y Joaquín son cuatro niños que comparten juegos y aventuras en Ciudad Satélite, un barrio de Cornellá. Allí ocurre un acontecimiento que cambiará la vida de todos para siempre. «Es una época muy interesante, y más si la analizas desde el punto de vista de los niños», destaca el escritor, que adelanta que el acoso escolar ha cambiado desde los años 60 hasta la actualidad. «Ya no es tan físico como antes, ahora se da en las redes sociales. Ha conseguido mutar en las redes sociales para sobrevivir», relata Hill, creador de la trilogía del inspector Héctor Salgado: 'El verano de los juguetes muertos', 'Los buenos suicidas' y 'Los amantes de Hiroshima', además de publicar 'Los ángeles de hielo' y de trabajar como traductor.

La Ciudad Satélite se creó de la nada en pleno desarrollismo franquista. «No había aceras y por supuesto, no había colegios ni otros equipamientos básicos», cuenta el escritor. A esos lugares llegaba la gente y levantaba chabolas, hasta que Franco las prohibió. «Incluso la Guardia Civil se situaba en la estación de tren de Barcelona y obligaba a los que venían a volver a sus pueblos. Obviamente, estos volvían a intentarlo y lo acababan consiguiendo», recuerda el autor. Viendo que no se podían poner puertas al campo, el Gobierno decidió entonces facilitar un hogar a esos emigrantes, que por otra parte, eran la mano de obra necesaria para el despegue industrial de Cataluña, y comenzaron a levantarse grandes bloques de edificios.

Pero Hill, que llegó a Ciudad Satélite en los años 80, niega la imagen de que todo en esos barrios fuera marginalidad. «Cuando estabas fuera y decías que eras de Ciudad Satélite, la gente te miraba raro. Pero los que vivíamos allí no teníamos miedo. En los 80 había mucha droga, como en muchas partes de España, pero no era marginal», insiste Hill. Cierto es que llegó gente analfabeta y que había pasado hambre, pero también muchos otros que acabada la mili, no querían regresar a su pueblo o que salían de él porque sus horizontes vitales eran mucho más amplios y deseaban conocer mundo.

«Lo que tenían en común era que querían trabajar duro para conseguir que sus hijos tuvieran un futuro mejor. Y a muchos de ellos les fue bastante bien. Esos hijos por los que tanto pelearon consiguieron llegar a la universidad y tener buenos trabajos». Aquellos padres eran personas que querían integrarse en Cataluña. «Fueron ellos los que pidieron la escolaridad en catalán porque se daban cuenta de que si no, sus hijos estaban en desventaja. No fue una imposición política y esa gente se adaptó muy bien, sin problemas, hasta que las cosas se han salido de madre», subraya Hill asevera Hill, que achaca a la Cataluña burguesa el tópico de que todos los que arribaron eran iguales: «Todos pobres, todos analfabetos y todos tenían que estar muy agradecidos. ¡Pues no!». Pero a la vez, ahora que ha estallado el conflicto catalán, el escritor rechaza la etiqueta de «equidistante» para quien intenta poner el foco en la variedad de la sociedad catalana.

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