¿No sabes qué leer?

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¿No sabes qué leer?
Stop Time (Frank Conroy) La osadía de escribir una autobiografía con dieciocho años

Santiago Aizarna

Ponerse a escribir una autobiografía a los dieciocho años no deja de ser una audacia, una peligrosa temeridad si se jugara en ese empeño algo más que ideas, imaginaciones también pese a todo puesto que también forma parte de la realidad y consecuentemente de la experiencia. Y tinta (mucha tinta para ir llenando las más de cuatrocientas páginas de esta obra) y una muy animada disposición juvenil que le pareciera a su autor poder con todo. Pero esa intrepidez, coraje y sensación de potencia, encuentra bien pronto su premio, del que nos enteramos cuando Ricardo Fresán, en su excelente introducción y sopesando hechos y obras que se amalgaman en torno a lo que con este libro ocurrido, nos dice que «cuántos de esos primeros libros con semejante look y padrinos palmeándole la espalda resultan ser candidatos al National Book Award», una pregunta al aire cuya directa respuesta viene a continuación diciéndonos que «muy, pero que muy pocos. Sobre todo si, a ese primer libro, se le añade un detalle decisivo y, por entonces, nada frecuente: 'Stop-Time' era una memoir. Un libro autobiográfico de un completo y absoluto desconocido para el gran público, aunque la literatura norteamericana siempre se ha nutrido, desde sus orígenes, de lo autobiográfico».

Y, si cita, de primera intención, a Mark Twain y Louisa May Alcott y Herman Melville, muy pronto se extiende a darnos una larga lista que, si se engrosa con Ernest Hemingway y Francis Scott Fitzgerald y William Faulkner y Thomas Wolfe, el síntoma se agudiza e intensifica y como se acuerda de tantos, ahí van los nombres de John Cheever, Philip Roth, John Fante, Harold Brodkey, Henry Miller, John Irving, Henry Roth, Jack Kerouac, Edmund White, Kurt Vonnegut, Stephen Dixon, Joseph Heller, Bret Easton Ellis, James Salter, Hunter S. Thompson, William Maxwell, David Foster Wallace, Charles Bukowski, Barry Hannah, Saúl Bellow... Algunos, incluso, metiéndose en grandes problemas por no dejar del todo claro dónde termina el verídico «Hubo una vez...» y comienza el fantasioso «Había una vez...», como en los polémicos casos de «mentirosos» como J.T. Leroy y James Frey».

Para dejar constancia de lo que ocurrió en dicha ocasión, nos aclara que «el libro de Frank Conroy resultó finalista en la categoría de amplio rubro 'Arts and Letters', donde se impusieron los Selected Essays de William Troy. Los observadores de entonces aseguraron que, de haber competido como 'Fiction' -donde ganó el ya clásico Thornton Wilder con 'El octavo día', considerado un premio de compromiso ya que ninguno de los jueces tenía un título favorito-, probablemente Conroy habría recibido el galardón». En una entrevista, años después, Conroy (Nueva York, 1936), director del prestigioso Iowa Writers Workshop durante casi 20 años y autor de varios libros, recordó: «La cultura juvenil del momento pasaba por las drogas y los beatniks y el amanecer de una revolución. Y de pronto aparecí yo con un libro muy tradicional en su tema, pero del que, formalmente, no se podía precisar si era ficción o no ficción. Justo antes de que entrara en imprenta, mi editor me llamó y me preguntó cómo debíamos definirlo y a qué género pertenecía. Y yo, sin pensarlo demasiado, le respondí que todo lo que contaba el libro había sucedido de verdad. Así que se presentó en no ficción, lo que produjo un cierto desconcierto cuando sus primeros capítulos se publicaron como avance editorial en The New Yorker, en 1965, porque por entonces casi nadie había utilizado técnicas de la ficción para escribir sobre situaciones reales. En el libro, mi nombre permanece, pero cambié el del resto de los personajes».

Lugar común

«Un año después, 'A sangre fría', de Truman Capote, y tres años después Norman Mailer con 'Los ejércitos de la noche', convertirían todo el concepto en moda y lugar común y maniobra establecida. Y sí, new journalism y non-fiction novel y los hippies-chic de Tom Wolfe y los charlies de Michael Herr y... Pero, detalle importante, tanto Capote como Mailer ya eran figuras públicas y, además, eran bestsellers».

En la introducción a este libro, en esas veintiséis páginas de ese texto, Ricardo Fresán analiza muchos de sus aspectos, y su lectura sirve como excelente preparación para cuando viene esta excelente ocasión de adentrarnos en sus páginas y de cerciorarnos de qué excelente manera Frank Conroy nos da parte de tantas impresiones, emociones, experimentaciones, idearios, de sus andanzas por los varios lugares por donde transita, que, si por una parte sabe entrañarnos como compañeros en sus viajes, por otra parte nos deja la impronta, el claro espejo de cómo una mente juvenil se mueve tanto por el mundo por el que se mueve como por las interioridades de su sentir y de reacciones y afecciones de todo tipo, dentro de un estilo y formas literarias en lo que más admirable resulta ser, que es la de su mente juvenil hablándonos de cómo esa su sensibilidad siente y contempla.

Stop time

Autor: Frank Conroy

Editorial: Libros del Asteroide

Páginas: 424.

Precio: 22,95 euros

Jamaikako neska (Joxemari Iturralde) Hizketan irautea

Javier Rojo

Jamaikan jaiotako jatorri euskalduneko neska bat, Dafne deitzen dena, hizketan hasten da bere bizitza kontatzeko. Ez dago argi zein testuingurutan dagoen, non kokatu behar den hizketaldi hau, ezta nori hitz egiten dion ere, ba-tzuetan pertsona jakin bati min-tzo zaiola ematen duen arren. Hizketaldiaren nondik norakoak estaltzen dituen zehaztugabetasun hau Joxemari Iturralderen Jamaikako neska izenburuko nobela honen beste alderdietara ere hedatzen da. Neskaren bizitza kontatuko duela ematen du, baina zaila da protagonista narratzaile honen irudia eraikitzea, bere adina-eta zeharka baizik ezin baitugu jakin, eta hori gutxi gorabehera ere. Pertsonaia hizketan hasten da eta familia kontuak, berak bizi izandakoak, adiskideek berari kontatutakoak plazaratzen ditu, anekdota bilduma osatuz. Teorian gauza asko dakizkigu pertsonaia honetaz, baina ematen zaigun informazio horrekin bera den puzzlea osatzen saiatzen bagara, konturatuko gara hala moduzko irudi lausoa agertzen zaigula: ezin da hari narratibo argirik eraiki, kontatzen den horrekin guztiarekin nekez osatu baitaiteke kronologiarik. Pertsonaia Amerikan eta Europan ikusten dugu, Argentinan edo Mexikon, Holandan zein Euskal Herrian, eta ematen dituen bidaia horietan zehar hainbat eta hainbat pertsonaiarekin topatzen da, zein baino zein bitxiagoak. Bakoi-tzak bere anekdota bereziak ditu, eta pertsonaiei gertatutakoak kontatzen ez direnean, pertsonaiek entzundako istorioak agertuko zaizkigu, liburuaren argumentua nora ezean eta saltoka dabilelarik. Batzuetan nobela pikareskoaren zenbait ezaugarri dituen idazlanaren aurrean dagoela begitanduko zaio irakurleari, edota bidaian oinarritutako abentura nobela… Edonola ere, hainbeste gertakari eta bizipen estrafalario, hainbeste xelebrekeria agertzen zaizkio, istorio baten barruan beste istorio bat azaltzen delarik, non hauen arteko loturen arrazoiak lausoturik geratzen baitira. Hari nagusi argi horren faltan, anekdota bilduma hau batzuetan nekagarria gertatzen da, irakurleari arnasa hartzeko betarik ematen ez zaiolarik. Azken finean hizketan irautea da inportanteena, istorioak etengabe kontatzea bizitzearen parekoa da-eta.

Jamaikako neska

Egilea: Joxemari Iturralde

Argitaletxea: Pamiela

Orrialdeak: 240.

Prezioa: 16 euro.

Sánchez (Esther García) En las antípodas del cielo

Iñigo Urrutia

Un Madrid espectral y dos extraviados protagonizan esta pintura negra de Esther García Llovet (Málaga, 1963), segunda entrega de su 'Trilogía instantánea de Madrid'. Nikki, que trapicheó tabaco en La Línea, y Sánchez, superviviente con el estigma de ser gafe, se reencuentran tras tres años de separación, cuando rastrean la noche, agazapados a la búsqueda de alguna oportunidad, algún palo que les dé un respiro.

Una fórmula que es ya su estilo de vida. Nikki recuerda sin nostalgia que «yo antes era filóloga, sí, iba a ver pelis iraníes, dejaba propina, adelantaba por la izquierda. Hay que ver qué rápido acaba la ruina con la vergüenza». Sánchez, «en algún momento de pánico había preferido esta vida de todo en un día, la cosa rápida, los asuntos concretos que siempre salen mal». Ahora, alquila pisos piloto y debe dinero, de manera que acepta ayudar a Nikki a conseguir un galgo para una carrera clandestina. El que tiene Bertrán, prestamista y pijo «de los que acaban haciéndose coach motivacional o grabando programas multiaventura o abriendo una galería de arte alternativo en Urgel».

Nikki y Sanchez se mueven por la jungla periférica de arrabales con gasolineras, descampados con o sin chabolas y garitos de parroquia exclusivamente lumpen: autónomos de hurtos, cambiazos, butrones, trapicheos, triles... a la que salte. Durante una noche de San Lorenzo interminable mientras buscan al galgo, su particular estrella fugaz para seguir creyendo en algo, porque «la realidad es gratis. Pero no barata», Nikki rememorará episodios y situaciones tan extravagantes como reales, desde los 'palos' a pardillos por retiros espirituales con ayahuasca a una perfomance artística consistente en comer carne cruda durante veinticuatro horas.

García Llovet retrata con un lenguaje seco, depurado de florituras, y diálogos escuetos, contundentes, con las palabras justas, una noche madrileña inquietante, poblada de seres al acecho que se mueven en una atmósfera hiperreal, como un antídoto del «de Madrid al cielo», de García Hortelano.

Sánchez

Autor: Esther García Jovet

Editorial: Anagrama

Páginas: 130

Precio: 16,90 euros