Escritora
Rosa Díez-Urrestarazu: «Las madres vivían en Fraisoro el drama de dejar a su hijo en adopción»La escritora donostiarra denuncia en su nueva novela, 'Cuando brillan las manzanas', «la doble moral» que marginaba a las mujeres embarazadas sin casarse, y el caso de la 'inclusa' guipuzcoana
Dice que ha querido «reflejar el sufrimiento callado de todas aquellas mujeres que se veían obligadas a ocultar su maternidad durante el franquismo». La periodista ... y escritora donostiarra Rosa Díez-Urrestarazu publica 'Cuando brillan las manzanas', su segunda novela, «mi homenaje a la fuerza y valentía con que salieron adelante tantas mujeres a pesar de la adversidad y la doble moral de la época».
La autora, conocida por su trabajo informativo en ETB y sus colaboraciones en las páginas de Opinión de El Diario Vasco, se centra en el caso de Fraisoro, la 'inclusa' guipuzcoana que dejó de funcionar a mediados de los 90 y donde nacieron o fueron recogidos hasta 12.000 niños en sus 80 años de historia.
– ¿Qué ha querido transmitir con esta historia?
– Para mí el tema principal es recordar a aquellas mujeres que vivieron en una sociedad de doble moral que declaraba proscritas a las madres que se quedaban embarazadas sin casarse y se veían obligadas a entregar a sus hijos en centros como Fraisoro. La sociedad 'obligaba' a ocultar esos embarazos no deseados. Por eso mi dedicatoria es expresamente a aquellas mujeres que se vieron obligadas a ocultar su embarazo en una sociedad dominada por el nacionalcatolicismo, donde todo era pecado. La sociedad ha cambiado ahora tanto, afortunadamente, que un joven de 20 o 25 años de hoy no pueda entender aquel sufrimiento.
– Es una historia hoy no tan conocida.
– Lo terrible para esa mujeres que entregaban el hijo en adopción es saber que un fruto de tu vientre anda por el mundo y tú no sabes nada de él. La mayoría de aquellas mujeres rehizo su vida, tuvo otros hijos, pero mantiene de por vida ese secreto. Con esta novela me está ocurriendo que viene gente a contarme historias terribles. Conocí a una persona que había nacido en Fraisoro, concretamente, y otro caso de una mujer que al final de su vida pidió localizar a su hija biológica porque quería conocerla. Y no era lejos de aquí: era una abuela de Donostia que al final supo quién era su hija biológica.
– En la novela se ve el abanico de mujeres que pasaban por Fraisoro, desde mujeres de la 'alta sociedad' hasta jóvenes que quedaban embarazadas de hombres casados...
– Sí. Hay quien piensa que quienes iban a centros como Fraisoro eran, peyorativamente, mujeres del servicio o humildes. Pero en Fraisoro había también una zona que llamaban «para las distinguidas», que podían ir en el quinto mes de embarazo, mientras las demás no entraban hasta el séptimo mes. Era una forma de garantizar a esas mujeres de buena sociedad el secreto total. De cara a la galería se decía que «la chica ha ido unos meses a estudiar fuera de San Sebastián», así que luego volvía, después de dar a luz, y nadie sospechaba.
– Fraisoro es el epicentro.
– A la gente joven ni siquiera le suena ahora el nombre de Fraisoro. Como mucho les recuerda al centro agrario. ¿Había ahí una inclusa?, preguntan. Nunca se ha hablado con claridad. Y eso que funcionó hasta mediados de la década de los 90. Se creó a principios del siglo XX. En 80 años pasaron por Fraisoro 12.000 niños, entre los que nacieron ahí mismo o se entregaron en el torno. Es un dato escalofriante. La mayoría eran guipuzcoanos, pero también había navarros o alaveses y de otras zonas.
– En ese punto sitúa a sus personajes.
– Fraisoro es el lugar donde se juntan las protagonistas de mi novela, Alejandra, Luciana y Jimena, ejemplos de tres maneras bien distintas de vivir esa experiencia.
– La novela tiene cierto aire de 'folletón' en el mejor sentido de la palabra, como una historia que atrapa con las peripecias al límite de los personajes.
– Sí, no me molesta que lo digas. Es un dramón, sí, y también hay mucha gente que ve en la novela una historia muy audiovisual. Al escribir intento visualizar al máximo la historia. En Neguri quedan pocos casones como el del libro, y hay escenas clave en el Náutico de Donostia.
– Esos 'otros' escenarios son claves en la historia.
– Euskadi tiene escenarios muy literarios para cualquier tipo de drama, desde una comedia hasta novela negra, ahora que hay tanto título en esa línea. Biarritz, Neguri y Donostia son propicias para mi protagonista, una mujer de alta sociedad. Son escenarios con estilo, muy literarios y con señorío.
«Se calcula que hasta 12.000 niños nacierono fueron dejados en Fraisoro en sus 80 añosde historia»
– Su pasión por la gastronomía también se intuye en la novela.
– Soy muy aficionada, colecciono libros de gastronomía. De los dulces de Biarritz a las manzanas de Fraisoro, también hay de eso en la novela.
– El simbolismo de la manzana llega hasta el título del libro.
– Las manzanas son como un hilo conductor. En Fraisoro hubo en su día un manzanal muy extenso: era el lugar ideal para las confidencias. A la sombra de un árbol se pueden mantener conversaciones íntimas. En Euskadi hay más de cien variedades de manzana, es algo muy identitario de nuestra cultura y de la supervivencia de nuestros caseríos. En los caseríos había un lagar no solo para consumir sidra en casa, sino como elemento de trueque para tene aceite u otros productos. La manzana era un elemento de subsistencia. Aunque el tema de las madres en esta situación es universal, el manzano da identidad. El roble es un elemento identitario político y el manzano está unido a la sociedad.
– La trama transcurre en los 60.
– Es una época en la que empieza a florecer la economía y llegan tiempos de bonanza, pero la sociedad sigue con esquemas muy antiguos. Es una década muy interesante.
– ¿Cómo conjuga periodismo y literatura?
– Adoro las dos actividades. El periodismo es estar al pie de la noticia, la actividad diaria, y la literatura es un ejercicio más sosegado que requiere mucha disciplina. Yo escribo todos los días, muy temprano, de siete a nueve de la mañana, cuando hay silencio. Podría decirse que en la literatura puedes abrir más reflexiones propias y el periodismo es la objetividad. Alguien dijo que el periodismo es el esposo y la literatura es el amante.
¿Tienes una suscripción? Inicia sesión