'Querido hijo', duelo por un grafitero

'Querido hijo', duelo por un grafitero

Carlos Fresneda recrea la vida de su hijo, Alberto, en un viaje por la experiencia del horror, por tres países e ideas del arte

IÑIGO GURRUCHAGALondres

A la una y cuarto de la madrugada del 18 de junio de 2018, Alberto Fresneda Carrasco, de 19 años, Jack Gilbert, de 23, y Harrison Scott-Hood, también de 23, murieron como consecuencia de las lesiones que les causó un tren cuando intentaban evadir el atropello, guarecidos entre un pretil y la vía, cerca de la estación de Loughborough Junction, en el sur de Londres.

La noticia de la muerte de tres jóvenes grafiteros golpeados por un tren se publicó a media mañana, tras el descubrimiento de sus cuerpos, y en la tarde fueron identificados. Alberto era el hijo de Carlos Fresneda, corresponsal de 'El Mundo' en la capital británica, y de Isabel Carrasco.

Al día siguiente, Fresneda asombró a sus colegas de la Asociación de la Prensa Extranjera, asistiendo a primera hora de la mañana a un encuentro con dirigentes del partido irlandés, Sinn Féin. En los días siguientes, la familia congregó a sus amigos, y especialmente a los de 'Alby', en una ofrenda junto a la estación donde ocurrió la tragedia y en un sencillo funeral en el cementerio de Golders Green.

Carlos Fresneda ha publicado ahora 'Querido hijo' (La Esfera de los Libros). «Estoy llorando por dentro, pero no me salen las lágrimas», escribe el autor para iniciar un relato que hemos leído compulsivamente quienes sentimos la muerte de Alberto con emoción íntima, pero que llevará a lectores más distanciados a un viaje estremecedor y gratificante.

En cerca de trescientas páginas, Fresneda, un periodista polifacético y con persistente interés por la ecología del planeta y de la vida, alterna retazos sobre su sentir con incursiones en las filosofías y la literatura del duelo- 'Mortal y Rosa', del también 'huérfilo' Francisco Umbral, como uno de los libros de cabecera-, o indagaciones sobre la cultura del grafiti.

Los padres y los dos hermanos de Alberto emprenden un viaje con las cenizas, para depositarlas en las ciudades que definen la biografía de un joven nacido en Nueva York, fallecido en Londres, con raíces familiares en Madrid y en la localidad extremeña de Herrera del Duque, y que pasó veranos encantadores de playa y de mar en la gaditana Conil de la Frontera.

El libro avanza por ese peregrinaje acumulando testimonios sobre el extraordinario talento de Alberto para el dibujo, la música, el diseño de ropa, el comercio, el monopatín o el grafiti. Se había matriculado para desarrollar sus ya amplios conocimientos de las artes antes de fallecer. Tenía una vitalidad desbordante, entablaba amistades allí donde estaba.

Morir por un tag

Quienes asistimos a los primeros actos del duelo vimos admirados la llegada a la estación de Loughborough Junction de una treintena de amigos londinenses de 'Alby', sobrecogidos por la pérdida, y su manera de estar en el cementerio, congregados en un círculo en el jardín arbolado, apoyándose unos a otros recordando a su amigo.

Fresneda ha hablado con todos y ha reconstruido sus relaciones con su hijo, ofreciendo a los lectores un entendimiento fresco de sus inquietudes y aspiraciones. Reconstruye también las vidas de Jack Gilbert y Harry Scott-Hood. Traza la reacción de grafiteros en medio mundo, que les han homenajeado pintando sus 'tags': 'Trip', es Alby; 'Lover' es Harry; 'Kbag' es Jack.

El periodista de 'El Mundo' habla también con la familia de Ignacio Echeverría, el joven abogado asesinado cuando se interpuso para salvar a una víctima de los islamistas que perpetraron un acuchillamieno múltiple en Londres, en junio de 2017. 'El héroe del monopatín' ha sido reconocido por su generosidad poniendo en peligro su propia vida para enfrentarse a la barbaridad de la que era testigo.

Alberto y sus amigos no recibieron elogios públicos y sí algunas críticas. ¿Qué lleva a unos jóvenes inteligentes y creativos a encaramarse a lugares arriesgados para escribir su 'tag' o a pintarlo en el mayor número posible de ubicaciones? Fresneda penetra con sutileza en el territorio de las ideas sobre el arte, la huella y el riesgo, y ofrece pasajes brillantes sobre esa cultura juvenil.

«Hablar ayuda, sobre todo hacerlo con personas que han pasado por trances similares. Oír y compartir historias de pérdida ayuda a descubrir las cosas que se tienen en común con las historias de otros», escribe Isabel Carrasco en el epílogo. Este libro aviva en el lector la evocación de sus propios duelos, y es un aprendizaje luminoso sobre variadas formas de sobrellevar el dolor y sobre el viaje prodigioso y truncado de su hijo.