«Habrá otro proyecto similar al del Estado Islámico y creo que ya está en marcha»

El reportero beasaindarra Mikel Ayestaran publica 'Las cenizas del califato', un viaje a las zonas de Irak y Siria que vivieron bajo la ocupación del grupo yihadista

Mikel Ayestaran, en el puesto de control del Ejército sirio, a la entrada de Palmira. /Fady Maruf
Mikel Ayestaran, en el puesto de control del Ejército sirio, a la entrada de Palmira. / Fady Maruf
Alberto Moyano
ALBERTO MOYANO

Un año después de la publicación de 'Oriente Medio, Oriente roto', que va ya por su sexta edición, el corresponsal de El Diario Vasco en Jerusalén, Mikel Ayestaran (Beasain, 1975), publica 'Las cenizas del califato', un viaje a los territorios sirios e iraquíes que han soportado la ocupación del Estado Islámico. Tras la liberación, el panorama es desolador y el reportero beasaindarra lo cuenta en un relato en el que se mezcla la primera persona con las voces de las personas que encuentra en su camino. El resultado es una historia polifónica de gentes que, en su gran mayoría, no hacen la historia, sino que la padecen y cuya máxima aspiración es vivir en paz.

- En 2012, tras la emboscada al convoy de la ONU en la que se vio envuelto, me comentó que no volvería a Siria porque no se podía trabajar en condiciones. Sin embargo, volvió.

- Sí, vuelvo y vuelvo. Lo he hecho decenas de veces, pero cuando tienes un susto de ésos se te queda para siempre. Aquello me hizo recapacitar, medir mucho más los movimientos y ser más cauto. Y he vuelto, sí, pero sin olvidarme de aquel percance.

- 'Las cenizas del califato' arranca con una conversación en Jerusalén, en la que su interlocutor le dice: «Céntrate en Siria porque ese es el objeto de deseo de todos».

- Y estoy totalmente de acuerdo. Si antes Siria era un país desconocido para la gran mayoría de la gente, hoy sigue siéndolo y yo creo que tenemos guerra para rato.

«Siria se ha convertido en un parque temático del terror: puedes elegir de qué victimas escribir»

- Durante años, se lamentó de que Siria era un «agujero negro informativo» por la imposibilidad de acceder a las zonas controladas por el Estado Islámico. ¿Salda este libro ese déficit informativo?

- Hay dos puntos. Por un lado, Siria se ha convertido en un parque temático del terror: puedes hacer un libro sobre las víctimas del régimen, del Frente Al Nusra o del Estado Islámico. Al final, tienes que elegir y en mi caso, lo que he hecho ha sido centrarme en el impacto del Estado Islámico en las zonas que ha tenido bajo control en Siria y también en Irak. Pero por otro lado, yo sólo trabajo en las zonas bajo control del gobierno, pero hay otras liberadas por Estados Unidos y por los kurdos, a las cuales no he tenido acceso. Y eso me da bastante pena, por eso no es un viaje completo, sino parcial. Sin embargo, creo que los protagonistas son los mismos, en un lado y en otro.

- Se queja de los tiempos muertos que pasa en Jerusalén, recopilando información. Pero sin todo ese conocimiento acumulado, sus informaciones sobre el terreno tendrían mucho menos valor.

- Eso es así. Me ha llamado la atención que cuando decides instalarte en la región, en mi caso en Jerusalén, tu trabajo se asemeja mucho al que puedes realizar en una redacción: llamadas telefónicas, hacer entrevistas con expertos, chequear datos... pero echas de menos el trabajo de enviado especial, que es el que más me gusta, pero son dos trabajos complementarios, estoy de acuerdo. Tampoco es perder el tiempo.

- Sin ese 'background' estaría perdido en una zona tan complicada.

- Exacto. Me parece que Jerusalén es una atalaya muy importante porque no estás en un lugar neutro que no tiene nada que ver con lo que sucede en la región.

- ¿Cómo se explica la torpeza de Occidente respecto a Oriente Medio al menos desde 2001? ¿Desconocimiento? ¿Mala fe? ¿Intereses?

- Yo también me quedo perplejo. Creo que es una mezcla de todo. Ha habido una máxima desde el inicio de la 'guerra contra el terror' por parte de George Bush, que fue la apuesta exclusiva por la vía militar y es el que se ha aplicado una y otra vez, incluso cuando se ha visto que no ofrecía los resultados esperados. Sólo hay que mirar a Afganistán, Irak o Libia. Desde Occidente, no hemos sabido aprender de los errores y hemos seguido apostando por los mismos caminos. El caso de Siria es paradigmático porque ahí sí se ha intentado aplicar otro método, pero porque no teníamos ni idea y se ha estado buscando entre diferentes grupos armados alguno que pudiera llenar el vacío dejado por el Gobierno. Y el fracaso ha sido absoluto. Pero siempre, siempre, la vía militar no sólo es prioritaria, sino exclusiva. De hecho, aunque todos los estrategas y políticos nos dicen que lo importante viene después, lo vemos ya: el califato es historia, pero no se está invirtiendo, no se trabaja en preparar todas estas zonas para que vuelvan los civiles.

- Allí por donde ha pasado el Estado Islámico no queda nada, ni física, ni socialmente. ¿Qué tipo de proyecto tenían si, encima, sus mayores enemigos eran también musulmanes?

- Con este grupo sigo teniendo más preguntas que respuestas y hay teorías de la conspiración para todos los gustos. ¿Qué proyecto tenían? Según donde preguntes te darán una respuesta. Lo que está claro es que avanzaban con el Kalashnikov, pero también con un ideario, con el intento de implantar un Islam que yo siempre comparo con el que implantaron los talibanes durante su emirato hasta 2001. El proyecto político-religioso era ése, imitar a los talibanes, pero en el siglo XXI y en el corazón del mundo árabe. Eso por un lado. Por otro, desde el punto de vista práctico, era muy complicado. Establecer unas fronteras con unas banderas y un ejército para combatir contra fuerzas regulares se ha visto que era una apuesta suicida.

- ¿Qué creemos sobre el Estado Islámico y no es verdad?

- Que eran unos locos, unos tipos indocumentados que salen de la nada. No es así: este grupo no sale de la nada, tiene una trayectoria, tiene un pasado, tiene una estructura, tiene rodaje y, sobre todo, tiene muchos años de trabajo de insurgencia en primera línea contra EE UU en Irak. Estas gentes sabían a lo que jugaban y eran muy buenos. Además, todo el trabajo en redes sociales para la captación de seguidores -tanto en Oriente Medio como a nivel mundial- ha sido espectacular. Al final, la imagen que consiguieron crear de sí mismos era más grande de lo que realmente era el grupo.

«Lo que más echo en falta es una autocrítica en las sociedades árabes respecto a lo ocurrido»

- ¿Y en Oriente Medio sobre Occidente que no sea cierto?

- Hay algo que pasa en todos los conflictos, también pasaba en el vasco y también pasa aquí: la culpa nunca es de los de casa, siempre de los de fuera. En el caso del Estado Islámico, según donde preguntes te van a decir que es un invento de los iraníes para atacar a los suníes; si preguntas en otro sitio te van a decir que son los israelíes los que pagaban para reventar el mundo árabe; por supuesto, están los americanos, la culpa de todo siempre es de los americanos. No hay un mínimo de autocrítica por parte de las sociedades árabes para reconocer que estamos hablando de una visión ultraortodoxa del Islam generada y financiada desde un país de la región que se ha expandido a base de petrodólares. Y es ese punto de vista autocrítico el que más echo de menos, pero bueno, al final cuando hablas con la gente de la calle está mucho más preocupada por las necesidades básicas: comer, dormir, tener una casa y seguridad, que es lo que más en falta echa todo el mundo. Estamos hablando de dos países como Irak y Siria, que tenían gobiernos dictatoriales, pero el ciudadano medio tenía seguridad, siempre que por supuesto no se metiera en política. Y eso desaparece de la noche a la mañana.

- En 'Las cenizas del califato' se llega a una conclusión desoladora: los habitantes de estos países sólo conocen la seguridad bajo dictaduras.

- Exacto. Por eso la fórmula que la gente pide es la de 'dictaduras clementes'. Tal cual. Por ejemplo, no hay más que ver las últimas elecciones en Irak, con niveles de participación bajísimos y con un desencanto muy fuerte, e incluso los chiíes añoran la época de Sadam Hussein. Te dicen que antes tenían un Sadam y ahora tienen mil 'sadanes' y cada uno con un turbante diferente. En el caso de Siria, tenemos a Bashar al Assad, que resiste con el apoyo de Irán y Rusia, y el problema es que en las zonas fuera de su control -las que tienen los estadounidenses, los kurdos o los grupos armados del sur- tampoco el modelo que se está ofreciendo a la población es una alternativa factible.

- ¿Cree que resurgirá el Estado Islámico, aunque sea en otro formato y bajo otra denominación?

- Creo que tendremos un proyecto similar. Ya está en marcha, sobre todo, porque han vuelto a la insurgencia, que es el terreno en el que mejor se manejan y donde han demostrado ser unos auténticos maestros, como se vio durante toda la postguerra contra EE UU. Aunque han sufrido un número de bajas importantísimo, ahí siguen y tienen público.

- ¿Qué pasa con los 'retornados'? Se nos dijo que sembrarían el pavor en Europa.

- Creo que estamos también en ese sobredimensionamiento del Estado Islámico, gracias al éxito en la difusión de su mensaje a través de las redes sociales. Con los 'retornados' estamos en algo parecido.

«El Estado Islámico nos ha vendido muchas 'motos' gracias a su labor de marketing»

- ¿Es intencionado ese sobredimensionamiento?

- Hay una mezcla. Creo que hay algo de intencionado en este sobredimensionamiento, pero es que ellos también lo han hecho muy bien. Su trabajo de propaganda es buenísimo.

- ¿Ha sido la primera vez que hemos visto la mercadotecnia de última generación al servicio de un proyecto criminal?

- Todo el trabajo de marketing ha sido tremendo: en distintos idiomas, en formato papel y webs, en vídeos... Esto no lo habíamos visto hasta ahora. No necesitaban a la prensa para hacer propaganda porque tenían sus propios medios. De hecho, a nosotros nos han utilizado para sus vídeos. Esto lo intentaron hacer los talibanes y Al Qaeda con cintas de cassette y fotocopias, y esta gente tiene otras herramientas. Pero insisto: han logrado vendernos muchas 'motos' que eran absolutamente falsas.

- ¿Por ejemplo?

- Esa imagen de auténtico ejército de suicidas, gente dispuesta a inmolarse y a morir peleando. Eso se empezó a desmoronar cuando perdieron Mosul y vieron que no tenían ese halo de santidad, de superprotección que pensaban que tenían. A partir de ahí han llegado a pactos. En Siria han llegado a salir en autobuses. Al final, han recurrido a mujeres, a niños para intentar resistir. Se ha visto que no había tanta épica como nos habían vendido.

- En su narración, utiliza la primera persona para dar voz a otros, gente de la calle, milicianos, fixers, clientes de las teterías...

- Se trata de partir de algo muy concreto y cercano e intentar después abrir el foco para ofrecer una imagen más general, siempre, desde lo cotidiano. El 'feedback' que he tenido de 'Oriente Medio, Oriente roto' me ha servido para darme cuenta de que la gente se fijaba en detalles que yo escribía sin más, desde el nombre de las chocolatinas iraníes hasta cualquier detalle pequeño.

- El lector se queda antes con las galletas María de Bagdad que con el pademonium de grupos y milicias...

- He intentado hacer un texto cercano sobre una realidad lejana, sobre una problemática en torno a la que tengo más preguntas que respuestas. En el prólogo menciono una conversación que tuve con el escritor israelí Amos Oz y tenía razón en lo que decía sobre ese intento que tenemos todos de decir quién es el bueno y quién el malo. Todo tiene que ser blanco o negro y rápido, un efecto de tanto tuit y de tanta inmediatez. Al final, el tipo que está Mosul te dice que le da igual que le bombardee Bashar al Assad, George Bush o Vladimir Putin. Al final, le han matado al padre y le han dejado sin casa.

«Siempre llevo llaveros del Madrid y el Barça para los puestos de control»

- Presenta el libro este próximo miércoles 6 de junio en Donostia. ¿Cómo son estos encuentros con los lectores?

- Lo primero que me ha sorprendido al pasar al mundo del libro ha sido la respuesta. Yo no pensaba que un ensayo sobre Oriente Medio iba a tener semejante acogida por parte de la gente. Y lo segundo, que hay preguntas de todo tipo, desde las anecdóticas en torno a qué comen y qué beben en esos países hasta en qué hoteles me alojo, pasando por las de más nivel. La gente tiene curiosidad. Y me he dado cuenta también de que la gente tiene miedo, quiere respuestas que le tranquilicen y la verdad es que no lo suelo conseguir.

- Vayamos al auténtico 'abrelatas' en los países árabes: mencionar al Real Madrid y al Barça.

- El tema del fútbol es increíble. Yo creo que los futbolistas no se dan cuenta del efecto que ha tenido que Al Jazeera haya comprado los derechos de todas las ligas. Aquí estás viendo fútbol todos los días de la semana, sobre todo, del Real Madrid y Barcelona. Ahora, yo pensaba que con el fenómeno de Mohamed Salah la gente iba a mirar un poco más al Liverpool, pero no, estos dos equipos pueden con todos. Y como dice, es un abrelatas porque a todo el mundo le resulta simpático hablar de fútbol y yo siempre procuro llevar unos llaveritos de uno y otro equipo para los puestos de control, pero también predico el nombre de la Real Sociedad a ver si alguien pica y la verdad es que poco a poco aquí, en Jerusalén, se ha abierto camino. En Irak y en Siria nos queda muchísimo para que la gente se haga txuriurdin, pero muchísimo.

 

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