Todos los 'planetas' conducen a Roma

Ayanta Barilli y Santiago Posteguillo en la Plaza de San Pedro en Roma. /Carlos Ruiz
Ayanta Barilli y Santiago Posteguillo en la Plaza de San Pedro en Roma. / Carlos Ruiz

Santiago Posteguillo y Ayanta Barilli recorren en la Ciudad Eterna los escenarios de sus novelas ganadora y finalista del premio Planeta

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIRoma

Quiso un capricho del destino que las novelas ganadora y finalista del Planeta 2018 se desarrollaran en Roma. Pero la rara sincronía que las conecta no se queda ahí. Además de compartir escenarios, las protagonistas de ambas son «mujeres valientes a las que se quiso silenciar, olvidar y hacer invisibles». Lo aseguran los autores de 'Yo Julia', Santiago Posteguillo (Valencia, 1967), y de 'Un mar violeta oscuro', Ayanta Barilli, (Roma, 1969). A punto de publicarlas en italiano, ambos autores han viajado a la capital italiana para recorrer los escenarios de sus ficciones y presentarlas en la sede del Instituto Cervantes, en la Piazza Navona, en pleno corazón de la Ciudad Eterna.

Son dos relatos separados por dos milenios pero conectados emocional y geográficamente. La novela de Posteguillo transcurre en el año 192 de nuestra era, en la Roma de Julia Domna, la mujer de Séptimo Severo que venció a varios emperadores y creó una dinastía imperial. La de Ayanta Barilli muestra una Roma «íntima», la de tres generaciones de su familia, cuyo devenir recrea en un viaje de dos siglos, de 1860 a 2017. Desentraña los secretos más oscuros y enterrados de su familia, en los que se sumergió cuando su madre, Caterina, casada con Fernando Sánchez Dragó, murió de cáncer cuando la hoy escritora tenía nueve años.

Barilli recibe en la casa familiar de Via Canobi, en el barrio de Monteverde, al sureste de Roma. Un edificio construido en 1931 donde aún reside su familia, donde ella creció, estudió y pasa temporadas. A la sombra de un frondoso níspero explica Barilli como llegó allí su abuela Ángela al terminar la guerra y como compró, poco a poco, toda la finca que ahora ocupan familiares y amigos. Da las claves de una sensible estirpe plagada de artistas y creadores, pero también tocada por la maldición de 'Belcebú', el bisabuelo de la escritora, que sembró la familia de dolor y resentimiento e hizo enloquecer a su bisabuela Elvira.

Protagonizadas por mujeres valientes a las que se quiso silenciar y olvidar, una rara sincronía conecta unas ficciones separadas por dos milenios

«Roma es nuestro origen, la cabeza de Europa, y si lo ignoramos volveremos a cometer los errores brutales que ya cometimos en las luchas descarnadas por el poder que se dieron aquí hace dos mil años y que también se dan ahora», dice Posteguillo en la explanada de San Pedro, a la sombra de la imponente Basílica donde estuvo el circo de Nerón. En el mismo lugar explica Barilli qué también su novela trata de evitar la «repetición maligna de esos patrones familiares tóxicos que hay que evitar», y que para ella Roma es «el amor fallido que buscas y no encuentras; un amor imperfecto, pero el único posible».

Audaces y valientes

Ambos libros conceden todo el protagonismo a la mujer. A Julia Domna en el caso de la novela de Posteguillo, y a la bisabuela, la abuela y la madre de Barilli, «todas mujeres audaces, independientes y valientes a las que quisieron silenciar y hacer invisibles por negarse a adoptar los roles de una sociedad patriarcal». Lamenta Posteguillo que su inteligentísma Julia Domna, «adelantada a su tiempo, que se rebeló y no aceptó el 'statu quo', como las antepasadas de Ayanta», fuera «una mujer invisible para la historia».

Ayanta Barilli y Santiago Posteguillo, en el Foro Romano.
Ayanta Barilli y Santiago Posteguillo, en el Foro Romano. / Carlos Ruiz

«Cambió el mundo, pero está silenciada en una historia escrita por hombres que ha de ser completada por mujeres», propone Posteguillo, que tras la presentación en el Cervantes, en presencia del embajador Alfonso Dastis, desplegó toda su erudición y sus vastos conocimientos sobre la Roma imperial en enclaves como el Coliseo, las Termas de Caracalla, el Circo Máximo, el Foro Romano y el Palazzo Massimo.

«También yo saco las voces de las mujeres silenciadas para entender quiénes eran, para descubrir su intimidad y poder entender quién soy, por qué repetimos esos esquemas que colocan a la mujer en peligro de muerte, y por qué mi madre, tres generaciones después, establecía relaciones tóxicas con sus parejas», apunta Barrilli.

«Mi bisabuela, mi abuela y mi madre estuvieron, como Julia, fuera de la norma, y cuando la mujer rompe la norma tiene problemas muy graves», sostiene la ex actriz, periodista y ahora novelista, que repasó su infancia romana en un paseo por el parque de Gianicolo, ante la Piazza del Fontanone, desde donde se divisa toda Roma, y pegado al Liceo Cervantes, donde estudió entre los 9 a los 12 años. Está al lado da la residencia del embajador de España, de la Academia Española, su icónico Templete diseñado por Bramante, y la iglesia de San Pietro in Montorio, erigida por los Reyes Católicos en el enclave más español de toda Roma.