El perdón de una madre

El perdón de una madre

Las confesiones y recuerdos de Fátima, una mujer que emigró de su pueblo rural y logró asentar su vida y la de su familia |

SANTIAGO AIZARNA

La opinión de la autora sobre ésta su propia obra es satisfactoriamente contundente: «He terminado una novela. Habla de una madre. Quería dimensionar su vida, entender dónde nació, cómo creció y fue educada, quería hacer memoria de tantas mujeres que he conocido y que me han contado sus vidas. Quería captar lo que significa ser extranjera, desde que naces, porque de donde yo vengo, las mujeres siempre lo fueron. Y también quería entender lo que significa emigrar sin saber absolutamente nada de geografía, sin entender el idioma, lo que significa atravesar fronteras a ciegas. He pasado mucho tiempo gestando esta novela, dando vueltas a todos estos temas»» También deja confesado que: «Me apetece mucho hacer literatura sobre todas las mujeres que he conocido porque están totalmente olvidadas».

Nos enteramos por la lectura de la solapa de este libro, que Najat El Hachmi nació en Beni Sidel (Marruecos) en 1979. Estudió Filología Árabe en la Universidad de Barcelona y ha sido mediadora cultural en Vic y técnica de acogida en Granollers. En 2004 publicó su primer libro, 'Jo també sóc catalana' (Yo también soy catalana). Le siguieron 'El último patriarca' (2008, premio Ramón Llull, Prix Ulysse y finalista del Prix Méditerranée étranger), traducida a diez idiomas; 'La cazadora de cuerpos' (2011), publicada también en castellano, inglés e italiano; y 'La hija extranjera' (2015, premio BBVA Sant Joan y premio Ciutat de Barcelona). Colabora habitualmente con El Periódico de Catalunya.

La variada experiencia de Najat El Hachmi, tanto por razón de etnia, de migración, social, sentimental, etc, hacen que el libro tenga una especie de iluminaciones procedentes de algo como aconteceres autobiográficos. Ello queda reflejado, en una como reunión grupal de cierta como costumbre de recitado narrativo popular de traspasada la frontera africana o quién sabe si mejor derivando ese sentir a otro tipo de mentalidades de culturalidad oral más bien con propensión clara a etnias árabes (nunca hay que olvidar el origen de 'Las mil y una noches', de 'Scherezade', 'Calila e Dimna' y la amplia floresta de las narraciones procedentes de mundos orientales), recordación que se nos viene dada aquí con el escenario que la autora descubre, invitándonos a leer señalando que: « Siete eran siete, las hermanas sentadas alrededor de una mesa de madera, sobre la alfombra de rafia estampada. Humeando frente a ellas, una bandeja llena de vasos estrechos donde habían echado ya el té burbujeante. Dicen: 'Cuéntanos tu historia, hermana nuestra. Cuéntanos todo lo que te ha pasado durante este largo tiempo que has estado lejos de nosotras».

Natural del Rif

Y es como si se pusiera a atender esta petición, que la autora desarrolla una larga historia en dos partes: La antigüedad de una mujer y la antigüedad de una madre, y da la vez y voz de la primera persona narrativa a Fátima, una mujer del Rif, adulta, casada y madre que se aleja de su familia y del pueblo en el que nació y, junto con su hija, emigra a Cataluña, y es esta especie de rudo peregrinaje lo que aquí se viene a contar:

«Hablaré para vosotras, hermanas, hablaré para deciros cuanto queréis escuchar. Esta voz mía os narrará los hechos que desconocéis de aquella que salió del mismo vientre que vosotras. Dadme té para calentar mi lengua y cerrad la puerta, porque estas palabras mías no pueden salir de aquí. Son solo para vosotras, vosotras que podéis entenderlas y guardarlas. Sin revelarlas al mundo, que todo lo juzga.

Seguro que os acordáis del inicio del viaje. Vinisteis; os reunisteis todas el día de mi partida, aquel día en que se me hizo en la garganta un nudo áspero y seco que no lograba deshacer ni con toda el agua fresca del pozo. No me entraba ni un pedazo de pan, solo quería agua y más agua para poder sacarme esa aridez de dentro. Ay, ese polvo en la garganta, hermanas, cuántas veces lo hemos sentido, cuántas, cuantísimas veces nos lo hemos tragado, hemos tenido que disimularlo».

Tiene mucho que contar esta mujer , Fátima, tanto en su viaje al exilio como en su vida de exiliada, y lo que hace Najat El Hachmi es prestar la calidad de su prosa narrativa para que cada parcela de las varias en que se desarrolla la vida de Fátima tenga su propia expresión: digamos de la vida y costumbres y gentes de su pueblo rifeño abandonado en un caleidoscopio de recuerdos que batallan en el hervor de sus afanes y trabajos mientras que en la segunda parte, en el quehacer de ésa su vida partida en dos, le toca la vez de tener que sumirse en una vecindad y sociedad distinta y en tener que atender a las exigencias de la realidad en las que ahora se ve inmersa, las dificultades de la subsistencia en sí, las de las limitaciones y problemas lingüísticos, todo un gran cambio de costumbres, etc, que, para remate de esta su tan sensible y sensitiva novela, guarda aún el as de su baraja, un epílogo que es 'carta sonora de una madre' a su hija, un exhorto de perdón surgido de lo más profundo de sus entrañas consciente ya de las torpezas que no pudo evitar en un final que remata adecuadamente una novela de muy ricos y variantes perfiles.

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