Olvido García Valdés: «El ritmo vertiginoso en la comercialización del libro es perverso»

Olvido García Valdés, durante su visita a la exposición 'Todas las bibliotecas del mañana' en el Centro Koldo Mitxelena. / FÉLIX MORQUECHO
Olvido García Valdés, durante su visita a la exposición 'Todas las bibliotecas del mañana' en el Centro Koldo Mitxelena. / FÉLIX MORQUECHO

La Premio Nacional de Poesía, ensayista y traductora defiende el papel central del creador en la industria literaria

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANO SAN SEBASTIÁN.

Al frente de la recuperada Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura desde el pasado mes de julio, la poeta Olvido García Valdés (Santianes de Pravia, 1950) ha aparcado durante estos meses la escritura para centrarse en su nuevo cometido. García Valdés dibuja el sector como un arco entre el creador y el lector, con la industria entre uno y otro, y las librerías como su eslabón más frágil. Ensayista, traductora y Premio Nacional de Poesía 2007 por el libro 'Y todos estábamos vivos', la escritora pasó esta semana por Donostia para participar en una charla dentro de la programación 'Todas las bibliotecas del mañana' del Koldo Mitxelena. A su juicio, estas infraestructuras son «un espacio absolutamente democrático» al que todo el mundo tiene libre acceso.

- ¿En qué consiste la Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura?

- Es una pregunta aparentemente fácil, aunque no tanto en la práctica. Su ámbito de competencias es un arco que va desde quien escribe hasta quien lee. Es una Dirección General que se ha recuperado ahora.

- En efecto, va y viene.

- Y en la época en la que iba y no venía quedó reducida a dos Subdirecciones: la del Libro, enclavada en Industrias Culturales, y la de Coordinación Bibliotecaria, en Bellas Artes. Y no tenían nada que ver entre sí. En esa época, el libro quedaba excesivamente restringido al ámbito de la producción, es decir, edición, distribución, librerías, etcétera. Hacía muchísima falta reequilibrar ese arco, dando el lugar que corresponde a la creación, a la autoría, incluyendo la traducción. Y también hay que dar el relieve que merece a la lectura, en este caso, a las bibliotecas. Venimos de una época en la que la creación no tuvo la consideración que debía.

- ¿Qué diría un traductor si le mete en el mismo saco que a los autores, cuando si la situación de éstos es mala, la de aquéllos es aún peor?

- Precisamente por eso, hay que meterles en el mismo saco para hacer visible una labor que no lo es y que resulta fundamental.

- Pero, ¿comparten la misma problemática? Porque el autor es más o menos visible, pero el traductor rarísima vez.

- Bueno, son visibles los autores que lo son y ahí influyen muchísimo los medios. La traducción es un eslabón fundamental de ese arco. Gran parte de lo que se edita y leemos es la traducción, que no es simplemente trasladar de una lengua a otra, sino que hay un elemento creador tan potento como en la creación literaria y eso hay que ponerlo de relieve. Uno de nuestros proyectos es hacer una Casa de la Traducción, consistente en una serie de programas que den visibilidad y posibiliten encuentros que dinamicen desde el punto de vista social ese papel. Este programa arrancó el 13 de diciembre en el Centro Cultural Federico García Lorca de Granada con 'La traducción en primer plano'.

- Desde la industria del libro se le ha reprochado que hace demasiado hincapié en el creador, cuando lo cierto es que cada vez hay más escritores y menos librerías.

- Siempre que ponemos el peso de forma excesiva en uno de los elementos del arco hacemos que todo se tambalee. Cuando pongo el énfasis en los escritores y en los traductores es porque venimos de una época en la que la consideración y la percepción social habían colocado estas figuras incluso bordeando la delincuencia con todas las cuestiones fiscales.

- Se refiere al caso de Javier Reverte, que acaba de ganar en los tribunales el derecho a cobrar una pensión y, a la vez, los derechos de autor que le correspondan.

- No, hablo de muchos otros casos. Reverte es uno entre ellos. Se tata de un problema muy serio. Sin autoría no hay libro, ni librerías, ni lectura. El foco hay que ponerlo en quien escribe y en quien lee, y todo lo demás debe estar al servicio de eso, y no eso al servicio de todo lo demás.

- ¿Suele darse esa situación?

- Tengo la sensación de que sí, de que a veces se puede considerar la creación como un elemento que produce libros. Y cuando hablamos de lectura, que es el otro polo, su núcleo fuerte está en las bibliotecas, que son fundamentales. Aparte de escritora, yo soy fundamentalmente lectora. Hay lugares físicos donde la lectura se materializa en especial: las bibliotecas y las librerías. Estas últimas son para nosotros espacios fundamentales y dentro de la cadena de producción del libro son el eslabón más frágil. Están en situación muy vulnerable, hay que darles un gran apoyo y también hay que dotar de visibilidad al trabajo de las bibliotecas.

«En la traducción hay un elemento creador tan potente como en la creación literaria»

«El ritmo vertiginoso de producción, distribución y devolución amenaza a las librerías»

«Corremos el riesgo de vender la lectura como un producto de consumo fácil»

«La lectura es un acto puro de libertad en el que cabe lo lúdico y el crecimiento personal»

- Acaba ya la legislatura, pero en materia de apoyo a las librerías, ¿qué se podría hacer?

- Por ejemplo, cuando yo llegué una de las primeras iniciativas a las que di curso fue a un programa de ayuda a las librerías para su modernización, que pasó de 121.000 euros a 321.000 euros. Eso se incrementó y hay que seguir potenciando el apoyo a las librerías. Tienen un problema estructural, que afecta al sistema de comercialización del libro, que es el ritmo vertiginoso de producción, distribución y devolución. Tienen un problema serio en la velocidad de la distribución y así es muy difícil ser una librería de fondo porque constantemente deben estar haciendo las cajas entre lo que llega y lo que tienen que devolver. El sistema económico funciona así y ahí hay un problema que no es sólo de las librerías, sino de la comercialización del libro

- ¿Amenaza con colapsarlas?

- Sí y es perverso. Eso hace que la librería sea tan frágil y no pueda ser un establecimiento de fondo, que es lo que quisiera cualquier librero. Esa librería de fondo que hemos conocido y amamos es la que está en riesgo de desaparecer... Bueno, no hay que ser catastrofista porque hay muchas librerías que se ven obligadas a cerrar, pero también hay muchas de gente joven que están abriendo. Estamos viviviendo un momento de transición, también generacional. Las librerías están pensando ahora cómo abordar ese asunto, que es el más complejo que afrontan, pienso.

- En cuanto al otro ámbito por excelencia de la lectura, las bibliotecas, también afrontan una transformación. ¿Corren el riesgo de convertirse en cualquier otra cosa en su búsqueda de nuevos públicos?

- Es un riesgo y, al mismo tiempo, no lo es. Como espacios físicos, están sufriendo una transformación asombrosa y están tratando de hacerse cargo. Esa transformación tiene un eje digital y otro relacionado con los efectos de la crisis económica, la inmigración... Hoy por hoy, la biblioteca es un espacio absolutamente democrático, el único en el que puedes entrar sin pagar, ni hacer o comprar nada. Es un ámbito que puede acoger a gente muy vulnerable y ese componente social está muy presente en las bibliotecas. Lo han incorporado con naturalidad y aquí me parece importante hablar de los bibliotecarios y bibliotecarias, que son la gente más vocacional y mejor valorada por la población. Entonces, no creo que la biblioteca sea un espacio que corra peligro, ahora bien, es verdad que estamos en un momento de cambio muy fuerte y rápido al que hay que responder sobre la marcha. Cuando hablamos de fomento de la lectura, pensamos que tenemos que conseguir que lea más gente y que aumenten las cifras. Eso es importantísimo, pero yo siempre digo que aparte de eso, hay que pensar qué es leer, qué clase de lecturas queremos potenciar, en el sentido de que hay lecturas fuertes que nos ayudan a crecer y que nos han marcado vitalmente.

- Ese argumento, ¿no espanta a los potenciales lectores?

- Yo no lo creo. Corremos el riesgo de pensar que tenemos que vender la lectura como un producto de consumo fácil.

- Pero se le da una función utilitarista, cuando quizás es, antes que nada, una actividad lúdica, un placer en sí mismo.

- Por supuesto. Son dos cosas que no se contradicen, hay muchísimas razones para leer y también para no leer. Se lee de maneras muy diferentes y todas son estupendas. La lectura es un acto puro de libertad en el que cabe lo lúdico y el crecimiento personal. Puedes leer para pasar un rato agradable o para crearte un proyecto de vida. Cabe todo. No veo que tengamos que compartimentarla, es tan rica que está todo bien.

- En el caso del Koldo Mitxelena, su reforma ha despertado una cierta hostilidad entre los usuarios. ¿Con qué argumentos explicaría la necesidad de adaptar las bibliotecas al siglo XXI?

- Esto es un proceso natural. También se cierran los bares por reformas. El KM es un lugar emblemático que ha hecho y hace un trabajo espectacular y qué cosa más natural que que necesite actualizarse. No veo el problema.

Más