Para los lectores que no quieren cuentos

Para los lectores que no quieren cuentos

Autores y editoriales dan pistas para repescar a los chavales que pierden interés por los libros

TERESA ABAJOSAN SEBASTIÁN.

Érase una vez una niña a la que ya no le apetecía leer. Los cuentos de los que nunca se cansaba de pequeña quedaron en un planeta muy lejano, y siempre parecía haber planes más divertidos que abrir un libro. Esta es una historia real para muchos chavales. A partir de los doce años decaen los índices de lectura, cambian los hábitos de ocio e incluso hay menos autores que se dirigen a esa franja de edad, que impone cierto vértigo o respeto. Sin embargo, los editores y autores consultados coinciden en que el final no está escrito y a cualquier edad hay caminos que conducen a la pasión por la literatura.

Eider Rodríguez, que este año ha ganado dos premios Euskadi (el de Euskera y el de Infantil y Juvenil) recuerda que en su adolescencia jugó mucho a los videojuegos y vio cine y televisión «sin filtros. Sin embargo, nunca dejé de lado la lectura». Buscaba estímulos a través de las aventuras de 'Los cinco' o 'Los Hollister', el humor de 'Mafalda', «que fue uno de mis botes salvavidas», o la oscuridad de 'Flores en el ático'. Ahora ha vuelto a esta etapa «explosiva» como escritora con la premiada 'Santa Familia', cuya protagonista se plantea preguntas «que todos deberíamos hacernos en algún momento de nuestra vida. ¿Qué hago aquí? ¿Para qué quise venir a este mundo?»

Más inquietudes, más interrogantes que respuestas. Eso es lo que ofrece la literatura, aquello que no llegamos a entender del todo y nos despierta el deseo de saber más. Lo primero que hay que evitar es intentar adoctrinar a los adolescentes, 'venderles' valores, por buenos que sean. «Enseguida captan la intencionalidad de los mensajes y eso provoca rechazo», dice Antxiñe Mendizabal, escritora y editora de Elkar, que considera que se ha abusado de la vertiente pedagógica de los libros. «Es tramposo utilizarlos para intentar explicar a nuestros hijos cosas como la muerte, el bullying...».

«Los jóvenes captan que los libros sirven para bien poco, ese es el mensaje que se les envía» Eider Rodríguez | Escritora

«Hay literatura engañosa, llama la atención por su diseño pero te pones a leer y no hay nada» Antxiñe Mendizabal | Escritora y editora

Su recomendación para las familias es tan sencilla «que no se practica lo suficiente». Ir de librerías con sus hijos, «salsear», que respiren el ambiente de ese bosque que tienen a su alcance «y que elijan con sus propios criterios». La Azoka de Durango, con protagonismo para la literatura infantil y juvenil, ofrece la oportunidad de navegar entre exquisitos álbumes ilustrados, novelas gráficas, de aventuras y fantasía... e historias cotidianas, un territorio donde la literatura se hace fuerte frente a la cultura visual. «Les motivan los temas sociales, lo que les ayude a salir de la burbuja» en la que han vivido su infancia. Mendizabal se basó en su propia experiencia para plasmar «el día a día de una casa y cómo se van resolviendo los problemas» en 'Nire amak ez dauka erremediorik' ('Mi madre no tiene remedio'). Lo publicó hace diez años, «aparecen móviles carpetovetónicos», y todavía la llaman para dar charlas en los colegios sobre esta obra.

Eukene Herrera, especialista en literatura infantil y juvenil de la editorial Ibaizabal, se encontró un día haciendo «más de una hora de cola» con su hija para que le firmara un libro una autora que ella desconocía. «No sé si los adolescentes dejan de leer o leen otras cosas, y nos cuesta acercarnos a su realidad». En su opinión, «hay que darles un abanico amplio y no imponerles ciertos títulos. Les obligamos a leer los clásicos con trece años e igual no saben apreciarlos». Algunos profesores «pican» a sus alumnos con comentarios como «este libro que estoy leyendo está bien, pero para ti es un poco fuerte... es un buen cebo».

«Hay que preguntarse si no leen porque no quieren o porque no hay nada que les enganche» Toti Martínez de Lezea | Escritora

«Ahora también hay adolescentes que leen mucho, son fieles y debemos cuidarlos» Juan Kruz Igerabide | Escritor

«Leer es una forma de crecer y los temas sociales les llegan y les interesan» Eukene Herrera | Editora

Lo que funciona a todas las edades, añade la editora, es «la cercanía con los autores». Toti Martínez de Lezea siempre es de las más buscadas en la Azoka. En parte por la saga infantil 'Nur', inspirada en su nieta, «que tiene ya 19 años y lee de todo. Este verano me dijo 'amama, ¿no tendrás por ahí 'La sombra del viento'?». Ella es autora de tres novelas juveniles con tramas históricas y de misterio. También el universo de 'Enda' atrae a los chavales, que aprecian «la fantasía adulta. Con catorce años pueden leer absolutamente todo, yo leía 'La Regenta'. Hay que intentar meterse en su cabeza y preguntarnos si no leen porque no quieren o porque no encuentran nada que les enganche».

A Juan Kruz Igerabide, que este año ha ganado el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, le resulta fácil conectar con ellos porque fue profesor en Primaria y en un instituto antes de incorporarse a la UPV. Se atreve incluso con la poesía para expresar «el malestar interno ante la sociedad y ante la vida» y la erupción de las emociones. «Tus manos vienen conmigo/a todas partes/desde que me tocaste», escribe en 'Poemas de amor para principiantes'. «En general se lee menos porque porque hay una irrupción de lo inmediato y una tiranía de la imagen», asume. Pero él es optimista. «Cuando se trabaja una obra adecuada para ellos, se entusiasman, hacen preguntas bastante profundas». Incluso aunque se alejen de los libros, si han llegado a disfrutarlos de verdad, «ese trabajo interno queda para toda la vida».

Nuevas sagas, 'booktubers' y el hechizo de leer en voz alta

Las sagas mantienen su tirón entre los adolescentes, aunque las aventuras de 'Los cinco' ahora son cosa de niños. Hay personajes tocados por la magia como Harry Potter que viajan por el mundo y otros que viven aquí al lado, como la cuadrilla de instituto que ha creado Jasone Osoro. Garbiñe Úbeda ha tendido un puente con una trilogía ambientada en los 80, que ayuda a los chavales a entender la vida de sus padres.

A las series se unen nuevos reclamos como las recomendaciones de jóvenes 'booktubers' y los concursos de 'booktrailers', en los que tras leer un libro deben escribir un guion. Las redes sociales suelen verse como enemigas, «pero hay adolescentes que leen mucho y las utilizan para comentar libros entre ellos», apunta Igerabide. Él sigue confiando en otro clásico, la lectura en voz alta, que a su juicio merece un espacio en los institutos. «No hace falta que sean sesiones largas. Hay quien se ha enganchado a la lectura por un profesor que leía una vez a la semana durante media hora». Eider Rodríguez cree que para fomentar la cultura hay que hacer autocrítica. «Los jóvenes captan que, en realidad, los libros valen para más bien poco. Ni siquiera sus padres y madres, sus profesores, sus artistas favoritos o deportistas fetiches leen».