Laura Ferrero: «'El amante' de Duras haría saltar hoy en día todas las alarmas»

La escritora Laura Ferrero , en una imagen de archivo./JORDI BERNADÓ
La escritora Laura Ferrero , en una imagen de archivo. / JORDI BERNADÓ

Una treintena de rupturas sentimentales que se sublimaron en obras de arte protagonizan 'El amor después del amor', ilustrado por Marc Pallàres

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Los componentes de Fleetwood Mac compusieron 'Rumours' en plena tormenta de separaciones entre los miembros del grupo. Jonathan Safran Foer rompió con su mujer para irse con Natalie Portman sin saber que la actriz no tenía las mismas intenciones. Fernando Fernán Gómez contó su vida en un artículo para que Emma Cohen regresara con él y lo consiguió. Eric Clapton persiguió durante años a la mujer de George Harrison y para cuando la consiguió, ya no la amaba. No obstante, en su honor compuso 'Layla'. La escritora Laura Ferrero (Barcelona, 1984) y el ilustrador Marc Pallàres (Anglés, 1982) reúnen en 'El amor después del amor' (Ed. Bridge) una treintena de historias reales de pasión y abandono que alumbraron obras de arte.

- ¿Estamos ante la desmitificación definitiva del 'amor romántico'?.

- Estamos en ese punto de desmitificación del amor romántico que ya viene bien porque tengo la sensación de que todos hemos crecido con las princesas de Disney y las comedias románticas de Hollywood. Entonces, siempre aspiras a ese amor que luego tiene muy poco que ver con lo que ocurre en la vida real hasta el punto de que ya no sabes si te has enamorado porque las cosas no han ocurrido como te han dicho que tenían que ser. El amor romántico tiene un punto de locura, de enajenamiento, por eso tiene tan mala prensa, porque cuando te sale mal te juegas un montón. Más que provocación, se trata de poner en entredicho porque al final son historias que acaban mal.

- ¿Es un arte saber despedirse? Sophie Calle se vengó tras un email de ruptura que terminaba con un «Cuídese».

- Es un arte y en el colegio no nos enseñan nada de educación sentimental y de las emociones, pero el arte de despedirse bien es una de las cosas más importantes. Si no lo haces bien no cierras un capítulo y vas a empezar el siguiente con todo lo anterior. Tenemos una idea del amor romántico, pero nadie te dice qué hacer si no sale bien todo eso.

- ¿Es estrecha la distancia entre el enamoramiento y el ridículo? La historia de Jonathan Safran Foer y Natalie Portman es hilarante.

- Creo que esa distancia es un pasito muy pequeño. A todos nos ha pasado que haces cosas inconcebibles porque estás enamorado. En realidad, es como si estuvieras drogado, de manera que hay que tener cuidado. Safran Foer puede ser muy inteligente y culto, y un tipo razonable, pero hay veces que no se puede hacer nada.

- El caso de Oriana Fallaci, ¿es el más cruel de los descritos en el libro?

- A mí es el que más me gusta porque leí de muy pequeña el libro en el que Fallaci entrevista a Alekos Panagulis. Y siempre pensé que había sido el gran amor de Oriana, al que le dedica el libro de 'Un hombre'. Es decir, me había contado la historia al revés. Y cuando me enteré de que, en realidad, François Pélou hizo eso no me lo podía creer, pero tenía todo el sentido. Me parece muy cruel, pero también una lección a mí misma para saber que hay que leer la letra pequeña de las cosas. Siempre hay una historia que te cuentan los titulares o que te la has creído porque te viene bien.

- A Julian Barnes, su mujer, Pat Kavanagh, le abandonó por otra mujer, Jeanette Winterson. ¿Es aún más humillante?

- Bueno, no lo sé. Siempre que te abandonan hay una parte que se queda preguntándose 'qué es lo que no tengo yo y que sí tiene la otra persona'. Es un error porque uno no tiene que compararse. Más que humillación, está el asunto de que al ser un personaje público, la historia trasciende y hay mucha gente que puede opinar. Yo no lo sé lo qué pasó al final de historia, ni se Kavanagh llamó antes de morir a Jeanette, lo he leído en muchas partes, pero cuando veo que Barnes le dedica sus libros a Pat, pienso: «Ay, pillina...» Nunca sabes hasta qué punto estuvieron enamoradas porque cuando leía a Winterson, siempre me preguntaba: ¿Quién está al otro lado?

- También está el caso de Ray Loriga, Christina Rosenvinge y Nacho Vegas que, a diferencia de la mayoría de los protagonistas del libro, están vivos. ¿Cree que les molestará leer su historia?

- No tengo ni idea. La historia está contada en muchas partes, se ha dicho muchas veces y me pareció que no estaba diciendo nada malo, sino que cada uno utilizó una situación sentimental para nutrir su propio arte. La historia de Nacho y Cristina es muy conocida, la de Loriga, menos. Es absurdo negar cosas que parecen obvias, pero bueno...

«Hay mucha gente que está en ese punto en el que no distingue realidad y ficción»

«Esa persona que te conoce tan bien te puede hacer mucho más daño que cualquier otra»

- En el caso de Eric Clapton, para cuando conquista a la mujer de George Harrison, Pattie Boyd, ni quedaba amor, ni estaba él para trotes...

- Sucede como con las historias que tienes que escribir: si pasan demasiado tiempo dentro de ti acaban pudriéndose. Llega un punto en el que se pierde la noción de la realidad hacia la cosa o la persona deseada y se convierte en una idealización. Y cuando por fin tienes contacto, te das cuenta de que tú has cambiado, esa persona ha cambiado y que la has idealizado hasta convertirla en una estatua y te vas quedando con una momia. El momento de Clapton para estar con Pattie era cuando a él le gustaba ella, no diez años después.

- ¿Y los Bowles? Tampoco funcionó del todo la idea de la pareja abierta...

- No, el caso de los Bowles ilustra distintas maneras de llevar una relación amorosa. El tema del poliamor me parece muy interesante. A mí, personalmente, me cuesta aplicarlo a mi propia vida. Lo que les pasó a los Bowles es que no calibraron bien lo de tantos amantes. Aparte que no se sabe lo que pasó, pero pasara lo que les pasara, yo creo que se les fue de las manos.

- En cuanto a Marguerite Duras, que se enamoró a los quince años de un adulto, su historia sería a día de hoy un escándalo impublicable.

- Nos estamos volviendo muy puritanos, iba a decir. No sé cuál tiene que ser la lectura de 'Lolita', estamos jugando con la ficción... Con el tema de Duras, ahora mismo saltarían todas las alarmas. No sé cuánta gente ha vivido una historia de amor de este calibre pero estas cosas pasan y su amante, desde luego, no estaba abusando de Duras. Le sirvió para escribir una historia de amor maravillosa, 'El amante'. Estamos demasiado susceptibles. Yo no estuve ahí y si Duras escribió todo eso fue porque la hizo inmensamente feliz y también desgraciada, porque el chico se acabó casando con otra mujer. La prueba de que se quisieron siempre es que él la llamó cincuenta años después. No podemos juzgar al otro, pero si te pones a hacerlo debes haber caminado unas cuantas lunas con sus zapatos.

- En el prólogo menciona precisamente el relato de Raymond Carver 'De qué hablamos cuando hablamos de amor'. Otra pieza que ahora mismo no pasaría el corte.

- No, no, totalmente. La ficción y el arte tocan temas que moralmente nos parecen reprobables, pero tenemos que cuidarnos mucho de separar la realidad de la imaginación. En el relato, una mujer dice que está segura de que su ex la quería aunque le pegara. Es una barbaridad. Bueno, yo he escuchado a mujeres decir exactamente eso. En mayor o menor medida, estamos asumiendo ciertos comportamientos, como que te pueden controlar.

- Un relato puede recoger esa realidad, sin que el autor la suscriba.

- Sí, pero hay mucha gente que en está en ese punto en el que no distingue la realidad de la ficción. Cuando vi la nueva portada de 'Lolita' me entraron algunas dudas. ¿Tenemos que cambiar la manera en la que hemos leído 'Lolita'? No lo sé. Son relatos de ficción que nunca existieron, igual que el de Carver.

- En ocasiones, ¿el amor es una especie de guerra que termina en armisticio?

- Mejor que termine así que con un pacto de guerra. Un amigo me decía que había que escoger a la pareja pensando en qué tipo de ex sería y no lo entendí hasta que leí todas estas trifulcas que aparecen en el libro. Del amor al odio hay un paso y esa persona que te conoce tan bien te puede hacerte mucho más daño que cualquier otra. Toda esta pasión, si se canaliza mal y no hay verdadero respeto, acaba en guerra.

- ¿Hubiera mejorado en algo alguno de los casos si el despechado se hubiera abstenido de crear una obra de arte?

- Probablemente, si preguntas a mucha gente te dirá que Adele se podría haber ahorrado sus canciones... (risas) Personalmente, no me gusta, pero le ha sacado rédito a esos amores y le ha salido a cuenta que le dejaran. Probablemente, si en los créditos finales de '500 días juntos' no hubieran incluido la 'dedicatoria' «cualquier semejanza con personas vivas o muertas es pura coincidencia. Especialmente tú, Jenny Beckman. Perra» hubiese quedado mejor la historia. Pero todas las historias de este libro tienen un sentido y lo mejor que podrían haber hecho hubiese sido canalizar esa rabia.

- ¿Qué han aportado las ilustraciones de Marc Pallàres a los relatos?

- Me parecen una parte muy importante. Cuando empecé el libro tenía en mente tres o cuatro historias, pero quería que las ilustraran porque demostraba que el arte siempre se complementa, que es lo que vienen a contar estos relatos. Hay muchas cosas que pueden contar una ilustración a los que yo no llego y sentimientos que yo puedo describir y que Marc no puede mostrar. Este libro lo hicimos a la vez porque yo tenía mucho bagaje en literatura e incluso en música, pero Marc conocía mucho más de cine y de determinado tipo de música. Ha sido un libro a cuatro manos.

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