Laura Castañón: «El olvido es el naufragio definitivo»

Laura Castañón: «El olvido es el naufragio definitivo»

La autora novela sobre el poder de la amistad y la lealtad y repasa la primera mitad del siglo XX en Asturias

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«El olvido es el naufragio definitivo», cree Laura Castañón (Santa Cruz de Mieres, 1961), que conjura ese olvido a través de los Santaclara y los Fernández, las familias sobre las que pivota 'Todos los naufragios' (Destino), su tercera y «coral» novela. Transcurre en un lugar «donde la memoria comparte el espacio de la neblina, el orbayu, el mar enfurecido y las tardes en calma», explica la narradora. Una atmósfera inequívocamente asturiana que Castañón sitúa en Nozaleda, imaginaria villa costera, espejo del mundo rural y marinero en la primera mitad del siglo XX que recorre la novela.

Mueve a sus personajes durante varias décadas, haciendo al lector «testigo de la historia, que es un personaje más». La pasión, la culpa, el dolor, la esperanza, las traiciones y los secretos se entrelazan una historia «sobre el poder de amistad y lealtad» en la que la memoria libra un pulso con el olvido. «La ficción permite rescatar las vidas condenadas a ser ceniza, a desaparecer en el silencio», asegura.

Pone a prueba la amistad de Gregorio y Onel, amo y sirviente de diferente origen «y con existencias marcadas por el peso familiar, en un caso, y por la herida de una ausencia, en el otro». De familia acomodada el primero y de los aldeanos Forquetos, el otro, «mantendrán siempre un vínculo, a veces inexplicable, por su amistad transgresora y de límites confusos», con encuentros, desencuentros y situaciones que ponen a prueba la lealtad que se tienen desde niños.

«Hablo sobre cómo la ausencia dicta, de los temores y las ataduras, y sobre la acechante sombra del pasado, que entre secretos, acaba siempre regresando para bien o para mal», resume Castañón. Hay personajes reales (Rosario de Acuña o Buenaventura Durruti) que en apariciones fugaces y «naufragando sin remedio» se enredan con el tiempo que les tocó vivir y sumergen al lector en la historia de una época convulsa.

La cuenca minera asturiana fue el escenario de 'Dejar las cosas en sus días' (2013), primera novela de Castañón, que rescató la memoria de los desaparecidos en la guerra civil. Con 'La noche que no paró de llover' (2017), reflejaba del Gijón burgués de principios del siglo XX. Con esta precuela confronta la vida urbana con aldeana, marcad por el anarquismo, la revolución del 34, y la guerra. «Con la próxima cerraré el ciclo», dice esta gijonesa de adopción.