Lander Garro: «La novela es mal sitio para hacer política y más si las palabras están tan prostituidas»

El escritor Lander Garro, en Hendaia, escenario de su novela 'La pequeña guerra'./EIDER RODRÍGUEZ
El escritor Lander Garro, en Hendaia, escenario de su novela 'La pequeña guerra'. / EIDER RODRÍGUEZ

El autor errenteriarra da voz en 'La pequeña guerra' a un niño cuya vida se transforma cuando su padre escapa a Francia a comienzos de los ochenta

ALBERTO MOYANO
ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Un niño ve cómo su vida, hasta entonces convencional, salta por los aires cuando su padre huye a Hendaia para escapar de la Policía, que le busca por colaborar con ETA. En 'La pequeña guerra', el escritor Lander Garro (Errenteria, 1975) relata desde el punto de vista del pequeño Xabier la estupefacción infantil ante acontecimientos que le desbordan, mientras la vida sigue su curso, con todas las 'primeras veces' que esta etapa de la vida conlleva. La novela, publicada en euskera como 'Gerra txikia' se publica ahora en castellano, traducida por el propio autor en lo que, según confiesa, ha sido «una agonía». De hecho, «la he reescrito completamente».

- ¿Cómo afrontó la idea de abordar una novela de iniciación en el contexto del conflicto vasco?

- Es fundamental que el narrador sea un niño porque resulta muy difícil leer el conflicto vasco sin tomar partido y ese tipo de novela en el que uno escribe para la parroquia no me parece interesante. Me apetecía buscar una mirada lo más neutral posible, darle un algo de dulzura para que mucha gente pueda leerla sin que se le atragantara.

- Es una novela de aventuras situada en el País Vasco francés de principios de los ochenta, contada por un niño que descubre la condición humana en un ambiente ultrapolitizado.

- La novela iniciática me gusta mucho y no sé muy bien por qué. Tengo el niño interior muy desarrollado.

- ¿Por qué?

- Porque me ha ayudado mucho en la vida, tanto que cuando me ha tocado aplacar al niño tampoco he sabido. En la literatura me ha valido porque me ha dado una voz y un estilo que son míos y que me hacen singular como escritor. Me gusta muchísimo la mirada de ese ser que va descubriendo.

- No vemos a Xabier llegar a esa edad adolescente en el que se rebela contra sus padres, pero su hermano, Gotzon, sí lo hace...

- Me interesa el conflicto en sí porque me divierte mucho escribirlo. Siempre intento que haya una oposición y me desenvuelvo con comodidad en ese terreno. Que el hermano sea tan cabrón con sus padres tiene que ver con eso y también con el hecho de que nuestra generación fue muy dura con sus padres. La juventud de los ochenta se rebeló totalmente contra la generación anterior.

- ¿Cree que su generación teme que sus hijos les hagan lo que hicieron ellos con sus padres?

- No sé, yo creo que nosotros estamos haciendo menos méritos que nuestros padres para que se peleen con nosotros nuestros hijos.

- ¿Ah, sí?

- Sí, porque nosotros hemos aprendido de nuestros padres qué no teníamos que hacer. Y sobre todo, en lo que se refiere al conflicto vasco, nuestros padres se entregaron totalmente a la idea de la patria.

- Tanto que, como sucede en la novela, arrastran a sus hijos a una vidas que no han elegido, les niegan por la vía de los hechos consumados el derecho a decidir, en este caso, qué tipo de vida quieren.

- Claro, es que la novela es una protesta, es el testimonio de alguien que vive eso y se pregunta cómo puede ser. La idea de la patria está bien, la idea de cambiar el mundo está bien, pero hay una cosa que es el derecho del niño a tener una vida digna y a ser tenido en consideración. A ser protegido.

«El miedo es cuando no sucede nada, la espera entre un acontecimiento y otro»

- En el caso de la familia protagonista, la militancia de los padres se lleva por delante la vida de sus hijos, obligados a abandonar su barrio, su pueblo, a vivir en Hendaia, a acoger a gente en su casa...

- Yo creo que nosotros hemos aprendido muchísimo de esa experiencia. Tengo la sensación de que nuestra generación está muy pendiente de sus hijos, incluso demasiado.

- Ha evitado caer en el discurso político.

- La novela es un mal sitio para hacer política y más en este país, en el que las palabras están muy prostituidas. La lucha por apropiarse de ellas es muy feroz y para entrar en esa lucha, el escritor tiene que ser muy hábil porque debe conseguir que su historia esté un poco al margen de esa disputa. Esta novela se centra mucho en lo afectivo y me apetecía que se quedara ahí. Que fuera inmune a los clichés políticos.

- Comparte con cualquier otra novela sobre el conflicto vasco la omnipresencia del miedo.

- En un conflicto 'pequeño', el miedo es cuando no sucede nada, el miedo es la espera. En un conflicto armado, no sólo es importante lo que pasa, sino también el tiempo de espera entre un acontecimiento y otro. Y eso se hace duro para todo el mundo, sean víctimas de ETA o de los GAL, o para la gente que podía ser detenida en cualquier momento o a la que le podían atacar la tienda. El sentimiento de estar a la expectativa de qué va a pasar fue duro para mucha gente porque muchas veces es peor que el acontecimiento en sí.

- En un momento de la novela, el niño protagonista especula con la posibilidad de construir un país en esa tierra de nadie que delimitan las aduanas española y francesa. ¿Es también un espacio mental?

- Es que cuando a una edad en la que estamos curados de espanto y lo sabemos todo sobre todo en la vida, nos preguntamos a nosotros mismos: ¿qué es la patria? Y parece que nadie tiene dudas sobre qué es, cuando en realidad es un concepto súperabstracto. ¿Qué es? ¿Dónde empieza y dónde acaba? Entonces, esa reflexión del niño era un intento de reflejar la complejidad de esa idea un poco absurda de qué es la patria.

- También relata la educación sentimental de los adolescentes de los ochenta, básicamente torpe.

- En todos los clubes de lectura que he hecho, me ha llamado la atención que la experiencia sexual del protagonista es muy peculiar, cuando yo pensaba que era universal. Pensaba que más o menos los niños se besaban a los doce años y se metían mano a los catorce y he descubierto que para nada fue así. Que todo eso sucedía mucho más tarde. Me preguntaban: '¿pero qué le pasa a este niño, que está metiéndose mano tan joven con una chavala?' Yo creía que era la edad normal, pero no, la gente me ha dicho a esa edad ni pensaba en eso. Me ha sorprendido bastante porque he visto que vivíamos en una sociedad mucho más mojigata de lo que pensaba, que ya era bastante.

- El protagonista también visita el museo del escritor Edmond Rostand, la Villa Arnaga de Kanbo donde recientemente se ha escenificado la desaparición de ETA. ¿Una premonición?

- Visitar esa casa cuando era niño, en una excursión con el colegio, fue fundamental en el hecho de que luego me convirtiera en escritor. Me resultó tan chocante ver el escritorio en el que un autor había escrito libros que la idea de escribir se instaló en mí.

«Traducir la novela ha sido una agonía porque te encuentras con todas las imperfecciones»

- ¿Cómo ha sido la experiencia de traducirse a sí mismo?

- No sé cómo será para otros, para mí ha sido una agonía porque te encuentras con todas las imperfecciones.

- ¿Ha tenido la tentación de reescribirla?

- La he reescrito totalmente. La novela en castellano tiene 40.000 caracteres más que la versión en euskera y diré más: la historia principal de Xabi con su amada es diferente en esta versión a la que era en euskera. Ahora es mucho más bonita y mucho más honesta. Uno no escribe lo que quiere, sino lo que sale. Uno tiene unos personajes, una idea, una secuencia y un destino, y cuando se pone a escribir se encuentra con que no le sale de una manera y lo acaba haciendo de otra. La historia de la literatura es la historia del error, cómo nos vamos confundiendo o hacemos lo que podemos y eso se acaba convirtiendo en un libro.

- Bueno, se trata de acertar en las decisiones, ¿no?

- Tiene que ver con la capacidad que tiene uno. Cuando escribí el libro en euskera no fui capaz de acabar la escena final de Xabi y la chica como me hubiera gustado. Y cuando la traduje al castellano, como ya ha había escrito muchas veces, conseguí dotar a los personajes del destino que les tenía previsto, que es éste y no el anterior. Los diálogos también son diferentes... He cambiado muchísimas cosas. Debo decir que yo la infancia la viví en castellano y cuando me enfrenté al lenguaje de los niños en este idioma, recuperé cosas literales y que en euskera eran traducidas, es decir, menos verdaderas.

La pequeña guerra

Género
Novela
Editorial
Txertoa
Páginas
408
Precio
22,40 euros

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