«Las Jornadas de Cine Médico de Donostia fueron un oasis de libertad»

El doctor Pedro Gorrotxategi, con el libro. / MIKEL FRAILE
El doctor Pedro Gorrotxategi, con el libro. / MIKEL FRAILE

Pedro Gorrotxategi presenta un libro homenaje que recoge el esfuerzo de las personas que las hicieron posible hace 50 años

JAIONE ALONSOSAN SEBASTIÁN.

«Por primera vez en España van a realizarse unas Jornadas Internacionales de Cine Médico. Se celebrarán los días 13, 14 y 15 de junio en San Sebastián. El importe de la tarjeta de asistencia para presenciar todos los filmes será de 500 pesetas». Así comenzaba una de las noticias de DV del 1 de junio de 1968. Y así arranca el libro que saca a la luz el médico Pedro Gorrotxategi, para conmemorar el 50 aniversario y como homenaje a las personas que contribuyeron con su esfuerzo a su realización: 'Ciencia, cultura y sociedad en las Jornadas Internacionales de Cine Médico de San Sebastián'. Un certamen que alcanzó gran repercusión internacional y que trajo a Donostia eminencias de la medicina, como el doctor Christiaan Barnard, el primer cirujano que realizó un transplante de corazón.

Las jornadas surgieron en 1968 como una actividad cultural en relación con el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, pero pronto lograron ser una entidad autónoma. El grupo impulsor estuvo formado, entre otros, por los doctores José Ramón Ribera, Manuel Angoso, José Luis Munoa, Francisco Balagué y Teodoro Gastaminza.

Para Gorrotxategi, las Jornadas de cine médico siempre fueron una actividad a la que estuvo muy unido. «Primero, porque participé como asistente desde la duodécima edición (1981) -que resultó ser el ecuador de las mismas-, y en segundo lugar, porque su presidente era el doctor Munoa, con quien me unía una relación especial, ya que fue el director de mi tesis doctoral sobre la figura y la obra del también médico donostiarra Luis Martín-Santos», explica Gorrotxategi.

«El ciclo trajo a Donostia los avances médicos más importantes y tuvo una gran repercusión»

Lleno en las salas

Las Jornadas de cine médico atrajeron a San Sebastián los avances médicos más importantes y tuvieron una gran repercusión social. Las salas de cine comercial se llenaban con donostiarras y guipuzcoanos con avidez de novedades cinematográficas. En este sentido, Gorrotxategi recuerda que los tres pilares sobre las que sustentaban estas jornadas eran «las películas comerciales, las científicas y los debates públicos». «Había mucha gente que ni era médico ni tenía que ver nada con la medicina, pero iba a ver las películas comerciales. Eran novedosas y no se podían ver por otro cauce».

Gorrotxategi ha revisado la prensa local, ha buceado en documentos inéditos, y ha rescatado del olvido memorias y cartas para documentar las 317 páginas del libro. No recoge todos los films proyectados, las conferencias pronunciadas y las personalidades del mundo médico que visitaron Donostia pero sí las más importantes. Repasa las primeras jornadas, «porque fueron las que dieron inicio a todo este proceso», y se detiene más pausadamente en las segundas jornadas (1969), «en las que participó Christiaan Barnard, el médico que hizo el primer transplante de corazón. Aquello fue excepcional».

Hubo dos años de ausencia, motivada «por los problemas de financiación y el cierre del Teatro Gran Kursaal con lo que las jornadas se quedaron sin sede en la que poder desarrollarse». Pero en 1974, las jornadas continuaron con una «fuerza renovada». «El mayor éxito de ese año fue la presencia de la doctora Ana Aslan, que con un medicamento, el Gerovital, prometía hacer frente al envejecimiento», afirma Gorrotxategi. «La verdad es que era un poco fraude. Tenía un instituto de envejecimiento donde iban todos los famosos, inyectaba una proteína y no era muy eficaz porque no retrasaba el envejecimiento», apostilla.

«Debate y confrontación»

En una época de aislamiento, las jornadas supusieron un «oasis de libertad». «Contribuyeron al debate y a la confrontación, tanto en temas médicos, como sociales», señala Gorrotxategi. En este sentido, es destacable el ciclo de películas sobre sexualidad que se proyectó en la edición de 1976, año en el que su autor, el sexólogo alemán Oswalt Kolle, acudió a Donostia. «Había cosas que se podían decir aquí pero no en otro sitio. Fue revolucionario sobre todo por la mentalidad que había entonces. El ciclo se llenaba y las colas eran enormes», explica el autor del libro.

Las jornadas supusieron una fuente de información y de novedades muy importantes para los médicos y estudiantes donostiarras. Las primeras jornadas estuvieron reservadas exclusivamente para los médicos, luego empezaron a participar los estudiantes y «los últimos años éramos muchos más los estudiantes que los médicos los que acudíamos».

La acupuntura -«algo desconocido por entonces»-, aspectos de prevención de la enfermedad, como el diagnóstico precoz del cáncer mamario, y novedades de diversas especialidades, como quimioterapia, oftalmología, urología y pediatría, entre otros, estuvieron presentes en las jornadas. Pero llegó 1992 -las jornadas de la despedida- y otra vez volvió a aparecer «el problema del dinero». «A eso se le unió el hecho de que el vídeo se convirtió en un formato asequible para acceder a las películas, y que las subvenciones fueron para el pabellón de la Expo del Gobierno Vasco y disminuyó mucho el dinero destinado a la cultura», resume.