La humanidad no sabía que otros mundosla deseaban

Viñeta y página de 'La guerra de los mundos'. /
Viñeta y página de 'La guerra de los mundos'.

Norma publica la última versión de 'La guerra de los mundos' de Wells |

ÓSCAR GOÑI SAN SEBASTIÁN.

Nadie podía imaginar que, a finales del siglo XIX, en el cénit de la humanidad, la Tierra estuviera siendo observada desde un planeta rojo cuyo nombre perteneció al dios de la guerra. Nadie podía imaginar, desde la soberbia connatural al hombre, que ninguna civilización más avanzada pudiera existir y que, en sus planes, estuviera esclavizarlo o, simplemente, exterminarlo.

Tuvo que ser H. G. Wells, quien ya en 1985 había inventado una máquina del tiempo, el encargado de concebir una guerra entre mundos, una invasión extraterrestre que habría de convertirse en una de las obras más reverenciadas de la ciencia ficción e, inevitablemente, versionadas; si la obra original fue un hito, qué decir del 30 de octubre de 1938, cuando desde Nueva York, un tal Orson Welles (pronúnciese igual que Wells) iniciaba una emisión de radio que provocó el pánico en buena parte de los Estados Unidos, al pensar muchos oyentes que aquello estaba sucediendo realmente. Más tarde, en 1953, se estrenaba la primera adaptación cinematográfica del clásico y, luego de otras tantas más o menos afortunadas, en 2005 el propio Steven Spielberg caía en las redes del novelista londinense, en la cinta protagonizada por Tom Cruise. Ilustraciones, artículos, videojuegos o la excepcional versión musical de Jeff Wayne, de 1978, narrada por Richard Burton, no podrían haber impedido que el cómic se fijara en las máquinas de inmensas patas, tentáculos de metal que aplastaban sin piedad todo cuanto se oponía a su avance... salvo a los pequeños y letales virus terrestres.

Viñetas victorianas

El mundo de las viñetas, en efecto, posee en su memoria numerosas guerras de los mundos, incluso Superman se vio inmerso en la batalla contra las naves de un solo ojo, cuyos rayos derretían las más poderosas armas y a sus portadores como si nunca hubieran existido. Sin embargo, el guionista Oliver Dobbs (21 de diciembre de 1972, Sète, Francia) no se planteó esta revisión desde un enfoque tan radical, sino, muy al contrario, como la oportunidad de recuperar para el lector moderno la esencia de la obra original. Así, poco a poco fue tomando forma la colección 'H. G. Wells' que ahora Norma continúa en castellano, tras la reciente publicación de la primera entrega, 'La máquina del tiempo' y a la que seguirán 'El hombre invisible' y 'La isla del Dr. Moreau'.

Confeso amante de la época victoriana, el pulp o la literatura steampunk, antiguo desarrollador de escenarios para juegos de rol, guioniza 'Alan Quatermain y las minas del Rey Salomón' (2010), o 'Mr. Hyde contra Frankenstein' (2010), hasta que aborda los libros de Wells, encargando los dibujos de cada uno a un dibujante diferente. En este caso, 'La guerra de los mundos' caerá sobre los hombros y lápices de Vicente Cifuentes (1 de septiembre de 1979, Albacete, España).

Un dibujante no demasiado habitual. Cierto es que sus orígenes, ligados a los concursos de dibujo sí lo son, o sus ejercicios con Conan o los X-Men, hasta dar el salto profesional con 'Ursula aprende', para Megamultimedia, en 1999. Pero es que, desde entonces, ni que decir tiene a partir de la primera década del XXI, su producción se dispara, y las editoriales para las que trabaja, también: Marvel, DC, Valiant, Glénat, Soleil... Un autor con suficiente talento y registros como para poder abarcar a Linterna Verde, X-O Manowar, Batman, Superman, Aquaman, Flash... eso sin contar su faceta como entintador, lo cual implicaría un listado igual de largo.

Cifuentes es moderno en su estilo, a la sazón con una línea veloz, concienzuda pero siempre ágil, y capaz de satisfacer tanto a quien devora comic-book americano como bande dessinée. Incluso podría adaptarse sin problemas a determinadas propuestas manga. En definitiva: es bueno. Con esa exageración en los gestos y en las cosas que lleva a una deformación controlada tan del gusto del cómic actual, cuenta y lo hace bien. De hecho, las comparaciones, habitualmente peligrosas, sitúan a 'La guerra de los mundos' en un plano muy superior a 'La máquina del tiempo', ambas ya mencionadas, pertenecientes a la misma colección y escritas por el mismo hombre. Las cosas fluyen a un ritmo adecuado, y la lectura, por supuesto inseparable del guión, se hace fácil, más para quien tenga en mente las palabras del Wells.

En cuanto al color, tantas veces considerado arte menor desde la perspectiva de los propios editores, que lo remuneran de forma insuficiente respecto al texto y dibujo, recae en el italiano Matteo Vattani, cuya paleta volverá a estar disponible en 'La isla del Dr, Moreau'. Correcto, demasiado, probablemente. Y es que lo digital cada vez se está alineando más peligrosamente con lo previsible, con lo seguro, con lo que funciona sin problemas. Un degradado, una fusión... No, que los grandes maestros vuelvan a ser estudiados. El ordenador no es el problema, pero tampoco la solución. Es solo otra herramienta. 'La guerra de los mundos' siempre es bienvenida. Y esta propuesta de Norma, perfecta para disfrutar con una magnífica revisión, fiel y plena de sabor. Llegarán otras, pero la presente no perderá su lugar en la biblioteca.

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