«La gente enamorada deja de pensar»

La escritora Donna Leon./
La escritora Donna Leon.

«Brunetti es inagotable», dice Donna Leon, que publica el libro 28 de la saga

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Dice Donna Leon (Nueva Jersey, 1942) que su gran personaje, el comisario Brunetti, es «inagotable». Quizá porque al final, Brunetti es la excusa de la autora para hablar de las grandes cuestiones del mundo: las relaciones humanas, el dinero («se hacen cosas terribles por dinero»), la política, el medio ambiente y el amor. «La gente que está enamorada deja de pensar, y eso ocurre igual en Noruega que en Namibia. Todo el mundo quiere amar y ser amado, o simplemente, quiere encontrar a alguien que le trate con amor», ironiza Leon, que presenta su nueva novela, 'En el nombre del hijo' (Seix Barral), la número 28 de una de las sagas más exitosas de la literatura mundial.

El comisario Brunetti protagoniza una trama en la que, esta vez, aparece un personaje español. «Sé que es un cliché, pero necesitaba un latino no italiano para encarnar un personaje impulsivo. Si hubiera elegido un nórdico, habría resultado menos creíble», explica Leon, que considera la literatura como una puerta para «reconocer a los otros». «Los libros sirven para que conozcamos a la gente. En una reunión de varias personas, nunca sabemos si nos están diciendo la verdad o si nos mienten. En la literatura, gracias a la figura del narrador omnisciente, no tenemos este problema», apunta Leon, que cree que la clave de la novela negra está en que el lector «no se sienta manipulado». «Ni con ideas políticas ni con el ecologismo ni con nada. Cuando el lector nota que le manipulas, te abandona».

La autora se confiesa de izquierdas y dice que la política «es un péndulo» al que ahora le toca el lado del populismo. «Pero es cierto que parece que los han soltado a todos: Trump, Bolsonaro, el presidente de Filipinas, Duterte, que está loco», asevera.

Norteamericana de nacimiento y veneciana de adopción, Leon abomina del turismo y sufre por la situación de la ciudad italiana, en la que reside desde los años 60, aunque cada vez pasa temporadas más largas en un pequeño pueblo suizo de 300 habitantes. «No hay solución para Venecia», lamenta. «Cada seis meses los políticos anuncian planes para frenar el turismo, para que no haya cruceros, para limitar el número de hoteles... Pero no sirven para nada, ellos quieren que haya turismo, les interesa», concluye Leon, que le debe su apellido a su abuelo español, «que era de León».

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