Gabriela Ybarra, finalista del Man Booker Internacional con su primera novela

Gabriela Ybarra, de 34 años, ganó el premio Euskadi de Literatura en 2016 con su primera y hasta la fecha única novela. / DV
Gabriela Ybarra, de 34 años, ganó el premio Euskadi de Literatura en 2016 con su primera y hasta la fecha única novela. / DV

'El comensal' opta a uno de los premios literarios más importantes del mundo

CÉSAR COCA BILBAO.

Tiene solo 34 años y hace tres llamó la atención de críticos y lectores con su primera novela. En 'El comensal', Gabriela Ybarra (Bilbao, 1983) narra moviéndose por la delicada frontera entre realidad y ficción el asesinato de su abuelo Javier de Ybarra, al que no llegó a conocer, y la muerte de su madre, a quien acompañó durante un agresivo tratamiento contra el cáncer que finalmente pudo con ella. 'El comensal' ya consiguió el Euskadi de Literatura en 2016 y ahora ha entrado en la 'longlist', una relación de trece títulos de entre los que saldrá el ganador del Man Booker International, uno de los galardones más importantes del mundo, que premia a la mejor obra traducida al inglés y publicada en el Reino Unido durante el ejercicio anterior.

Este premio es una derivación del Man Booker, reservado a textos originales en inglés y que han ganado títulos ya clásicos como 'Hijos de la medianoche', 'Lo que queda del día', 'El dios de las pequeñas cosas' y 'Desgracia'. Hace dos años, la organización decidió conceder un premio equivalente para la mejor obra traducida. De la importancia que tiene el galardón da una idea la compañía en la que se encuentra Ybarra. Junto a su novela, forman parte de la lista larga, entre otras, 'El impostor' de Javier Cercas, 'Como la sombra que se va' de Antonio Muñoz Molina, 'Vernon Subutex 1' de Virginie Despentes, 'The white book' de Han Kang (ganadora en 2016 de la primera edición) y 'Frankenstein en Bagdad' de Ahmed Saadawi, que se alzó con el premio Internacional de Narrativa árabe en 2014. La lista corta, con media docena de títulos, se hará pública el 12 de abril y la obra ganadora se anunciará el 22 de mayo.

«Terapia reparadora»

Para la autora bilbaína, escribir este libro fue «una terapia reparadora pero poco placentera». Por las páginas de 'El comensal' pasan dos muertes: una de la que había oído hablar en su casa pero que de alguna forma para ella se movía casi en un terreno de ficción. Es la de su abuelo, secuestrado y asesinado por ETA seis años antes de que ella naciera. La joven Gabriela creció así en el seno de una familia golpeada por la violencia terrorista y eso condicionó su vida en todos los aspectos: desde el obligado traslado a Madrid que la sacó de su ambiente hasta la discreción necesaria sobre ciertos temas cuando estaba rodeada de amigos y compañeros. Al morir su madre, decidió empezar a escribir y de forma paralela a documentarse sobre el asesinato de su abuelo repasando periódicos, notas de las autoridades y fotografías de la época. Hasta fue en una ocasión al alto de Barázar, donde apareció el cadáver, para comprender mejor lo sucedido.

Otros aspirantes son Cercas, Muñoz Molina, Saadawi, Kang y Despentes

La segunda muerte fue la de su madre, y esa la vivió muy de cerca, porque estuvo con ella durante casi todo el tiempo que duró el tratamiento y fue testigo de su acelerado deterioro físico. Con todo ello construyó 'El comensal', cuyo título alude a una simbólica silla vacía que completa la mesa en un almuerzo familiar. El resultado es un texto sobrio, un 'duelo literario' por dos personas tan importantes en su vida, hecho con contención y sin concesión alguna al sentimentalismo.

La muerte aparece en las páginas de este libro como algo sobre lo que no conviene dramatizar demasiado, dado que resulta inevitable. Por eso, alude a su propia experiencia cuando asegura que no debería ocultarse la gravedad de su estado a quien tiene ya el pie en el estribo. Ella tuvo la oportunidad de hablar mucho de la muerte con su madre, en la soledad fría de una habitación de hospital, y cree que fue muy beneficioso para ambas.

Al abordar ese tema, tantas veces tabú, las dos mujeres alcanzaron una intimidad que, aunque filtrada por los elementos de ficción que el libro contiene, aparece en el texto. Con el volumen ya en la calle y bendecido por unas excelentes críticas, Ybarra reconocía que en su entorno más próximo hubo quien no entendió la publicación de algunos asuntos que hasta entonces habían permanecido en el ámbito estricto de la familia. Eso le generó, reconocía, algo así como una sombra de dolor. En cambio, por más que investigó sobre los asesinos de su abuelo, nunca llegó a sentir odio hacia ellos: «Ni soy rencorosa ni necesito que nadie me pida perdón».

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