Élmer Mendoza recupera al detective 'Zurdo' Mendieta en su nueva novela

Élmer Mendoza./
Élmer Mendoza.

«México tiene solución», asegura el escritor, que publica 'Asesinato en el Parque Sinaloa'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

 El detective Edgar 'El Zurdo' Mendieta, 'alter ego' del escritor Élmer Mendoza, se ha convertido en un mito para muchos policías reales de México, que aprecian su valentía y comparten su visión laxa sobre la corrupción: se puede recibir un sobre, pero este hecho en sí no condiciona las investigaciones. Y eso que en 'Asesinato en el Parque Sinaloa' (Literatura Random House), su nueva novela, 'El Zurdo' «está afectado por el alcohol, triste, desconcertado y débil», cuenta Mendoza (Culiacán, 1949), uno de los grandes escritores mexicanos, discípulo fiel de Juan Rulfo, aunque sólo lo vio una vez, y creador de un subgénero literario, la 'narconovela'.

«Inventar un género es un accidente, como el que descubrió el vidrio irrompible», explica con una sonrisa este autor, que cree que la base del éxito literario es «no escribir nunca una obra maestra». «Eso nos lleva a seguir escribiendo. Fijémonos en lo que le ocurrió a Rulfo. Escribió una obra maestra y después ya no tenía más que contar», asegura.

Dice Mendoza que él no conoce personalmente a los narcos, ni investiga demasiado, ni ve programas o series sobre ellos. «Lo que más leo son revistas del corazón, que me aportan mucha información sobre nombres, vestidos y peinados», afirma. Un hábito, el de las revistas del corazón, del que también presume su «hermano» Arturo Pérez-Reverte, con el que comparte largas charlas e inquietudes y hacia el que se deshace en elogios.

La huida y posterior detención del 'Chapo' Guzmán le pilló a Mendoza escribiendo 'Asesinato en el Parque Sinaloa'. «Es realismo mágico. ¡Gracias, Gabriel García Márquez! ¡Yo creo que puedo escribir esa novela!», proclama un autor que, a pesar de haber enterrado a amigos íntimos, como el periodista Javier Váldez, por culpa de la violencia, no se deja vencer por el miedo ni por el pesimismo. «En México, la frontera entre el bien y el mal es muy difusa, pero claro que mi país tiene solución, aunque todos los mexicanos tenemos que buscarla a través de unas cuantas ideas. Debemos instalarnos en una nueva idea de nosotros mismos, educar a los niños frente a la corrupción, compartir la importancia de ser sociable, estudiar ciencia y estar abiertos al mundo», certifica.

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