Condenado a 15 meses de prisión por plagiar poesía y lucrarse con ello

Portada de 'Volverse sombra'. /
Portada de 'Volverse sombra'.

Por primera vez se dirime la intertextualidad en un juicio penal que sentencia a un ganador del Alfons el Magnànim

DOMÉNICO CHIAPPE

El poeta Jorge de Arco, autor del libro 'Las horas sumergidas', entró a la librería Hiperión de Madrid y compró el poemario 'Volverse sombra', ganador del premio Alfons el Magnànim, convocado por la Diputación de Valencia en 2015. Ese día de febrero de 2016 comenzó a leerlo y detectó que su autor, Darío Frías, había copiado nueve de sus poemas, publicados tres años antes. También le pareció reconocer versos de otro poeta y periodista, Carlos Aganzo. Ambos compararon sus obras y, en este proceso, encontraron otra publicación de Frías, 'En la región de Escitia', ganadora del premio Nicolás de Hierro, también en 2015, patrocinada por el Ayuntamiento de Piedrabuena (Ciudad Real).

El título ya era sospechoso. Aganzo había publicado un año antes 'En la región de Nod'. Bolígrafo en mano, encontraron doce poesías en el primer libro y 21 en el segundo, tan parecidas, que decidieron iniciar una querella juntos. «Escandalosa y flagrante copia», acusaron.

En la querella por un delito continuado contra la propiedad intelectual por plagio, presentada en julio de 2016, se compara el material literario y se aprecia que donde decía «encontréis», el acusado escribía «buscáis»; donde «diciembre», «noviembre», y así cientos de veces con sustitución de vocablos, como «llenaron» por «sembraron», «lunas» por «soles», «sufrirá» por «vivirá», «susurro» por «murmullo». Todas las demás palabras permanecían idénticas, así como el orden de los versos, con lo que se reproducía la métrica (gran parte son endecasílabos), la musicalidad de la lectura e incluso la idea y el sentido. Hasta una dedicatoria. Si Aganzo le dedicaba un verso a su hija, Frías le dedicaba ese mismo a la suya. «Mi poesía es muy personal, parte de mi experiencia», afirma Aganzo, después de la sentencia. «Que otro se apropie de tu vida, te hace sentir vulnerado».

En los hechos probados de la ponencia de la jueza María del Pilar Casado Rubio, del juzgado de lo penal 8 de Madrid, se establece que «de los 15 versos (de 'Las horas sumergidas'), nueve son idénticos a los de 'Caídos ángeles' de Aganzo y 'Horas sumergidas' de De Arco», y del poemario 'En la región de Nod' de Aganzo se habían utilizado aún más estrofas y de algunas «se ha copiado todo». Vecino de Tudela y de profesión profesor, Frías se defendió de la acusación: lo suyo era intertextualidad creativa. «Reelaborarlas de forma crítica y original», aseguró en el juicio. No copió los textos, tomó el legado de la obra de Aganzo, desplazó el significado. Sacó cuentas: en uno de sus libros hay 181 versos, de los que transcribió 90 «poemas enteros» de los que no reconoce copia. Para cimentar su argumento, llamó a un perito, José Zacarías La Linde, «mucho más vehemente pero no más convincente» que el de la acusación, Rafael Morales Barba.

Mientras uno sostuvo que se trataba del «diálogo de un poeta con otro poeta», el otro dijo que «el que plagia no hace esfuerzo de imaginario propio»; cuando el primero mantuvo que no hacía falta reseñar cuándo se utilizaban versos de otros, el segundo contradijo: «Se ponen en cursivas o hay que indicarlo».

Aunque en España se han realizado otros juicios por plagio literario, éste es el primero que tiene una resolución por la vía penal, debido al «ánimo de obtener un beneficio económico ilícito», como dicta la sentencia. Con sus dos poemarios Frías había ganado 11.500 euros en unos meses.

Si Roberto Bolaño -un escritor que en sus comienzos cazaba premios como un indio búfalos, según sus propias palabras- escribió en el cuento 'Sensini' unas lecciones sobre cómo participar en varios certámenes con el mismo relato, cambiando título y nombres de los personajes, el poeta Frías parece haber dado un paso más allá. En los concursos participó con la técnica del corta y pega, según consta en la sentencia: «Lo que se ha hecho es copiar la de otra persona sin indicar nada». El castigo, ejemplar: 15 meses de prisión, indemnización y decomiso de la obra y del dinero de los premios.

 

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