Las mujeres que se quedaron sin la facultad de hablar

Christina Dalcher./
Christina Dalcher.

La escritora Christina Dalcher publica 'Voz', una distopía sobre la prohibición de comunicar como arma para el dominio social

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Cien palabras al día es el límite para las mujeres. Cuando llegan a pronunciar esa cantidad, un brazalete les sacude una descarga de voltios que les recuerda que han sobrepasado los límites. Un nuevo gobierno extremista ha establecido esta regla que convierte a las mujeres en ciudadanas de segunda frente a los hombres, y sólo cuando el hermano del presidente sufre un extraño accidente que le deja sin habla, la neurolingüista Jean McClellan puede retomar sus investigaciones. Esta es la historia que cuenta 'Voz' (Roca Editorial), la primera novela de Christina Dalcher, doctora en Lingüista por la Universidad de Georgetown, que se publica este jueves.

Como todos los relatos distópicos, 'Voz' asusta por la posibilidad que detecta el lector de que las situaciones que se narran en ella puedan convertirse en realidad. «De hecho, algo parecido a lo que cuenta el libro ya está ocurriendo en algunos países, no en Estados Unidos, aunque aquí ya pasó antes. Yo me inspiré en el libro del siglo XIX 'Cultura de la vida del hogar', en el que se defendía una separación de los roles según el género (los hombres debían estar en la esfera pública; las mujeres, en la privada), y ese libro tuvo una versión en 1950. ¿Quién nos dice que no se puede repetir otra vez?», se pregunta Dalcher.

En inglés, la novela se titula 'Vox', una casualidad que invita a pensar en el auge del radicalismo político y religioso en todo el mundo. «El extremismo religioso es sólo uno de los movimientos que intentan imponer sus creencias a la gente. Pero tenemos otros radicalismos no basados en la religión y que pueden venir desde cualquier lado: el marxismo, el fascismo, el nazismo, la eugenesia... Deberíamos recordar que la religión no es un problema 'per se'; el problema es la gente que usa la religión como herramienta para oprimir a otros», asegura.

Los paralelismos entre la trama de la novela y los Estados Unidos de Trump parecen evidentes. «Es un error dar por garantizado que todo lo que ahora tenemos se mantendrá en el tiempo. Ante este riesgo, tenemos que estar alertas frente a cualquier señal, por muy insignificante que nos parezca», apunta la autora de un libro que ha sido comparado con 'El cuento de la criada'.

En la obra, el joven hijo de la protagonista se ve pronto atraído por las creencias machistas que se le inculcan en el colegio. Dalcher cree que hay una facción de votantes dispuesta a imponer «sus fines y sus ideales y son distintos a los de personajes como Jean», de opiniones más liberales.

«No conozco a nadie que quiera vivir en una sociedad autoritaria y totalitaria y por eso tengo la esperanza de que mi libro pueda ayudar a algunas personas a despertar. En alguna ocasión he pensado que me sentiría feliz por haber escrito esta novela si sólo consiguiera que alguien hiciera una de estas dos cosas: salir y votar en las próximas elecciones o pensar en la sorprendente facultad para el lenguaje de la que disfrutamos los humanos».

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