«La cultura católica tiene una relación difícil con el dinero»

Carlos Peña, en una imagen de archivo./
Carlos Peña, en una imagen de archivo.

El ensayista chileno reflexiona sobre el capitalismo y la democracia en 'Lo que el dinero sí puede comprar'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

No tiene buena fama el dinero: se le acusa de todos los males del mundo y por él la gente mata y muere. Sin embargo, el abogado y ensayista chileno Carlos Peña (Santiago de Chile, 1959) considera que es uno de los pilares de la sociedad moderna, junto con la democracia. Esta es la tesis principal de su nuevo libro, 'Lo que el dinero sí puede comprar', publicado en España por Taurus.

«El dinero es el paradigma de la ambigüedad: sirve para que persigamos nuestros sueños, pero también nos aísla», considera Peña, que analiza en su obra el éxito del sistema capitalista. «Marx decía que al capitalismo siempre lo acompañaba una sombra, las crisis recurrentes. Pero ahora sabemos que a diferencia de lo que Marx predijo, el capitalismo ha demostrado que tiene la capacidad de salir vigorizado de las crisis. Parece imposible imaginar el mundo sin capitalismo», apunta Peña, que pone el ejemplo de Mayo del 68. «El capitalismo fue capaz de hacer suyos los ideales de aquella revolución y los domesticó», añade.

La visión del dinero entre los protestantes y los católicos siempre ha sido diferente. «La cultura católica tiene una relación difícil con el dinero. Todos somos salvados, nadie se salva por sus obras, al contrario de lo que ocurre en el protestantismo, donde lo que uno hace en la tierra le señala el lugar que tendrá tras la muerte. Pero en el catolicismo hay una excepción, el Opus Dei, que se parece mucho al protestantismo. Para ellos, el trabajo santifica», destaca Peña, autor de varios libros sobre economía y sociología y columnista del periódico chileno 'El Comercio'.

«A lo largo de la historia, la expansión del dinero es indisoluble a la libertad individual», cree el escritor. Pero en el siglo XXI, ¿existe algo que el dinero no pueda comprar? «Nuestra condición de ciudadanos y la libertad humana», responde Peña, antes de asumir que la corrupción «es repugnante, pero inherente al ser humano». «El hombre siempre quiere más de lo que tiene», destaca, así que «aspirar a cambiar la condición humana no tiene sentido». «La clave es que los Estados diseñen instituciones que hagan imposible que esa condición humana se desborde. Hay corrupción porque hay instituciones mal diseñadas», subraya.

Carlos Peña se muestra partidario sin matices de que a los jóvenes se les ofrezcan conocimientos de educación financiera. «Es necesaria una cierta alfabetización en dos ámbitos, en la democracia y en la economía. Nadie diría que no es necesario en la primera. Pues lo mismo ocurre con la segunda. Debemos ilustrar a los ciudadanos sobre las reglas que imperan en la sociedad y formar a los niños, con conciencia crítica, para que sean dueños de su destino», asevera.

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