Dan Brown: «Si alguien te dice que tiene todas las respuestas, sal corriendo»

Dan Brown, el autor de mayor éxito de público de los últimos años, en el Guggenheim./FERNANDO GÓMEZ
Dan Brown, el autor de mayor éxito de público de los últimos años, en el Guggenheim. / FERNANDO GÓMEZ

El autor de 'El código da Vinci' visitó con su padre el Guggenheim, escenario de su última novela, 'Origen'

IÑAKI ESTEBANBILBAO.

Dan Brown (Exeter, EE UU, 1964) volvió al lugar en el que se desarrollan buena parte de los hechos de su última novela, 'Origen', es decir, al Guggenheim Bilbao. El célebre autor de 'El código da Vinci', que ha vendido más de 200 millones de copias de sus obras en 56 idiomas, vino con su padre, un matemático que, según explicó Brown, ha escrito más libros que él. El museo es el escenario en el que el inventor y visionario Edmond Kirsch, protagonista de 'Origen', ha convocado a unos centenares de personas para anunciar al mundo un descubrimiento que desarmará para siempre las explicaciones religiosas sobre la procedencia y el destino del ser humano.

- Como en sus anteriores novelas, de nuevo la ciencia y la religión aparecen en conflicto en 'Origen'.

- Es que es el gran conflicto de mi vida. He crecido con un padre matemático y racionalista, y con una madre historiadora de arte y muy religiosa. Me he preguntado desde que tengo uso de razón cuál de los dos mundos era el verdadero. O si existía una única verdad y una única religión. He viajado mucho desde muy pequeño. Vas a Japón y te encuentras en medio de un grupo de niños budistas. Piensas que quizá nunca hayan oído hablar de Jesucristo. ¿Van a ir al infierno por eso?

- No tiene mucho sentido.

- No lo tiene. Por eso me interesó la ciencia, que tampoco me solucionó gran cosa. Empiezas a estudiar Física y te encuentras con la antimateria. ¿La antimateria? ¿Qué es eso? Empiezas a estudiar Matemáticas y te encuentras con los números imaginarios...Entonces te das cuenta de que las preguntas de la religión y de la ciencia son las mismas, cuál es el origen de todo y hacia dónde vamos, y que las respuestas no son iguales pero a veces se parecen.

- Ya, pero en sus novelas las religiones no salen bien paradas.

- La religión ha hecho mucho bien al mundo. Ayuda a la gente a superar situaciones muy difíciles. Aporta un marco para la moral y proporciona orden, algo muy importante porque la mente humana huye del caos. Mi madre ha muerto hace poco y su desaparición me sigue doliendo. Si pienso que ya no está porque Dios lo ha querido, acepto su fallecimiento y curo mi dolor. Claro que a mí esto me suena a truco que te haces a ti mismo para estar más tranquilo. Eso es lo que yo creo, aunque lo cierto es que todos tenemos nuestros trucos para sobrevivir y para vivir. Por eso la vida es un arte.

- ¿No está el protagonista de su novela demasiado seguro de que tiene todas las respuestas?

- Los científicos suelen caer con frecuencia en esa tentación. Hirsch es ateo y pronto se descubre en el libro que está muy enfermo. Es la última oportunidad que tiene de demostrar su poder y sus conocimientos. Está convencido de que lo único que hace la religión es divulgar información falsa que conduce a que tomemos malas decisiones.

- ¿No le parece cuestionable reducir la religión a un problema de 'fake news'?

- Bueno, sí y no. ¿Cómo les explicas a tus hijos que existieron Adán y Eva y que les echaron del Paraíso? ¿O cómo les convences de que Jesús resucitó? Irán a internet para saber qué pasó y se enterarán de todo al instante. Es normal que el poder de la seducción de la religión pierda fuerza para ellos.

- Por eso los líderes de las grandes religiones se muestran tan nerviosos en 'Origen'.

- Tienen razones para estar así. Las religiones sobreviven adoctrinando las mentes de los niños y de los jóvenes. Sus representantes les insisten para que confíen en ellos. Si confías en mí irás al cielo, y si no al infierno. A nuestros hijos plantearles un lo tomas o lo dejas se les hace muy difícil.

«Nuestra espiritualidad se fortalecerá. La alegría y la tristeza serán más intensas» FUTURO

«Es un país contradictorio. Está a la cabeza en los derechos homosexuales y hay nostálgicos de Franco» ESPAÑA

-¿Prevé un mundo sin creencias?

- Preveo un mundo con una espiritualidad muy fuerte. La tecnología nos está conectando a todos y estamos profundizando en el sentimiento de humanidad. Encontraremos a Dios en nosotros mismos, en los amigos, en las familias. En unas décadas esto será más evidente. Todo se volverá más intenso, las alegrías y las tristezas, los entusiasmos y las decepciones.

- Usted plantea la posibilidad de que haya «seres sintéticos» con los mismos atributos que los hombres. ¿Le parece esto una amenaza?

- Por supuesto. La ciencia ha hecho el bien y el mal. Cura las enfermedades y ha contaminado el mundo. El progreso tecnológico nos permite producir más y ser más ricos, y también crear armas letales.

- Kirsch es una especie de profeta que reúne a centenares de personas en el Guggenheim, más los millones que están conectados al acontecimiento.

- Sí, es paradójico, porque critica a la Iglesia y hace justo lo mismo que sus representantes. Está diciendo lo mismo que el cura desde el púlpito: yo tengo la solución, seguidme. Si alguien te dice que tiene todas las respuestas, sal corriendo.

Control y emoción

- ¿Eligió el Guggenheim para el desarrollo de su novela por su aspecto futurista?

- ¿Qué mejor escenario si quieres anunciar algo que va a cambiar el mundo? Mira este edificio. Es como el personaje: brillante, valiente, rupturista. Se presta a ser a un símbolo de lo que va a venir.

- ¿No le parece una catedral, como dicen muchos?

- Totalmente. El arte va a ser un elemento fundamental de la nueva espiritualidad de la que hablábamos. Por eso necesitamos espacios como el Guggenheim.

- Su personaje de Robert Langdon se muestra escéptico y a veces crítico respecto a algunas obras de arte contemporáneo que ve en el museo.

- Quería que Landgon fuese como un pez fuera del agua para marcar un contraste. Es un profesor de universidad que pertenece al mundo de la cultura clásica. Intuye que el arte que se expone aquí es relevante por el espacio y porque lo piensa mucha gente preparada. Pero busca un criterio que le diga por qué tiene calidad o por qué merece la pena. Es una búsqueda interesante para mí.

- Usted vino a España por primera vez en 1980 para aprender el idioma y luego volvió en 1985. ¿Cómo ha visto la evolución del país?

- España me produjo una fascinación instantánea. Me sorprendió la integración o la infiltración de la religión en la sociedad. Tenía siete hermanos en mi familia española. No tenían mucho dinero, íbamos a la iglesia y echaban monedas al canastillo, mientras veíamos en el altar todas esas hermosas figuras doradas y esos cuadros espectaculares, símbolos de religiosidad pero también de riqueza. Los curas les decían que no podían tener sexo antes del matrimonio y que cuando se casaran no podrían utilizar métodos anticonceptivos, así que se veían abocados a tener hijo tras hijo. Y cuando los tenían lo primero que hacían era bautizarlos.

- ¿Qué le sorprendía?

- Me parecía un mecanismo prodigioso para hacer más y más católicos, a lo que se añadía el método de control directo a través de la confesión. Se lo decían todo a los curas. Y encima les pagaban. Pero al mismo tiempo estabas en la Semana Santa y era una experiencia maravillosa, profunda, emotiva. Sentías de cerca el amor de los niños por su fe y la confianza que les daba. Nunca me he preguntado con tanta intensidad si la religión era buena o mala, y sin aquellas preguntas nunca habría escrito estas novelas. Tengo mucho que agradecerle a España.

- ¿No siente que ha cambiado mucho desde entonces?

- Claro. Hay una ruptura evidente que protagonizaron las generaciones jóvenes con unas ideas y una moralidad mucho más liberales. Sin esa ruptura no se entiende el Guggenheim ni la literatura que se escribe en España ni en general su cultura y su ciencia. Es un país que está a la cabeza de los países que han reconocido los derechos de los homosexuales y de las personas trasngénero. Pero al mismo tiempo te encuentras con nostálgicos de Franco.

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