Ibon Martín: «Intento escribir lo que a mí me gustaría leer»

Ibón Martín en la vieja fábrica de Orbaizeta, en Navarra, donde transcurre parte del libro./
Ibón Martín en la vieja fábrica de Orbaizeta, en Navarra, donde transcurre parte del libro.

'La fábrica de las sombras' es la tercera novela del escritor donostiarra tras el éxito de su anterior libro, 'El faro del silencio'

MARIO GARCÍASAN SEBASTIÁN.

Se lanzó al mundo de la literatura con una narración histórica, 'El valle sin nombre', pero conquistó al público con una novela negra, 'El faro del silencio, que ya va por su cuarta edición'. Ibon Martín (San Sebastián, 1974) presenta ahora 'La fábrica de las sombras' una obra de suspense al límite con la misma protagonista de la anterior novela, la escritora Leire Altuna, y ubicada en espesura de la selva de Irati. La agobiante trama se desarrolla en el barrio de Orbaizeta (Navarra) donde duermen en el olvido las impresionantes ruinas de una fábrica de armas.

- ¿Qué le llevó a situar la trama en ese paraje?

- Por mis libros de excursiones, algunos de ellos publicados con EL DIARIO VASCO, conozco muy bien la geografía del País Vasco y Navarra. Quizá cuando alguien piensa en la selva de Irati le viene a la mente los colores otoñales y la belleza de un lugar encantador. Pero, claro, yo he visitado ese paraje en invierno, con niebla y frío, y lo que inspira es todo lo contrario. La selva es una gigantesca masa arbórea muerta a la espera de que la primavera la resucite. Es un poco tétrico. Ideal para una novela negra.

- La vida en el barrio de Orbaizeta tampoco será demasiado atractiva en los rigores del invierno...

-Claro. Apenas una docena de habitantes reside en aquel lugar, donde la vida tiene que ser especialmente dura. Eso es precisamente lo que he querido llevar al libro. Quería trasladar al lector las sensaciones de una persona, la protagonista, que se ve obligada a vivir ahí durante una temporada.

- Eso se refleja perfectamente, pero, ¿existen otras coincidencias con la realidad?

- La trama es fruto de la imaginación. Quizá la protagonista, que es escritora, en cierto modo soy yo.

- ¿Las referencias al contrabando también son imaginarias?

- Bueno, ahí ciertas descripciones han podido tener correspondencia con la realidad. Por ejemplo cómo uno de los contrabandistas juega al mus con los guardias civiles para enterarse por dónde van a andar esa noche. Eso ocurría realmente y lo sé por boca de gente que ha andado en el contrabando.

- ¡Cuántas historias se podrían escribir sobre esa actividad!

- Quizá incluso en algún momento de la novela lo pinto más crudo de lo que era, porque hablo de muertes, y en realidad hubo muchas menos de lo que todo ese volumen de gente en la frontera podría haber supuesto. Pero en realidad los guardias civiles residían en los pueblos y convivían con aquella gente y de una u otra forma existía cierto conchabeo. Y es que, como intento plasmar en el libro, en aquel momento los guardias pasaban hambre y tenían miedo. Llegaban de otros lugares y aparecían aquí, en mitad de unos bosques tremendos, y les amedrentaba lo bien que se desenvolvían los lugareños por esos parajes.

- ¿Quizá el contrabando de la muga merecería todo un libro?

- Es posible, pero estaríamos ante un narración histórica, que ahora no tiene mucha demanda. Por eso lo he ubicado en una novela negra actual pero con 'flashback' al pasado.

- En efecto, la novela discurre en dos tiempos que confluyen al final, aunque ¿quizá el relato más actual alberga otro en torno a la vida personal de la protagonista?

- Sí, es cierto. Por una lado, su lucha profesional como escritora y por otro, su aspecto personal. No solo por la relación con su familia, sino también por sus relaciones afectivas. Leire Altuna ha salido de una separación, que ya aparecía en 'El faro del silencio', y ahora le cuesta apostar por una relación estable. El personaje saldrá en más libros.

- A lo largo de la novela menudean referencias a la anterior.

- Sí, pero es importante señalar que no es necesario haber leído la primera para entrar en la segunda. Hay ciertas pinceladas para presentar el personaje que pueden despertar la curiosidad del lector. Aunque esta no es la intención.

- A lo largo de las 442 páginas hay una historia de intriga que no da tregua al lector.

- Intento escribir lo que a mí me gustaría leer. Es decir, que al acabar un capítulo me esté llamando a empezar el siguiente, que me incite a seguir leyendo. Por eso hay una serie de tramas que se van enlazando continuamente. Intento que la narración esté siempre en un punto álgido. El paisaje de la zona juega bastante a mi favor, junto al torreón romano sobre el que se debate si era un punto en el que se prendía una gigantesca hoguera que iluminaba el valle y amedrentaba a los pueblos de alrededor.

- La fábrica es bien siniestra.

- Da mucho juego, con esa arcada en la que solo rompe el silencio el ruido de río en un ambiente invernal. Todo ello contribuye a crear una atmósfera bastante opresiva.

- Y no digamos los peculiares habitantes...

- Sí, además todos empeñados en que no se hagan las obras, que al fin y al cabo son el hilo conductor de la trama.

- También se apoya en la mitología vasca para conseguir ese efecto.

- Sí. En su día ya escribí una guía de rutas relacionadas con la mitología vasca. Eran cuarenta recorridos relacionados por rincones del País Vasco y en cada uno de ellos se explica una figura mitológica. En una zona como la selva de Irati se prestaba mucho a ese juego. La cueva de Artea es la morada de las lamias y los bosques del lado norte se conocen como los de Basajaun.

- La novela recuerda mucho las tramas de Agatha Christie.

- Me gusta mucho, lo mismo que la novela de corte escandinavo. De Agatha Christie lo enrevesado de una trama, y de la novela escandinava, las ubicaciones tan opresivas.

- El itinerario lleva al lector a pistas falsas que van tejiendo un final tan inesperado como humano.

- Sí, la causa es absolutamente humana y terriblemente desgarradora. Pero la realidad es así. A veces la causa de hechos tremendos resulta ser más terrenal y más a ras de suelo de lo que cabría esperar.

- ¿No cree que para un lugar tan pequeño hay demasiadas muerte?

- Para mantener la tensión narrativa alta hay que intuir el momento de poner alguna muerte con el fin de que el lector siga en vilo y con ganas de leer más.

- ¿La novela supone también una denuncia por la situación de abandono de la fábrica de armas?

- Se está cayendo a trozos. Es una pena la situación en que se encuentra una obra de semejante envergadura, tan importante en su día. Aun en estado de total abandono sigue siendo espectacular en medio de la selva de Irati. Desde hace veinte años se viene anunciando una acometida para que al menos no se caiga más, pero nunca llega el presupuesto. El dinero se ha invertido en la rehabilitación de una de las casas de la zona para convertirla en un centro de interpretación..

- ¿En la realidad los vecinos sí están por la labor de la recuperación?

- Sí, claro, la gente quiere que se lleve a cabo la restauración. Es una zona bastante deprimida, a pesar de su belleza natural, y del atractivo de la selva. Pero por lo visto la fábrica es la puerta trasera de Irati. Está dejada y si se pudiera contar con un imán turístico sería importante.

- ¿Los vecinos no se sentirán aludidos por la descripción literaria?

- Espero que no. Con 'El faro del silencio' ha pasado algo muy curioso. La gente se ponía en contacto conmigo porque quería saber cómo llegar al escenario de la novela. En verano organicé una serie de visitas guiadas gratuitas que iban a ser solo en agosto. Pero se ha apuntado tanta gente que he tenido que prolongarlas hasta el pasado domingo. Han venido hasta en autobuses organizados desde varias localidades de Navarra. Así que si esta última novela consigue que la gente acuda a Orbaizeta, por mucho que haya pintado a los habitantes huraños.